- Aficionada por la psicología y la neurociencia.
- Actual estudiante de locución
- Mis hobbies incluyen leer, hacer ropa, escribir poemas y ver películas.
2025
¿Alguna vez dijiste la frase “yo moriría por esta persona”? Pensá en esa persona por la cual morirías. ¿Por quién darías tu vida? ¿Por tu mamá, tu papá, algún amigo, tus hermanos o tu pareja? Seguro ya tenés a tu persona en la mente.
Ahora: ¿vivirías por ellos? ¿Darías tu mejor esfuerzo para que ellos tengan la mejor versión de vos? ¿No solo por ellos: vivirías para vos?
“Vivimos una sola vez. Error, morimos una sola vez, vivimos todos los días.” Esta frase la dice un personaje de una sitcom estadounidense, y me dejó marcada. Tenemos la idea de que la muerte es el precio más alto; muchos le tienen miedo o no quieren que llegue nunca. Y en esta frase se centra todo mi pensamiento. Yo creo que tenemos mal la perspectiva. Corremos en contra de la muerte en vez de disfrutar la vida. Pensamos en cómo no morir, no en cómo vivir.
Pero la pregunta es difícil: ¿cómo quiero vivir? Uno diría “feliz” o “sin estrés”, pero yendo más al detalle: ¿cómo sería un día en el que te sentís vivo? Tal vez sería reírte con amigos, o podría ser ese momento en el que olés comida recién cocinada por alguien que amas, o levantarte y acariciar a tu mascota, estar unos minutos al sol, compartir un gesto en la vía pública. ¿Qué es ese momento en donde agradecés estar vivo? ¿Agradecés cada día? ¿Te sentís vivo?
A veces los días pasan con mucho trabajo o presiones del alrededor. Pero también tenemos que ser conscientes de que tenemos ese libre albedrío. Podemos cada día ver la puesta del sol o el amanecer. Podemos almorzar con la familia sin un celular de por medio. Podés quedarte cinco minutos de cara al cielo.
Retomando el inicio, creo que tenemos mal la perspectiva. La muerte es ese descanso eterno, es tranquilidad y paz para el que se va. También es ausencia y dolor para los que nos quedamos. Son experiencias no vividas, momentos arrebatados y muchas veces historias que otra persona decidió terminar. Pero ¿y la vida? No nos enfocamos en vivir; a veces simplemente existimos. Lo que me lleva a pensar: ¿eso no es suficiente? ¿No es lo mismo?
Según la RAE hay diferencias: existir se refiere a la mera presencia física en el mundo (como una piedra o una casa), mientras que vivir implica una existencia con propósito, vitalidad, conciencia y la experiencia plena de la vida a través de emociones y la búsqueda de metas y sueños.
Entonces, ¿buscarías ese propósito? ¿Buscarías experiencias que te den esa adrenalina y vitalidad? ¿Lucharías por tus sueños? ¿Te propondrías metas para sentir la satisfacción del proceso y no solo del logro o el fracaso? ¿Te animás a vivir?
¿Hay respuestas?
¿Cuál es el objetivo?
¿Cuál es el objetivo de la vida en lo cotidiano? ¿Cómo aprovechar la juventud sin perder “tiempo”? ¿Cómo se priorizan cosas que no sabes que existen? ¿Y cómo creas un futuro que es incierto?
¿Disfrutar el momento o estar un paso adelante del futuro? ¿Hacemos todo esto para estar felices o alcanzar la felicidad? Preservar y cuidar relaciones amistosas, familiares y amorosas que al final te rompen y vos solo quedaste con el dolor de un “quizá”. ¿Hacer un cambio drástico para generar hábitos que te hacen sentir igual de vacío que el abandono absoluto, o seguir con la misma rutina insulsa?
¿Tirarte a la pileta y darte un golpazo o seguir los consejos de tus papás? Qué camino recorrido tienen para guiarte mejor que los guiaron a ellos. ¿Trabajar para vivir o vivir del trabajo? ¿Elegir a una persona increíble para estar a tu lado o disfrutar de los turistas que pasean por tu vida? ¿Recordar cada momento de amor como un tesoro o dejar que se los lleve el viento porque ya no te pertenecen? Ni el momento, ni el lugar, ni la persona están para recordar en voz alta.
Pensando en todo lo que me dijeron, en lo que dije, en lo que no dije, en lo que me pertenece, quiero y deseo. En lo que es ajeno a mí y lo que me gustaría encajar, pero parece que mi forma es diferente a ese espacio. Pensando en los procesos que las personas que quiero atraviesan y cómo yo estoy en uno y no las puedo sostener, como si un ciego guiara a otro ciego. Pero, ¿se puede sostener a alguien mientras estás roto también? ¿Qué tanto ayudas en los procesos de las personas? ¿Te podés involucrar o es mejor solo escuchar y dejar resolver a tiempo? ¿El tiempo resuelve las cosas o son nuestras acciones y decisiones las que hacen que, con el tiempo, cambiemos?
Con 22 años tengo las cosas menos claras que las que tenía a los 18. Antes era luchar por un mundo mejor, hacer una diferencia, crecer y estudiar lo que querías, salir a recorrer el mundo. Pero al final el mundo sigue exactamente igual. Pasás a ser parte del sistema porque no podés luchar contra todo, todo el tiempo. Pero tenés tus momentos de rebeldía, a los cuales castigás diciendo “qué inmadura, crecé”.
Entonces pienso en crecer. Ese crecer que de infante lo resuelve todo hasta que te das cuenta que crecer es ver cómo lazos que creías eternos se rompen de un día para otro y ya no los podés reparar. Crecer es darte cuenta de lo cansador que es ser adulto y entender un poco a los adultos cansados a tu alrededor. Crecer es atesorar cada momento con la gente porque sabés que el tiempo es finito y los momentos no se repiten. Crecer es saber elegir tus batallas y darte cuenta de que muchas no tienen valor, y aun así las luchás igual. Porque sí, crecer también es cagarla una y otra vez.
Aunque yo todavía no sé bien qué es crecer. Lo que me lleva a mi gran dilema: ¿hay respuesta a todas estas preguntas?
Escuché varias veces el “No te preocupes, tus veintes son para que pruebes cosas, tenés que disfrutar tu juventud, tranquilizate”, y no puedo creer lo poco empática que es esta frase. ¿Acaso no tenemos una presión enorme? ¿Disfrutar mientras que comprarte una cartera y comer es lo mismo? Donde las ofertas laborales son escasas y la mayoría, explotadoras. Donde estudiar y trabajar es normal pero agotador. Donde está la pregunta: ¿y cuándo te recibís?, ¿cuándo conseguís trabajo de tu carrera?, ¿cuándo el novio?, ¿cuándo te mudás sola?, ¿cuándo te casás?
Es abrumador. Pero, ¿qué tal si cambiamos de perspectiva? Si yo tuviera que hablar con un adolescente, le diría que no hay tal crisis y que sus problemas son más que nada falta de comunicación o preocuparse mucho por el resto. Pero es más fácil hablar de la adolescencia porque ya pasé la adolescencia. Entonces los adultos grandes hablan conmigo porque ya pasaron lo mismo que yo, ¿no? Aunque escuchar el “no te preocupes” de personas más grandes no genera el objetivo de no preocuparme, sino que, al contrario, se me ocurren todas las razones por las cuales preocuparme.
Hay un pensamiento que siempre tengo presente: si te ocupás del problema ahora, no te vas a preocupar después. Pero en la vida adulta, parece que solucionás un problema y aparecen veinte más. Pareciera que vas desbloqueando niveles y muchas veces no sé cómo jugar. O, de la nada, estabas tranquila resolviendo algo y explota una bomba que ni te imaginabas que estaba.
Cuando era chica, mi única responsabilidad era estudiar y listo. Con ocho años tenía el tiempo para imaginar, crear y hacer lo que mi mente dictara. No había estándares, no había toma de decisiones importantes, no había agotamiento mental. Era yo y el mundo de afuera para descubrir, buscar, aprender y mirar. ¿En qué momento dejamos que ese mundo sorprendente se volviera una seguidilla de estereotipos o reglas para cumplir?
En la semana volví de trabajar solo para cenar y terminar más cosas del trabajo. Y lo único que quiero es llegar, bañarme, cenar y leer mi libro del momento. Así que volví a la frase del inicio y entendí que no es un “no te preocupes, disfrutá tu juventud”, sino que en realidad es: no realices todo como si mañana se acabara el mundo. Que ser adulto es ser responsable, no una máquina de producir. Y que hay momentos en los que no te tenés que preocupar, simplemente volver a casa, bañarte, cenar y leer o mirar esa serie que querés.
Es un día más en la oficina, pero con un pequeño detalle: mi jefe está de vacaciones. Esto significa, primero, que hay un poco menos de trabajo y, segundo, que la presencialidad en la oficina no es tan necesaria. Sin embargo, acá estoy, encerrada entre cuatro paredes.
Lo que me lleva a pensar: mi trabajo ya está hecho después de dos horas de productividad y, para avanzar, necesito la confirmación de personas que no responden. Entonces, ¿me puedo ir?
¿Por qué estamos acostumbrados a quedarnos en la oficina solo por cumplir un horario? ¿Por si sucede algo y debemos estar disponibles? ¿Por justificar nuestra presencia? ¿Por qué normalizamos permanecer en un espacio de trabajo obligatorio cuando no aporta nada? ¿Por qué siento la presión de quedarme solo porque han pasado dos horas y ya finalicé?
Entiendo el trabajo de atención al cliente, donde es necesario cumplir un horario específico para atender pedidos, consultas o reclamos. Pero en un trabajo más creativo e individual, ¿por qué seguimos atados a un horario fijo?
Y aquí viene la ironía: si hoy tengo poco trabajo, me iría antes; pero el día que haya mucho, debería quedarme hasta tarde para terminarlo. Esto nos lleva a un extremo en el que trabajamos todo el día o trabajamos poco. ¿Cómo se puede organizar el trabajo para ocupar solo las horas necesarias, sin “perder” tiempo cuando no hay mucho que hacer?
Pienso en voz alta porque, aunque he trabajado en diversos lugares, soy joven y me surgen dudas que en la escuela nunca me despejaron. Ah, pero eso sí, sé resolver una ecuación. ¿Hasta qué punto se trabaja, se descansa y dónde está el límite?
Creo que la organización depende tanto de uno mismo como del equipo de trabajo y del jefe o jefa. Esto puede coordinarse a través de la presencialidad, pero si esa coordinación falla, ¿quiénes son los que más padecen el desorden? Los empleados más jóvenes o los nuevos. ¿Por qué? Porque no tenemos experiencia en poner límites en ambientes laborales o, simplemente, porque no queremos perder el trabajo, ya que es difícil conseguir uno medianamente decente en Argentina.
Lo que me lleva al mayor problema: pasé 12 años yendo al colegio y, en la adultez, me enfrento a problemas que no sé resolver. Me siento perdida y sin herramientas para actuar. Aprendí lengua, pero no sé cómo comunicarme. Aprendí matemáticas para despejar la “x”, pero no cómo negociar un sueldo sin ser precarizada ni perder oportunidades. Necesitaba que me enseñaran a generar un hábito saludable con el deporte, no cuánto mide una cancha de fútbol. Necesitaba que me explicaran cómo pactar un trabajo freelance, no a qué velocidad cae una maceta.
No quiero inferiorizar los aprendizajes básicos de la educación, porque, por ejemplo, las parábolas sirven para diseñar antenas satelitales. Pero qué poco nos preparan para ser adultos.
Dejo mi descargo mientras cumplo un horario en la oficina.
¿Y vos, en qué pensás mientras cumplís el tuyo?
2024
Me desperté y te fuiste. La sensación de ausencia y la impotencia de no poder verte más me invadió. Aunque en tus últimos momentos estuviste acompañado, yo no te pude acompañar. La extraña sensación de llegar y que no me recibas, que ya no hay más atardeceres, ni caricias o siestas al sol. Aunque nunca hablaste, siempre comprendí todo tu amor.
Cuando alguien especial se va, lo que ocurre en tu mente es esa primera vez. La primera vez que lo viste. Nosotros nos conocimos en la esquina de mi primario, cuando te vi decidí llevarte a casa y después de 10 años te tengo que despedir.
Que injusto que no puedas acompañarme toda la vida, pero todos sabemos que las mascotas se tienen que ir antes que nosotros. ¿Por qué? Porque son seres puros, porque no importa si estas enojado, feliz o triste estan para vos. Porque aunque a veces pasemos tiempo de calidad con ellos o no, se van a seguir emocionando cuando llegamos a casa. Porque a pesar de rompernos zapatos, muebles y comerse comida que no deberían, los elegimos en todo momento. En la rutina diaria están a la espera de un mimo.
Siendo realista solo puedo hablar de perros, porque es la mascota que tuve durante mi vida. Puedo hablar por horas de la hermosa experiencia que es tener uno. Su euforia al verte, hayan pasado dos días, una semana o apenas unas horas. Su calma para disfrutar el presente y brindarte su alegría apoyando su cabeza en el regazo o sentándose al lado de uno al tomar mates a la tarde. Que saben disfrutar un buen día jugando con vos o acostándose, sea con lluvia, sol, viento o un día gris. Tal vez parezca que la descripción es simple pero es lo más hermoso. En un ambiente de rapidez y globalidad en la que vivimos, te dan un poco de calma en el caos.
Hoy comprendo que solo puedo agradecerte, Teo, por todo lo vivido. Gracias por cada fruta que compartimos en el patio, gracias por dejarme cortarte el pelo aunque no supiera bien que hacía, gracias por dejarme cepillarte todas las tardes, gracias por acostarte al lado mío cada vez que hacía un recreo de las clases virtuales, gracias por ser nuestro guardían, gracias por los días de calor que jugabamos con el agua, gracias mirar el cielo conmigo cuando tomaba té en el invierno.
Te recuerdo corriendo por el parque, ladrando en la puerta por si llegaban visitas o considerabas a alguien extraño cerca de nuestra casa o disfrutando el sol esperando la hora de comer.
Podría seguir explicando todo lo que recuerdo porque no paro de extrañarte. Podría pedirte perdón por la culpa de no haber estado en tu último momento. Pero todo lo que puedo hacer es regalarte estas palabras. Un poco para hacer el duelo y otro poco para que desde donde estés yo pueda hacerte compañía.
“Querete” “Solo te tenes a vos” “Amate” “Aceptate como sos” “La belleza es subjetiva” “Amate” “Amate” “Amate” “AMATE”
¿Cuándo te enseñan lo que es amarte? ¿Amarte es levantarte todos los días y decir que linda que soy? ¿Amarte es decirte cosas bonitas en vez de bombardearte con insultos? ¿Amarte es ponerte la ropa que tanto querías y te juzgabas por ponerte? ¿Amarte es saber que sos hermosa y llorar por ese grano en tu cara que tanto te criticaron? ¿Amarte es acompañarte en todo momento aunque no tengas nada bueno para darte a vos misma? ¿Es quedarte en el lugar que te lastimó o es arrancarte el veneno? Amarte es la parte más importante para estar bien con vos, y es la que nadie sabe cómo hacer.
Según la Enciclopedia, el amor propio es “la aceptación, el respeto, las percepciones, el valor, los pensamientos positivos y consideraciones que tenemos hacia nosotros mismos y que puede ser apreciado por quienes nos rodean”. Me resulta curioso que el amor propio deba ser apreciado por nuestro entorno. El respeto y el valor no te lo discuto pero como mujer mucho respeto no tenes en sociedad ¿Cómo internalizar un respeto que nunca tuviste? El ser humano naturaliza lo que su entorno realiza con normalidad. Si crecemos en una sociedad que normaliza estereotipos inalcanzables y dichos para que creamos que esos estereotipos son los merecedores de amor ¿cómo empezas a quererte?
Naturalizamos el dicho “amate” y cuando vas a comprar ropa vos tenes que entrar en una prenda y no que la prenda te entre a vos. Usamos el “amate” cuando escuchamos a alguien criticar su apariencia cuando uno mismo lo replica con su reflejo. Normalizamos el “amate” y te descuidas, no dormís, no comes, te torturas con lo que pasaría si hubiera sido distinto.
Sobrepensar, el estrés y el cansancio ¿es una destrucción al amor propio? Si tanto te querés, deberías descansar, corta con tantas redes y hace algo que te motive, deja de pensar en las alternativas y viví el presente. Pero si un día no te es fácil o estás perdida en cómo tolerarte, empiezan a transformarse en palabras tóxicas el “amate”. ¿Podemos normalizar el amarnos y aún así no poder convivir con una misma a veces? La única relación duradera que tenemos es con nosotros mismos, y como toda relación tiene altibajos. No siempre voy a estar bien conmigo, pero me sigo amando.
Como cualquier cosa en la vida, es un proceso amarse. ¿Por dónde empezamos? Desde que nacemos, el ser humano explora el mundo para conocerlo, entenderlo y vivir en él. A veces lo que explora le encanta tanto que decide cuidarlo, esto para mi, es la parte en la que amas algo. Cuando vamos creciendo lo continuamos haciendo, pero no es común que pensemos en conocernos a nosotros. Si nos conocemos ¿nos conocemos?
Empezar a conocerse no siempre es en soledad meditando en un parque con sol. No romanticemos todo. Empezar a conocerse es llorar hasta darse cuenta que tanto no lo querías, es encontrarte rodeado de gente haciendo algo que pensaste que nunca harías porque no sos así, es hacer cosas nuevas y darte cuenta que vos sos así. Empezar a conocerse es leer ese libro que te presto una amiga y desbloquear una nueva perspectiva del mundo. Empezar a conocerse es observar cómo somos, qué nos gusta, cómo nos proyectamos en la mente y cómo actuamos en la vida real. ¿Podemos amarnos físicamente y no gustarnos tanto en lo personal? Si. ¿Podes amarte y aun así hacer cosas que te lastiman? Si. Amarse sigue siendo un proceso que evoluciona con los años.
El mundo se divide entre los que no la toleran y escapan de ella, dependiendo consciente o inconsciente de un otro. Y otra parte de la población, la acepta y quiere tanto que a la hora de relacionarse se sienten incómodos.
Hablamos de la soledad.
Según la RAE es la carencia voluntaria o involuntaria de una compañía, es el aislamiento, retiro, abandono, incomunicación, separación, desamparo o encierro de una persona.
Condenada a permanecer como algo negativo, para generar el rechazo social y que la búsqueda de no estar en soledad sea lo aceptable. Pero… ¿por qué sucede esto? Pongámonos en contexto. En la prehistoria, aislarse de la comunidad era estar desamparado en la naturaleza, por ende, aumentaban las probabilidades de muerte. En la sociedad civilizada del siglo pasado, la soledad era sinónimo de soltería y concebir hijos era el objetivo principal. Por lo que, se despreciaban los espacios de compañía propia para poder incentivar las relaciones amorosas (tenían que tener descendencia, no tenían que ser felices ni parejas sanas pero eso es para otro escrito).
Actualmente, la vida moderna nos lleva a un estilo de vida bastante solitario. Hoy en día, nos relacionamos más a través de una pantalla que cara a cara. Y el celular o la tecnología se transformó en una compañía más confortable que nosotros mismos. Entonces ¿cómo reivindicamos la soledad?
Volvemos al punto de inicio. Las personas que no soportan su propia compañía y están en constante búsqueda de vínculos, relaciones o personas. Sin realmente estar consciente de sí es una buena conexión, estando disponible todo el tiempo para el resto para no tener que estar con uno ni dar la mínima chance de generar el espacio consigo mismo. También, en la era moderna, tapamos o callamos nuestra soledad con las redes sociales. Dependiendo constantemente de consumir contenido online para no sentir la abrumadora soledad.
Por otro lado, tenemos a las personas que están seguras, cómodas y estables con ellas mismas. Estar en su espacio de soledad, es un placer para ellas buscando y disfrutando el tiempo en soledad. Se comprenden tan bien que el estar con un otro se convierte en algo tedioso, incómodo y hasta innecesario, porque lo que ellos desean ya lo tienen, su propia compañía. Lo que les dificulta mucho relacionarse y permanecer largos periodos compartiendo con otras personas.
Como seres humanos ante dos opciones, catalogamos una como buena o otra como mala. Pero no hay que estar en los extremos, lo mejor es el equilibrio. Como seres sociables, relacionarnos es necesario pero el tiempo para construir una relación con uno mismo también debe estar. Ese tiempo o espacio nos lo da la soledad.
Si la soledad nos invita a escucharnos, conocernos y entendernos, más allá del contexto histórico, ¿por qué tenemos un concepto tan negativo de ella? Porque a veces escucharnos es prestarle atención a esa voz de autoboicot, conocernos es descubrir que nos convertimos en lo que juramos destruir y entendernos es juzgarnos nuestras acciones. Estar con uno mismo no es estar sentado viendo vídeos mientras comes solo en tu casa, no es estar trabajando con música de fondo, no es estar en un lugar sin nadie conocido disociando a través del celular.
Probemos un ejercicio. Proba estar 10 minutos reales, sin conexión con el celular, sin nadie alrededor, sin meditaciones guiadas, ni música, apaga la televisión. Solo vos y tu mente, vos y tus pensamientos, vos y tus ideas. ¿Tenés ideas? ¿Te estás aburriendo? ¿Estás ansioso o ansiosa de que el tiempo termine? ¿Te abruma tu soledad? ¿Estás disfrutando tanto que te gustaría que fuera más tiempo?
Reflexiona que estás sintiendo en tu espacio de soledad. Y resignifica la palabra ¿qué es para vos la soledad?
Antes para mí, era la notoriedad de que no encajaba. Mi soledad era la demostración al mundo de que no le gustaba al resto, no tenía simpatía y era preferible no estar conmigo. Ese es el reflejo negativo que te puede dar la soledad. En cambio, ahora necesito mi soledad, para acomodar ideas, decisiones, proyectos y demás. Me amigue tanto conmigo que me parece raro rechazar la soledad.
¿Se podría interpretar como amor propio? Van de la mano, sin amor propio la soledad se siente como un vacío o una presión inquietante. Haciéndonos jueces de nuestras acciones en solitario, validando lo ajeno o popular. Mientras que con amor propio, se vuelve nuestro lugar de calma y tranquilidad
A veces dudo si tenemos la visión distorsionada acerca de la soledad, no porque no podamos estar solos, sino porque sentimos soledad hasta con personas alrededor. Al perpetuar un sentimiento todo el tiempo se transforma en actitud, y esa soledad se va transformando en un “me siento solo”. ¿Qué pasa si preferimos estar solos porque no nos sentimos nunca acompañados? ¿La soledad y el sentirse solo será lo mismo? Cuando eras infante parecía inexistente, o tal vez no sabíamos cómo identificar la emoción, pero al crecer parece no irse ¿en algún momento se va? ¿Queremos que se vaya la soledad o queremos dejar de sentirnos solos?
Aunque puede perpetuar su mala fama o su adoración en otras personas, a veces te confunda, no la quieras o la busques con todas tus ansias, la soledad será espacio para escucharse a uno mismo. ¿Qué relación vas a tener con tu soledad?
¿A dónde vamos?
¿Sabemos a dónde queremos ir?
Estoy un poco harta
de postularme en trabajos
que exigen mí vida
y que mí beneficio
es nulo
Es conflictivo observar
el disfrute por la ventana
en la casa de los otros
mientras que yo carezco de paredes
o eso es lo que parece
¿Cómo reivindicas tu camino
sin destino?
Llego tarde a un lugar
que no tiene horario
Decepcionó a gente
que no tiene expectativa
¿Cuál es mí expectativa?
¿mí audiencia?
Seré suficiente
cuando gane el trofeo
que ni me interesa tener
cuando cumpla reglas
que no están escritas
pero todos parecen saber
Sin motivación
Ni ganas
Ni motor
Seguimos en el círculo
Hacer malabares
Estar bien
Estar
o simplemente figurar
¿estás satisfecho con tu vida
o te acostumbraste?
Problema
Solución
Problema
Actitud al problema
Una serie de pensamientos
que son más problema
que el problema
Actuar con suficiencia
estar a la altura de las circunstancias
¿Me enseñaron esa altura?
¿la mido yo?
El peso de lo mío
la dependencia de lo tuyo
Termina el circuito
Frenaste
Paraste
2 minutos
lo hiciste
lo lograste
cumpliste
y aún así
No sos suficiente
“Las parejas van y vienen pero esto es para toda la vida” frase icónica de Phoebe Buffay en Friends que le dedica a su amigo Joey, cuando él cancela una cena de amigos por una cita. Esta escena de ficción confirma el concepto moderno de que las amistades son vínculos que forjamos en un momento de nuestras vidas que parecen carecer de fecha de vencimiento mientras que las relaciones amorosas tienen un principio y un final. Pero a todos nos ha pasado de distanciarnos de amigos o hasta pelearnos y convertirnos en desconocidos. Aunque es complicado que pase porque, desde lo personal, siempre buscas la manera de arreglarte, reencontrarse y hacer las paces con esa persona que te da su amistad.
A pesar de que “un amigo es una luz” y te acompaña en las buenas y en las malas, existen amigxs por conveniencia, amigxs falsos y hasta algunos que te quieren pero te quieren debajo de ellos, la realidad de que te vaya bien pero no mejor que a mí. Por esos “amigos” vale la pena romper la regla de la eternidad y sacarlos de tu vida. Ahora ¿cómo rompes con un amigo?
Uno piensa en una ruptura y el cerebro se dirige directo a una relación amorosa. Lo simple es que con las parejas ya existe, socialmente, una rutina de ruptura. Se empieza con un “tenemos que hablar”, pactas una fecha y lugar para dar fin a esa relación, contas tus motivos o no, y terminas con la típica frase que te vaya bien o quedamos como amigos no? (igual muy tranquila la escena de ruptura romántica, se ve que no tuve mucho drama amoroso) Pero… ¿y las amistades? Nadie se toma un café con un amigx y le dice –Mira lo estuve pensando, no sos vos, soy yo. No podemos ser más amigxs. Nadie hace eso. Aunque si lo hiciéramos, el mundo estaría un poco menos confundido. Tal vez este escrito sea un llamado a la sociedad para implementar las “rupturas amistosas” y así ninguna relación queda en suposiciones o heridas abiertas.
¿Las amistades son más importantes que las relaciones amorosas? ¿O las parejas son más importantes? Ni una ni otra, pero si está estipulado que la ruptura con una pareja es dolorosa y se transita un “duelo”, mientras que las rupturas amistosas al transitar un período prolongado de tiempo son inferiorizadas. El entendimiento de tristeza cuando alguien rompió una relación amorosa y la incomprensión al minimizar la pelea con un amigx, como si valiera menos o si siempre nos fuésemos a arreglar ¿que insensibilidad manejamos con la amistad?
Estamos programados para las rupturas amorosas pero para las amistosas no. El contenido de películas, series, libros nos relatan comienzos y finales de parejas románticas pero siempre con el fiel amigo o la incondicional amiga al lado. A mi parecer, los distanciamientos con amigxs son más dolorosos, ¿cómo seguís adelante sabiendo que la amiga con la que compartías una mirada y te comprendía el mundo, ahora la desconoces? La persona con la que hablaste horas sobre tus inquietudes, los planes a futuro de viajes, comidas, pijamadas y salidas que se convirtieron en silencio y distancia.
¿Acaso dejamos la amistad en el tren de lo estático, porque pasa con frecuencia y nos subimos cuando queremos?
¿Cuándo hacer las cosas? ¿Cuál es el tiempo correcto? Crecemos con los mandatos de que hay que darle tiempo al tiempo, pero cuando es “el” tiempo. Alguien religioso te diría que el tiempo es divino, alguien optimista te diría que el tiempo es hoy, alguien precavido que todavía falta y la filosofía que el tiempo no existe.
El tiempo es una construcción para poder organizarnos socialmente. El tiempo es un fenómeno de nuestra conciencia que nosotros proyectamos al exterior. Ese tiempo en la conciencia es el tiempo relativo, mal llamado “tiempo biológico”. Ese que nos dice si el momento está pasando rápido, lento, si nos queremos quedar y también si nos queremos ir. El tiempo relativo, cómo todo en la humanidad, es único para cada ser humano. Al ser único, para algunos el tiempo correcto, es para otros muy apresurado o todo lo contrario. Aunque las instituciones parece que se esfuerzan por encasillarnos en el mismo tiempo. Como el colegio con el tiempo de maduración,mientras que crean egos altos porque son “muy capaces” para los años que tienen, crean prohibiciones extremas ya que “ellos no hacían eso a su edad” y destrozan sueños porque comparado con sus compañeros es muy aniñado. Forzando a personas a madurar rápidamente, sin disfrutar de su niñez; y criticando a las que maduraron antes mientras marginan al resto.
No pierdas el tiempo, no lo malgastes que no vuelve. Aprovéchalo, pero en cosas productivas, cosas que el día de mañana te hagan sentir orgullo.
Pensa que lo único que tenés es el tiempo presente.
¿No es demasiado peso para algo que la humanidad inventó?
Porque aunque parezca inspirador la idea de que el tiempo es ahora, también crea dudas ¿qué es disfrutar el tiempo? ¿Cómo lo pierdes? ¿Se puede ganar?
No “gastar” tiempo es trabajar o es pasar tiempo de calidad con tu familia. Ganarle al tiempo es ralentizar el envejecimiento o disfrutar cada etapa que nos plantea la vida.
La culmine del tiempo, en lo personal, es la duda, ¿cuando es el tiempo correcto para hacer algo? Será cuando pensamos que nos conviene, cuando sentimos que es “correcto”. Cuando nos llega esa señal tan anhelada. O solo es el momento correcto cuando uno decide que lo es.
Es común plantar la duda del tal vez. Tal vez si lo hubiéramos hecho antes tendríamos el resultado ahora, tal vez si hubiéramos esperado un poco más podríamos habernos preparado mejor. El terror de hacer o evitar algo porque no es el momento. Ahí no queda relatividad, el tiempo después en ocasiones nos destruye, en ocasiones nos construye, en ocasiones nos alivia, en ocasiones nos nubla de más dudas o nos despeja de ellas.
Cómo si siempre hubiese la misma regla para el tiempo. El tiempo no tiene reglas, el tiempo es y listo. No lo ganas, no lo perdes, no hay que encontrarlo, ni ganarle, no existe la famosa carrera contra el tiempo, eso también es un invento del ser humano. Pero a nosotros nos gusta inventar metáforas de ganancias y pérdidas, así es más fácil entender el mundo y sobrellevarlo en sociedad.
Harta del amor que nos pintaron
Harta del romance que no existe
y todos parecen encontrar
parece el sorteo de instagram
que nunca podes ganar
Harta de esperar acciones
que no pido pero tampoco obtengo
¿hay manual de instrucciones
para tener un poco de amor?
Harta de mentirme con películas
con libros y caricaturas
Harta de los gestos vacíos
y los estándares de escritura
¿Cuando lo real se volvió insulso?
¿Acaso lo hermoso de lo clásico
se transformó en un
insípido básico?
¿Como podes descartar
tan rápido a una persona?
Mientras permaneces con ella
El discurso del amor propio
se torna tóxico
cuando dañas al otro
Quiero volver a mis ilusiones
a mis palacios de colores
donde el romance permanece
lo dulce sigue intacto
pero todo se desvanece
en un segundo
por el toque de tu tacto.
La declamación de lo sano
lo delicado
del enamorado
Persisto en estar harta
pero realmente
estoy cansada
de vivir en la incertidumbre
de una sensación
que es más un espejismo
que una realidad
es más una esperanza
de ensoñación
que la actualidad.
Harta del presente que me das
del pasado que me diste
y el futuro que no me darás.
