- Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Técnica Superior en Arteterapia.
- Apasionada por las artes con un hobby muy especial por el canto y la escritura para vaciar las emociones.
- Distribuyo mi creatividad en collages con fotografías de la vida cotidiana y frases de canciones.
2026
Estoy viendo esta serie y voy en la tercera temporada. No hay capítulo que no me conmueva. Es tan hermoso ver a un Jesús muy humano, realista, juguetón, con características de una persona real y auténtica, que no se hace ver como un santo misterioso, sino como alguien que ha caminado entre nosotros como una persona especial.
No es algo del otro mundo reconocer que existen los valores universales, pero ahora puedo reconocer que Jesús es la máxima representación de estos en la historia más conocida del universo.
De esta serie, lo que voy aprendiendo o retomando es que Dios nos ama, pero nos ama aún más cuando reconocemos nuestros errores y buscamos el arrepentimiento. Porque es de humanos equivocarse y retomar el camino del bien, del amor y la humildad. Es de humanos sentir enojo o frustración cuando algo no ocurre como lo deseamos, aun cuando hemos hecho lo mejor en los aspectos posibles.
Me parece tan impactante y aterrizado cómo en la serie se reflejan las dudas que siempre hemos tenido, por ejemplo: “si Dios quisiera, ya lo hubiera hecho, ¿por qué no lo hace?”. El otro día que fui a la iglesia vi brevemente un texto que decía que siempre tenemos prisa y apuramos a Dios a que nos responda, como si el tiempo propio fuera el único y perfecto, olvidando que Dios hace sus obras cuando es el momento adecuado, no cuando nos conviene porque así lo creemos.
Dios nos da lo que nos toca cuando nos toca, cuando debemos sentirlo, cuando nuestra fe es grande y profunda, cuando no lo ponemos a prueba, cuando no lo chantajeamos, cuando Él sabe que es correcto.
En la serie ha habido ocasiones en las que hasta los mismos apóstoles tienen dudas sobre su realidad, sobre su propia fe y la elección que hizo Jesús para que ellos lo siguieran. Eso me recuerda a que no siempre conocemos el propósito de nuestra vida y tal situación nos hace sentir en apuros porque queremos la respuesta ya. Yo creo que no hay que olvidar que Dios nos tiene una misión y que dentro de nuestra vida iremos conociéndola. Hay personas que lo saben desde la infancia y otras que lo llegan a saber en la vejez, pero nunca nos vamos de esta tierra sin haber hecho una obra de amor, por más mínima que sea para nosotros, pues para alguien más puede ser un gesto de humanidad que no había sentido y eso a Dios lo complace.
Sé que ha valido la pena ver esta serie porque, sin quererlo, inicié viéndola como una serie más de la historia de Jesús, y a veces así es como llegan las mejores cosas a nuestra vida: sin querer.
En este tiempo he conocido mejor la historia de Jesús junto a sus discípulos y me he dado el espacio de buscar más información para comprender. He leído fragmentos de la Biblia para recapitular la esencia de la serie que, además, no solo cuenta la historia de Jesús, sino también la conversión de sus seguidores principales que murieron por Él. ¿Alguna vez has leído cómo murieron los apóstoles? Algunos desollados vivos, otros decapitados, crucificados, arrojados desde las alturas, apuñalados, partidos o azotados hasta la muerte. Todo por un mensaje de amor.
Me dolió saber más, pero me nutrió el alma sentir que un breve ejército de apóstoles, a partir de Juan el Bautista, logró labrar el camino más doloroso para que, cuando llegue nuestro tiempo, las puertas del cielo estén disponibles para ingresar al banquete junto a Él.
Recientemente, en mi vida cotidiana, he visto algunas señales sobre el arrepentimiento, mostrándome que nunca es tarde para volver a empezar. Esta vez sé que quiero empezar aumentando mi fe, porque quiero estar en paz y dejar que Dios entre en mi corazón y llene con su amor lo que en el mundo terrenal suele carecer.
Los detalles están ahí, en el amor, la amabilidad y la compasión, pues la vida digna no se trata de hacer más que los otros para enaltecernos, sino que la vida misma es una magnífica creación que debemos adorar, tanto la propia como la de la gente que le da sentido a nuestra historia.
A ustedes, como lectores, les hago la invitación, sean creyentes o no, cristianos, católicos, judíos, budistas, panteístas, mormones, de cualquier religión o filosofía: sigan a sus corazones con las señales para hacer el bien. Hoy yo escribo esto porque una serie tocó mi corazón y me ha devuelto las creencias que alguna vez perdí y que deseo no volver a extraviar, esperando que también estas palabras les resuenen y busquen el camino que les dé paz para compartirlo con el mundo entero.
No puedo dormir. Este mes es el último con medicamentos para dormir y no sé si podré hacerlo. Me da miedo ser farmacodependiente o algo similar. Solo puedo tomarlo cada dos días y estoy con el ojo pelón en la madrugada. No siento nada de cansancio porque no he hecho nada estos últimos días; me la paso haciendo un rompecabezas de mil piezas mientras veo ‘Sex and the city’ capítulo tras capítulo y no me aburre; sin embargo, me pone triste.
Carrie tiene amigas, un trabajo, sale con chicos de vez en cuando y todo luce tan interesante, divertido, exótico y urbano que el solo hecho de ver mi realidad (sin amigas, sin trabajo, sin chicos y dentro de una ciudad que tiene de todo) me pone tan melancólica de algo que nunca he vivido.
Es divertido cuando se arreglan y salen entre ellas a cenar, tomar algo o a bailar; también cuando van a eventos de sus trabajos y se acompañan. Me gusta la estética de sus departamentos y, de una forma u otra, expresan bromas de los estereotipos que hay sobre las mujeres, sobre todo al demostrar que ni siquiera a los 30 tienes la vida resuelta.
Me parece tan lindo que cualquiera de las chicas de la serie pueda llamar a su amiga en cualquier momento, puedan salir a desayunar o bailar y hablar de la vida sin silencios incómodos. ¡Vaya, es que yo quiero eso! Yo también quiero tener amigas, que me consideren parte de sus actividades y que todo eso sea compartido por el simple hecho de ser humanas, pero no lo veo. Tal vez porque no salgo mucho; no hablo mucho, casi no saludo, no inicio conversaciones o los temas no me agradan y a veces pienso que no vale la pena hablar con la gente.
La última vez que tuve una amiga “cercana” nunca me hizo sentir tan cercana como yo la consideré para mí. Hoy en día nos encontramos distanciadas, así como me encuentro distanciada de casi todas las personas que conozco y que no viven en mi casa. Arely de 10 años nunca me creería si le dijera que en el futuro no tiene amigas.
Quisiera ir a algún lugar y conocer gente que no se saque de onda con mi presencia, que exige una plática llamativa pero sencilla al mismo tiempo, mientras nuestra amistad va creciendo. ¡Dios, sería tan fácil! ¿No puedo tener la compañía de una amistad?
Solo soy una chica con cualidades especiales y distinguidas que tiene tics nerviosos en el labio, hombros duros como piedra y un asiento vacío mientras mantiene conversaciones profundas en la mente porque no hay con quién hablar.
Si estás leyendo esto, levanta tus manos hacia el cielo y ruega para que en los próximos escritos pueda contarte que tengo una nueva amistad, porque esto de tener tantas cosas por compartir me está doliendo porque no hay nadie con quién ir a desayunar un jueves. Yo también quiero llamar a alguien y que responda.
Yo sabía que algo pasaba, pero no sabía exactamente qué era. Fue como haber tenido algo en el zapato y no sabía si era una piedra, una moneda o alguna otra cosa, pero estaba segura de que algo me causaba incomodidad en la pata. Esa cosa no solo se había metido al zapato, sino que se había ocultado entre la suela y la plantilla. O, dicho de otra manera, se había quedado tan prendida de mí que ya se había hecho parte de mi vida el no poder pisar tranquila.
¿Cómo supe todo esto? Estuve en un proceso de neuropsicología y después de varias sesiones con pruebas, cuestionarios, actividades y entrevistas, se llegó a ese diagnóstico: Trastorno del Espectro Autista (TEA) en nivel 1. ¿Y luego? La bolita de nieve: Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Estaba harta de todo. De la confusión, la incomodidad; la tristeza de ver cómo perdía oportunidades porque tenía miedo, pena, apatía y tantas cosas negativas que solo me hacían quedarme viendo la vida pasar tras un cristal de ignorancia consciente.
Yo veía cómo todos evolucionaban en sus vidas, menos yo. La gente tenía a sus novios y hacían cosas de novios, pero yo tenía novio y no hacía nada más que platicar y jugar un rato, con uno que otro beso. Mis necesidades nunca fueron las mismas que las de mis parejas; la disponibilidad a otras actividades siempre fue un drama. De verdad que ha sido irritante existir sin entender.
Ya después de todo, la vida, mi vida, tuvo sentido. Ya sé por qué hago o no hago ciertas cosas. Ya sé por qué han estado duro y dale con que haga algo, por más sencillo que sea, como saludar a la gente, tender la cama, escuchar, ver a los ojos. Ya sé por qué me dicen que siempre se debe hacer lo que yo quiero y que por eso soy manipuladora o grosera. Ya sé por qué se enojan cuando digo algo que está medio fuera de lugar o que es demasiado honesto.
Si yo tenía esa piedrita en el zapato, entonces mi actitud fue igual de molesta que una piedrita. Porque no sabía nada, ni yo ni quienes me rodean. Porque en los trabajos no duraba debido a mi actitud tan rara. Ya sé las razones por las que todo me hacía sentir incómoda: la comida fuera de casa, el ruido de otros, la ropa exacta que necesito, estar con gente que no conozco…
Qué cosa tan bárbara. Es como haber jugado un videojuego solo porque sí, pero sin saber para qué o cómo. Nunca le entendí hasta después de 24 años. Me suena como en esas novelas en las que nadie le dice al hijo que es adoptado y, cuando logra descubrirlo (porque notaba cosas raras), se alegra porque tenía razón, pero al mismo tiempo se siente confundido. De todas formas, sigo procesando esta información, recordando cosas que he vivido y la forma en que reaccioné.
Eso fue el desahogo por el TEA, pero lo demás fue lo que enmascaró todo eso; el TDAH ha sido mi uniforme. Eso de hacer de todo y terminar haciendo nada, por ejemplo, es una de las muchas formas en las que se ha manifestado este relajo. No finalizar actividades, el aburrimiento constante, el absurdo interés tan clavado con temas ocasionales, interrumpir conversaciones, hacer ruidos que tienden a molestar, tener un desorden por todas partes, no seguir rutinas que prometo cumplir… tantas cosas.
Yo sé que muchas personas van a decir que ahora todo mundo tiene algo, pero, queridos, si supieran que el cerebro y todo ese universo son un tema enteramente profundo, que a veces resulta ser un enigma para la propia persona, entenderían a las personas neurodivergentes.
Ahora que lo hablé con mi psiquiatra, también le hizo sentido todo lo que le contaba. Además, me dijo que estuvo muy bien que, si algo me incomodaba a tal nivel, buscara la forma de resolverlo. Me toca hablar con mi familia, mis amistades y así, para que por fin todos estemos en la misma línea en la que me acabo de encontrar.
No me avergüenzo, no me arrepiento, no me da miedo. Ya he vivido así, pero lo diferente es que ya sé cómo funciona todo. No es una enfermedad, no es un problema, es una forma de existir y eso es todo.
2025
No hay vuelta atrás cuando duele, cuando algo se rompe. Cuando hay vuelta atrás, todo cuesta, todo tarda y, en muchas ocasiones, nada vuelve a ser como antes; quedan grietas, otros colores, marcas de la gran cicatriz. Al momento en que sale la flecha, ya lleva sangre. Es un mismo camino: la flecha y el dolor se estampan en el mismo corazón.
Si las lágrimas se confunden y no brotan, es porque aún no estaban listas para navegar, porque esa embarcación nunca tuvo lugar en los ojos que te amaron. Ya no es igual la sonrisa ni el canto de las aves. Todo tiene un fin tras la embarcación. Y el mundo arde, el mundo de adentro. El mundo que no supo de dónde saltó la primera chispa que propició el desastre, hoy se consume en su propia confusión.
En la pena gris de la soledad que siempre estuvo, se reflejan luces de culpa, señales de perdición absoluta. Suena el viento entre los árboles secos. El otoño vive en solitario el más triste socavón de ternura y verdad, donde el desierto está repleto de lluvia que ahoga a los peces. ¿No debía ser un lugar ideal? Entre tanta agua viva la vida se va. Desaparece como una nube.
Aquí, en el sótano de mis sueños, se desmoronan todos los besos que no nos dimos por razones ignoradas, aunque muy bien conocidas. Todo se va frente a mí y no puedo detenerlo porque ya nada me escucha. Y duele quedarse con tantas preguntas encerradas. Una lista interminable de dudas se apodera del insomnio que empezaré a arrastrar.
¿Por qué terminó así? ¿No se suponía que sería eterno? ¡Qué desgracia es abrir los ojos! Las llaves de la razón se han perdido en la alcantarilla. No bastó escuchar al corazón. Nadie oía cómo se rompía cual ventana entre las rocas. El tacto más frágil terminó por demoler toda muestra de amor que parecía inquebrantable. ¿Quién merecía que apagaran su luz, sus ganas de amar y de sentir el mundo en sus manos?
Las palabras más crudas quedaron grabadas en las paredes. La sutileza no existió ahí. Esas promesas se olvidaron; se olvidó lo vivido entre las risas y los hilos de la cama. Tantas formas de eliminar lo hermoso terminaron por embestir, por sorpresa, una obra maestra: algo digno de admirar en un museo.
Ojalá hubiese escuchado la advertencia que presentía el aire. La única esperanza es que algún día ya no quede ni una lágrima que depositar en ese mismo cementerio. Llegará el momento en que un rayo del sol atraviese el pantano donde el amor quedó atrapado. La paciencia y la voluntad serán invaluables y, así, con calma, en un lugar de paz, florecerá la vida y el corazón tendrá la puesta de sol más tranquila que jamás se haya visto.
Una leyenda volverá a amar sin miedo alguno. La misión tendrá éxito y al fin los árboles se llenarán de frutos, las aves volverán a su canto y el humo de aquel incendio no dejará ningún rastro de haber existido. Porque así renace el corazón.
Te amo, pero a veces no estás,
y si estás no te veo, no te siento.
Te amo incluso cuando no me miras,
aunque si me miras en realidad ves
los espejos de mis ojos.
Te observas, te admiras.
Así es como te complaces.
Te amo, pero me siento sola
a pesar de que has prometido
acompañarme siempre.
Porque cada vez que lloro
no estás en ningún lado,
pero cuando estallo de risas
eres el primero en aparecer.
Te amo, pero me has abandonado
cuando el mundo se distorsionaba,
cuando no sentía el paso del tiempo
y tampoco sentía mi cara.
Te alejaste cuando necesitaba tu ternura,
sin embargo, volviste a mí
ese día que desperté del trance.
Te amo, pero creo que tus promesas
son las que me hicieron amarte,
y sin importar que
tú las hiciste a un lado,
todas esas palabras no tomaron forma.
Y yo sigo esperándote.
Te amo, pero necesito que vivas aquí.
No necesito tu amor si solo quieres besarme.
No necesito tu amor si solo desordenas mi sostén.
No necesito tu amor si solo te vas para no necesitarte.
No necesito tu amor si solo voy a escuchar que siempre estarás
cuando en realidad no lo haces.
Te amo, pero no requiero gastar tu billetera el fin de semana,
y aunque a veces pienses que lo has dado todo,
en realidad no me has dado nada
que alguien más no pueda darme.
Te amo, pero no siento tus brazos abiertos.
Es como si fueran un adorno a los costados de tu mente,
algo que no escucha a nadie.
Te amo, pero cuidar tu comodidad cotidiana me duele.
Me produce heridas que esperan una caricia que nunca va a llegar.
Porque cuando algo me duele solo dices que busque solución.
No quiero la solución, quiero que me entiendas.
Te amo, pero no quiero esperar toda la vida
hasta que decidas amarme de verdad.
Porque si me amas, entonces no lo entiendo.
Jamás lo entenderé ni tú entenderás la falta que me haces.
El discurso expresado por la joven Ana Karen Sotero Salazar ha sido, sin duda alguna, una muestra de la apertura de ojos juveniles ante la situación que vive cada estado en este país.
Desgraciadamente, en su discurso hubo menciones honoríficas que incomodaron a varios “diputados”. Por ejemplo, el hecho de que el crimen organizado se ha estado apoderando cada día más y más de las calles y de las vidas mexicanas. La corrupción es algo que, al parecer, no se puede parar ni por más “amor al pueblo” que se tenga. La evasión de temas fuertes en las conferencias tiene poco valor frente a la venta de un chocolate, y el resto de menciones sigue incomodando al saber que es verdad, pero aun así lo ignoran.
Tiene extrema razón al pedir que la justicia no se quede dentro de unas instalaciones, pues también es enormemente necesario que la justicia salga de las paredes para que la sociedad pueda vivir tranquila. Los casos de violencia no disminuyen. Ellos creen que, por estar mejor que otro país, significa que estamos bien, dando a entender que otros están peor y que no hay que quejarse.
Su discurso es tristemente comprensible. El rostro de Ana Karen es un rostro enojado, un ceño fruncido y una voz que pareciese arrancarse del pecho con rabia e impotencia. Un premio no quiere decir que la historia está cambiando, al menos en el contexto mexicano, sino que ya nos vieron, pero nos van a seguir ignorando porque, según ellos, somos muy jóvenes para entender el verdadero mundo.
México es un país que se maneja mayormente por palancas. Cientos de cabeceras que se encuentran en cada uno de los tres poderes que conforman el Estado no han tenido la preparación adecuada, hablando desde el tema profesional hasta el tema humano. La carencia de valores está en su máximo apogeo cuando volteas a ver los máximos poderes, y eso es una gran falta de respeto.
Ana Karen mencionó algo sumamente importante antes de finalizar su discurso, dirigiéndose a todas esas personas que están presentes, pero al mismo tiempo están ausentes al escuchar. Hoy en día nadie pone atención; están perdidos en su mundo hipnotizante que poseen en sus manos. Las palabras se desaparecen como un chispazo que ya no puede prender. Es como si ya estuvieran acostumbrados a recibir reclamos y no hacer nada.
“Les pedimos que ustedes, como tomadores de decisiones, no nos callen, no nos cesen y nos permitan criticar al sistema. Esto no es contra ningún partido político, es contra todos ellos; contra todas las personas que no permiten un verdadero cambio.”
Criticar al sistema siempre será una opción válida para todos aquellos que buscan abrir los ojos. Sin importar la edad, es indispensable que, como ciudadanos, nos formemos para conocer lo que está bien y lo que debe mejorar. Y, siendo jóvenes, el futuro está en nuestras manos. Si estamos hartos, cambiemos. Si nos quieren silenciar, gritemos. Pero si nos da igual, todo será igual.
En una situación heterosexual, y en un contexto cotidiano —no uno de fantasía ni creado por algo fuera de serie— viene este tema. Hay una pregunta que ya ha estado por aquí últimamente con insistencia en ser respondida: ¿Qué le ven las mujeres a los hombres? En el sentido del porqué decidieron iniciar una relación.
Hablaré del tema desde mi perspectiva, así como aquellas situaciones que me han contado mis amigas que han salido con hombres.
Voy a exponer esto como si fuera una compra: vas a una tienda de cosméticos a comprar un rímel y hay de diferentes marcas, características, colores, ingredientes y blablablá. Entonces lees cada una de las opciones: mayor volumen, alta pigmentación, amplia duración, no se corre, con biotina, para el crecimiento, con aceites naturales… Un montón de cosas. Así que, entre tanta charlatanería, eliges el que te convence porque sabes lo que merecen tus pestañas: un buen producto.
Cuando aplicas el rímel, estás emocionada porque sabes que es de “calidad” y tiene todo lo que buscas. Te hará sentir bien. Pero con el tiempo, mientras lo sigues usando, ves que no hay resultados. Con todo eso te empiezas a cuestionar: ¿Lo habré estado usando bien? ¿Y si mis pestañas siempre van a estar así? ¿Leí correctamente la etiqueta?
La mercadotecnia te mintió porque solo buscaba generar ventas, y lo que invertiste no fue de buen provecho al final de todas esas promesas de mercado.
Así es como funciona todo esto, por lo que ya sé qué le vemos las mujeres a los hombres: las palabras. ¿A poco no has escuchado eso tan popular de que la mujer se enamora por el oído?
“Te daré esto / iré a tu casa para formalizar con tu familia / haremos aquello / vamos a tener tal cosa / es importante que tengamos una fecha para celebrarnos / yo no haría tal cosa porque sé que duele…” Y como nunca has vivido algo así, claro que caes, mi amor.
YAAAAA. Podría escribir una lista extensa de cosas que me hicieron fijarme en un hombre, empezando por lo que puede ser y hacer un tipo común —o al menos alguien racional y con calidad humana— junto con lo que yo quiero o sé que merezco.
Aquí viene un golpe de realidad. Lo que se dijo es una cosa y lo que se hizo… quién sabe. Todas las personas cambian. Nunca va a ser igual la propuesta que el resultado. Los hechos no siempre se equilibran con las palabras. Y ese es otro tema, porque para la decepción no hay límites. De todas formas, cada persona habla de cómo le va en la feria.
Pues así tal cual como está el título, pero nada más un ratito. Estoy realmente cansada de que si no es una cosa, es otra, como dicen los adultos más adultos que yo. Porque sí es cierto: si no es una cosa, es otra.
¿De qué estoy cansada? De que me duela la espalda, las discusiones diarias, el dolor de estómago, el desempleo, las noches sin poder dormir, las malas palabras, el dolor de cabeza, el mal pulso, el temblor de mis manos, no reconocerme a diario en lo que veo en el espejo sin saber qué tipo de rostro tengo.
Hay muchas cosas diferentes que nos generan cansancio. Considero que sería tan hermoso que, al menos un día, no me sintiera así. ¡Qué bueno ha de ser tener un día sin alguna molestia física o alguna complicación! Entonces, es probable —o al menos eso pienso y espero— que darse un descanso de la vida sea algo que podamos merecer, para después regresar con la pila recargada y poder continuar.
A veces me llego a preguntar qué tipo de sal soy. También me cuestiono sobre el porqué de las cosas: de lo que me pasa, de mis malestares que drenan lo que siento… pero no encuentro respuesta.
No sé qué vaya a pasar después. Sin embargo, aunque en ocasiones me siento tan perdida, sola y abandonada, tengo un poco de esperanza. Por ejemplo, ayer vi un colibrí muy lindo que me dio muchas vueltas y me “cantaba”. Hoy vi una catarina dorada que caminó por todo mi brazo y después se fue volando.
Soy muy supersticiosa. Creo que por algo vi un colibrí y una catarina. Me puse a leer en internet el significado espiritual de estos animalitos. Dice que el colibrí es un mensaje de alegría y prosperidad, aunque también puede ser la visita de un ser querido que ha fallecido. Entonces me acordé de Nube, mi perrita que falleció hace casi dos años.
La catarina dorada significa que llegará abundancia. Ojalá que sí. Y ahorita, mientras escribo esto, me acordé de una canción chistosa que dice: “Señor, quítame lo pobre que yo lo feo me lo quito con dinero”. Reflexionar sobre el dinero es bien interesante, porque algunos dicen que el dinero no da felicidad, pero… depende de cada persona.
¿Ya se dieron cuenta de que estoy escribiendo como si estuviera platicando mentalmente? Vaya caso.
Volviendo al tema principal, hoy tuve consulta con mi psiquiatra y hablamos de lo que ha ocurrido en los últimos meses. Me he estado enfermando muy seguido, a pesar de que estoy tomando vitaminas y cuidándome de todo. El doctor me dijo que, lo más probable —apegado a lo que platicamos— es que mis defensas están tristes, y por eso he estado así. No tengo dudas de su lógica. A veces así pasa. Hay personas que, cuando se enojan, tienen dolor de estómago; o cuando no se expresan, tienen problemas en la garganta. De hecho, eso me pasó a inicios de año.
¿Ya se dieron cuenta de que si no es una cosa es otra? ¡Pero qué desesperación con la vida, caramba!
Otra cosa, volviendo al tema del colibrí y ya para cerrar esto: hay una canción de Natalia Lafourcade que se llama Pajarito colibrí y está hermosa. Hay una parte que dice:
“Cuando sientas que infinito el mundo se abre ante tus alas
dentro de tu pecho pierdas el aliento,
pídele al cielo que te haga volar.
Y si sientes vértigo en el vuelo,
que se encienda el fuego dentro de tu pecho,
pide al universo en tu ser entero dulce libertad.”
Esa canción está hermosa.
Fin de la conversación 🙂
Cada pared de la casa tiene su historia, sabe lo que vio y escuchó. Todas las casas tienen algo en silencio. Las personas que ves por la calle llevan algo en su corazón. Yo, por ahora —o por lo que llevo de vida—, traigo un peso en la espalda que me está encorvando más y más.
Últimamente he entrado en reflexiones más profundas con mi lazo familiar y busco formas de ir desenredando esos nudos que forman las dudas, el dolor, la incertidumbre y la inseguridad. Cómo me gustaría saber el porqué de las cosas, pero no solo saber: también comprenderlo. Aunque no estoy muy segura de si me conformaría con ese descubrimiento y seguiría estando ahí como si no supiera nada.
“¿Para qué sufrir si no hace falta?” Creo que soy muy exigente con mamá. La miro y me pregunto cuál es la razón por la que no alza la voz. Me armo discusiones y argumentos en la mente: “Yo diría esto, yo haría lo otro, yo pensaría aquello.” No me cuesta nada pedir, pero en realidad, lo más difícil es hacer lo que se pide.
Han sido incontables las veces en que he sugerido la separación, aunque eso no quiere decir que no quiera a mis padres juntos. En realidad, me encantaría que estuvieran juntos para siempre, pero esa calidad de matrimonio siempre me ha dado miedo. No es un tema aislado o dado por hecho; es algo que en cada consulta con mi psiquiatra comento. Él me dice que hay diferentes tipos de parejas y que tal vez mis padres no formen un matrimonio como el que las chicas románticas deseamos.
Lo que no termino de entender es por qué debo entenderlo yo y no ellos. Verás, he formado mis 24 años de vida viendo cómo se relacionan estos dos sujetos; existe apoyo económico, actos de servicio, protección, responsabilidad material y demás, algo que claramente es fundamental. Pero lo importante aquí es: ¿qué pasa cuando un elemento de esta unión olvida la calidad humana?
Oye, no creo que quieras que alguien te diga que tienes palabras de tonta cuando te expresas, que exageras, que estás trastornada o que tú misma buscas que te traten así. No creo que te agrade cuidar de alguien que se enoja hasta por cómo le ofreces agua. Es como si trajeras un letrero en la frente que diga “me gusta que me humillen”.
Querido, no hace falta que golpees a alguien para decir que eres violento. También existe la violencia verbal y psicológica. No hace falta que alguien tenga marcas de violencia en el cuerpo para decir que sufre de dolor; el corazón también duele, los recuerdos, las palabras punzantes, las miradas de desprecio que se reciben.
Otra cosa es que no solo sufres tú como pareja, también sufren quienes son espectadores de cómo te tratan. ¿A quién le gusta ver sufrir a alguien que ama? ¿Qué niño estaría feliz al escuchar insultos en casa? ¿A qué persona has escuchado que está feliz de que sus padres sigan juntos a pesar de T O D O? ¿A qué se refieren con T O D O?
A muchas personas se nos hace muy fácil opinar y dar soluciones, pero también he pensado en ese esfuerzo que requiere salir, al menos, de un noviazgo. Grande o pequeño, es un duelo propio y cada persona sabe lo que le duele, lo que deja ir, lo que pierde y lo que gana.
Creo que es más difícil salir de un matrimonio. He llorado a mares por una persona con la que no hay un lazo firmado y que ni siquiera conoce mi tipo de sangre, pero entonces imagínate cómo se sentirá el dolor de salir de un matrimonio, cómo será un día saber que ya todo terminó, que ya te has alejado físicamente de alguien con quien compartiste un techo, pero también te provocó dolor. Son cosas que cuestan trabajo entender y aceptar siendo pareja.
Ahora, ¿cómo será cuando eres el espectador? Un hijo, por ejemplo; ya no vas a escuchar discusiones, ya no tendrás que defender a nadie y ahora solo tendrás el trabajo de consolar y acompañar en el proceso de superación, aunque será difícil saber a quién abrazarás primero. Ahí comienza otra lucha: ser el jamón del sándwich. Tienes los brazos abiertos y papá y mamá están tirando fuerte; al hacerlo, te lastiman.
¿Qué nos queda por hacer? Ni siquiera yo lo sé. Es como estar entre la espada y la pared: por un lado, proteges a alguien y, por el otro, te descuidas esperando que todo valga el gran esfuerzo.
Ojalá todos fuéramos amigos, ojalá que nos lleváramos bien y que pudiéramos convivir un día en la mesa todos juntos sin necesidad de arruinar la comida. Ojalá que los padres también reconocieran que no solo son ellos los que están en el conflicto, sino que pasan arrastrando a quienes comparten las paredes con ellos.
Creo que hay que tener paciencia para comprender las cosas y fuerza para enfrentarlas. Hay tantas cosas que quisiera decir, tantas cosas que me encantaría cambiar, y lo único que puedo hacer es no repetir lo mismo en mi futuro: ser acompañante, escuchar y abrazar; disfrutar cuando no pasa nada que duela y resistir hasta que todo termine por naturaleza, porque, al menos aquí, nadie va a hacer algo.
Con mucha o poca experiencia de la vida, Erasmo se aventuró en las historias, las leyendas y las apariciones, pero no solo para escucharlas de la voz de los mayores, sino también para vivirlas.
“Una de las cosas más fuertes fue echarme a un viejillo que era nahual.” Es una de las tantas historias comunes que se escuchan en México, y aquí, obviamente, no estamos exentos de contar algo así.
Cuenta don Erasmo que había noches en las que ya no lo dejaba dormir un ruido en la lámina de su casa, en un pueblo hundido cerca de Altotonga, Veracruz.
“Los viejos nos contaban que cuando fueras a ver un nahual, se tenía uno que quitar la ropa, porque si no, el animal se iba. Pero si te encuerabas, al animal se le figuraba que también eras uno de esos”, relata don Erasmo.
En una de las tantas noches llenas de arañazos en el tejado, don Erasmo se hartó y por fin le hizo frente. Al salir para su enfrentamiento hizo todo lo que ya le habían contado: estar armado, no llevar luz, quitarse la ropa y rezar el Ave María. Avanzó poco a poco y, con mucho cuidado, se asomó al techo. Ahí estaba un pajarraco enorme de plumas negras que rascaba la lámina. Sin pensarlo dos veces, alistó la bala de su carabina y disparó.
Aquel animal cayó tendido al patio trasero de la casa. Los perros ladraban sin acercarse. Un olor asqueroso empezó a esparcirse por el lugar mientras Erasmo rezaba, hasta que todo se calmó y se fue a dormir.
¿Qué pasó después? Lo que todos se imaginaban: había un hombre muerto en el patio. Como a la ley no le hacía mucho sentido todo eso de las ondas místicas del pueblo, a Erasmo se lo llevó la caballeriza.
Estuvo un tiempo encarcelado por asesinato y, con los años, volvió con otras mañanas, otras ideas y sus aventuras con las criaturas extrañas siguieron sucediendo. Parecía como si aumentara su nivel de enfrentamientos.
“Así fueron pasando otras cosas hasta que conocí al diablo”, dice Erasmo. En esas ocasiones en las que no le iba bien con el trabajo, ganando unos cuantos pesos o nada, habló con un amigo. “Le conté cómo me estaba yendo y me dijo ‘hazle así y así’, entonces le hice caso para dejar de estar pensando”.
Erasmo salió de su casa a las 12 de la noche, fue al cruce de caminos que le había mencionado su amigo. Ahí esperó, y llegó un hombre de negro que apestaba. Se presentaron, y así tal cual, el hombre le dijo “soy el diablo”, y comenzó a revolcar a Erasmo en la tierra, dejándolo con algunos golpes por el alboroto. Lo soltó, y así fueron sus encuentros cada viernes.
De ahí en adelante, a Erasmo no le faltó el trabajo, pero tampoco le faltaron sus zarandeadas con el diablo, ni otras más historias que contarle a las nuevas generaciones sobre sus encuentros con la Llorona, duendes y cosas de ese estilo.
Ojalá hubiera una foto de Erasmo para ilustrar a la gente cómo es que alguien pierde su energía positiva; se veía demacrado, pero no enfermo; delgado, pero con gracia; adinerado, pero sin felicidad real.
Siempre le faltó algo, y él nunca lo supo descifrar. Hace añísimos que murió, solo, lentamente y en silencio, tanto que nadie fue a prenderle una veladora, ni siquiera el diablo.
“Tocas un punto de mi vida que… tenía rato que no recordaba esa parte”. Se forma un mar en sus ojos al hablar de la capital de Veracruz.
Cuando Tere llegó a Xalapa estaba pasando por un momento difícil y vulnerable junto a su esposo. Fue un poco difícil. El pequeño Ismael nació con discapacidad auditiva y eso marcó un antes y un después. Sin conocer a nadie y sin familia en la ciudad llegaron juntos buscando una luz que les dijera quécamino tomar, con quien hablar o qué hacer para poder apoyar a su hijo.
Tere podría declararse a ella misma como la persona con menos paciencia en el mundo y la más perfeccionista; asegura que su familia pensaría lo mismo. Fuera de eso, ella es muy amigable, sociable y sonriente. Comúnmente usa vestidos bonitos que cubren su rodilla y su cabello lo recoge con una pequeña coleta que se forma por su melena corta y oscura. Le encanta platicar con los demás y es bastante amable, por eso muchas personas tienen confianza al hablar con ella.
Probablemente, el perfeccionismo es una de esas cosas que más la ha perseguido e impulsado a ser exigente o estricta en casa. Comenta que a veces los padres se quedan con la espinita de las cosas que no estaban en su destino por más que quisieran obtenerlas y todo ese peso lo ponen en los hombros de sus hijos; su relación con Ismael puede ser similar.
Llegar a una ciudad en la que no conocía de ninguna institución, una casa ubicada en una calle empedrada y lejos de las escuelas para atención especial, junto con el proceso de sentirse sola y perdida fueron un parteaguas de conocimiento, de reconocer las herramientas con las que ya contaba, como la capacidad de comunicarse, para poder resolver lo que enfrentaba su familia.
Su vida en Papantla, lugar en donde nació, fue silenciosa. Prefería permanecer oculta ante los demás. Las inseguridades la rodeaban en todos lados. Cuando se mudó a Poza Rica para continuar estudiando la licenciatura en Derecho fue cuando el mundo empezó a cambiar poco a poco y su voz empezó a tomar presencia.
Tere conoció a su esposo en el coro de la iglesia. Ella tenía laventaja de ser un par de años mayor, por lo que se le fue haciendo más fácil poder platicar porque dicen que los grandes saben muchas cosas y así fue como todo inició. Él le dio la confianza de crecer hacia otro rumbo, alejada de la pena y cerca de la comodidad.
El cambio y el giro que dio su vida fue de toda una circunferencia. Luego de crecer como la chica introvertida de la escuela, al convertirse en madre la vida la obligó a ser una persona más social, alejando la vergüenza que sentía al hablar, al ir a rellenar una vaso de refresco o al pensar que todo elmundo la veía directamente.
Ahí ya no estaban sus padres para resolverle la vida, ahora ella tendría que enfrentar todo junto a su esposo.
Quizá el hecho de abandonar un poco su profesión para dedicarse por completo a su hijo fue parte de un duelo, probablemente ese factor en su vida la hizo molestarse con el mundo, todo había cambiado. Ya se había creado una historia diferente a la que alguna vez llegó a planear, pero ella confía que por alguna razón eso era lo que tenía que suceder, de alguna manera aprendió más sobre ella y su capacidad para enfrentar al mundo.
A pesar de todo, su familia es lo más importante; son un gran equipo. Han construido una historia que a pesar de las turbulencias no los ha detenido, aunque lo parezca. Tere considera que la vida ha sido buena, generosa, y todos los topes que le ha puesto le han servido para aprender algo, crecer y madurar. La vida está llena de aprendizajes, de amor, de pruebas y amigos que le han ayudado a ver la vida hacia otro rumbo.
El tiempo a solas es para disfrutar hasta doblar la ropa. Ver en Netflix una serie sobre abogados es su afición actual; ella es abogada y siente que forma parte de la historia. Y es que la soledad también es necesaria para poder despejarse de todo. Ama la música; creció escuchando las voces bohemias de las baladas y los ritmos del pop; cantar cuando no hay nadie en casa, aunque no lo hace tan seguido, la pone muy feliz.
Aprender lengua de señas por Ismael junto a su marido le hicieron conocer otros panoramas; la infinidad de formas en las que se puede hablar de amor, incluso descubrir que a veces las palabras pueden variar no solo por el país, también por el estado.
Ismael, quien ahora tiene 15 años, escribe sobre un papel lo importante que es su madre para él; ella es la persona que hacuidado de cada detalle en su crecimiento, y sí, aunque a veces ella esté enojada o cansada de todo, Ismael la ama.
Lo que sí queda claro es que a pesar de las dificultades que le ha puesto la vida, ella no tiene tiempo de rendirse y haencarado los problemas con valentía junto a su compañero y complemento. Tere llegó al mundo un 3 de octubre; Tere vino al universo a ser feliz, no ha distraerse.
Arely
“Yo recuerdo que mi papá no era un hombre de palabrasdulces; fue muy duro con mis hermanos. Pero a pesar detodo lo que pasó sé que nos quería. Siempre trató de darnos lo mejor que podía, pero también nos enseñó a ganarnos las cosas”, mencionó Andrea.
En 1913 nació el señor Raymundo Cabaña, quizá nació en un pueblo de Oaxaca o de Cuba, no se supo exactamente ni la fecha de su cumpleaños, pero lo que sí era seguro es que sus padres, Zenón y Rosalía, venían de aquella bella tierra caliente rodeada de playa y pesares.
Mundo -como siempre le decían- creció junto a sus cinco hermanos y sus tres hermanas. En el inicio de su juventud al lado de una chica de nombre desconocido procrearon a Juliana, su primer hija, quien al tiempo del divorcio por un motivo que ella desconocía, le guardó rencor a Mundo en lo más insondable de su corazón.
Saliendo de un corto matrimonio fallido decidió sentir el sol de un nuevo lugar como Loma Bonita, Oaxaca y el calor deotras manos, conociendo así a la hija de unos españoles; Dorotea Guerrero, una mujer de 21 años, piel blanca, estatura baja y unos ojos claros, todo lo contrario de Mundo, quien tenía piel canela, una buena estatura y unos ojos marrones llenos de poder.
La familia al lado de Dorotea creció, teniendo y logrando con vida a 10 de sus 12 hijos; siete hombres y tres mujeres. Estas criaturas crecieron con el ejemplo de que, a las 4 AM,en lugar de ir a la escuela, debían ir al campo a hacer el cortede piña o cualquier cosa de la cosecha para venderlo o hacer trueque, mientras que Dorotea y las niñas se quedaban en casa preparando la comida, lavando, limpiando y atendiendo a las visitas, porque la casa siempre estaba llena.
El lugar en donde la familia de Mundo creció fue en ElBarrio del Conejo, ahí cada día las primeras consolas de la época retumbaban en las dos cantinas que había contra esquinadas y cuando él llegaba del trabajo, luego de tomar algo fresco, bailaba abrazado de su machete los danzones de La Hora del Sotavento.
Don Mundo creció viviendo tiempos difíciles en casa. La mano dura era la única forma de tener una buena educación y crecer siendo una persona correcta. Claramente daba ese ejemplo a sus hijos y así, con el mismo modelo con el que creció, los educó y levantó a la familia. En aquellos tiempos los roles de género eran bastante estrictos; Dorotea no salíade la casa y Mundo volvía tarde del
trabajo en la parcela o quizá de la visita a alguna mujer de su vida secreta, situación que más tarde descubrió Andrea y su hermana Chabe, la menor.
Los golpes nunca faltaron en casa; las travesuras, las risas y los gritos estaban casi prohibidos. Tenía un temperamento muy fuerte, una mano muy pesada y la picardía sin falta. Hubo una vez en que golpeó a Santos, su hijo de en medio,su llanto se escuchaba más fuerte que las consolas de las cantinas.
También una vez, cuando Cándido, su segundo hijo con Dorotea, olvidó una cuerda en la parcela, lo mandó a buscarla en plena oscuridad de la noche y sin una vela que lo alumbrara. Mundo era estricto y no bajaba de ese nivel.
Cuando estaba contento todo era diferente; no paraba de contar historias graciosas por las tardes para toda la familia y se tomaba una cerveza antes de comer. Todo era muy bonito. Los domingos, caminando -porque nunca usó bicicleta o caballo- y sin olvidar su sombrero se iba al parque de Loma a platicar con los amigos.
Dice Andrea, su penúltima hija, que tal vez gracias a eso sushermanos crecieron siendo trabajadores, responsables y buenas personas, y hace énfasis en ellos porque a ella junto con sus hermanas se les imponían más prohibiciones por ser mujeres pero que afortunadamente de eso se encargaba su madre, quien le ayudó varias veces a Andrea para que pudiera estudiar.
Andrea fue la más privilegiada, quizás. Cuando empezó a crecer tuvo más cercanía con Don Mundo y además de padre e hija se hicieron grandes amigos. Por las tardes, cuando terminaba su trabajo en la parcela, con las vacas y las piñas, volvía a la casa y en un tiempo libre le pedía a Andrea que le ayudara a hacer las cuentas de cuánto ganaría si juntaba una tonelada de piña en la empacadora. Mundo, quizá no sabía leer ni escribir, pero los números nunca le fallaban.
“Siempre hacía sus cuentas con una varita en la tierra.Cuando yo hacía la cuenta en una hoja me decía: “¿Cómo vaa ser eso, Andrea? Si yo ya sé cuánto es, hazle ahí otra vez”, y hasta que por fin me salía bien el resultado.”
Al llegar los días difíciles del cansancio en la vida de Mundo, Andrea se convirtió en su enfermera y su asistente personal, cuidando cada detalle y cada risa, los vendajes y sus alimentos. El gran señor dejó de ir al campo, caminabalento, con cuidado y a veces arrastrando los pies.
“A él le dio erisipela y párkinson y como yo iba a cursos de enfermería pues lo cuidaba. Por la erisipela se le hizo una llaga en su pierna y todos los días tenía que curarle y algunas veces necesitaba cortar la piel muerta, era de un color muy oscuro. Siempre me tuvo confianza para esas cosas.”
Pero, Andrea tuvo que viajar a Xalapa en busca de nuevas oportunidades e intentar apoyar a su familia monetariamente y a un tiempo de su estancia en esa ciudad, con un trabajo matadísimo y mal pagado, volvió cuando le llamaron al hospital para decirle que Don Mundo, el hombre fuerte einvencible, había cerrado sus ojos para siempre a los 84 años.
“Yo sé que él era bueno, porque después de los años, cuandotodos conocimos a Juliana, ella le pidió perdón y leagradeció, porque a pesar de todos sus rechazos él estuvo al pendiente de ella.”
Andrea menciona que siempre le hará falta la presencia deMundo a pesar de las situaciones difíciles que ocurrieron en casa, pues un padre siempre será importante en la vida de cada persona sin importar como haya sido la historia.
“No crecimos tan perdidos. Fue un padre que a su manera nos dio amor y valores.”
Estoy muy cerca de cumplir 24 años. No creo que tenga que estar lista porque estoy aprendiendo a vivir cada día. Despierto y siento el aire volando por mis pulmones, paseando por mi nariz y siento el dulzor del desayuno poco convencional que elijo todos los días.
Ya recuerdo que había escrito algo cuando iba a cumplir 23 y me parece que no ha habido tantos cambios, o quizá los hubo pero no fueron los que tenía planeados. De igual manera estoy bien; no estoy decepcionada.
Veo que lo que no ha cambiado en mí es que a pesar de tantas tonalidades poco favorables para mi lienzo, no he perdido la inspiración ni he apartado mis ojos de las estrellas. La luz del sol y la luna siempre van conmigo, incluso los siento más cercanos.
Creo que la edad solo aumenta, la vida se nutre, las experiencias aparecen y los sueños empiezan a tocarse. No hay un camino exacto por andar, porque la vida cambia y así mismo cambian las ideas, las expectativas y los ideales que tenemos; todo va formándose en el presente; nada está hecho.
A mis casi 24 años he vivido tantas cosas que no imaginaba y he abrazado al amor y la amistad con tantas ganas, que he jurado no perderme de nada que mi corazón me pida sentir. Ya no tengo miedo de vivir, porque sé que tarde o temprano todo se resuelve y cada pieza toma su lugar.
Sigo impactada por el milagro de la vida que estoy presenciando. Simplemente estoy agradecida por lo que tengo, aunque a veces tener tanto me da miedo porque puedo perderlo. Eso me asusta. Pero al mismo tiempo lo atesoro con mucho amor, lo protejo y lo cuido.
Es una maravilla poder despertar después de haber sentido que la vida no tenía ningún sentido. No importa si he lamentado vivir alguna vez; todo pasa por una razón que por ahora desconozco, pero siempre pasa lo mejor.
Estoy destinada a la construcción del mundo, tengo destellos por compartir con mis amores. No sé qué es lo que pasará mañana, no sé si mis semillas van a germinar; mucho menos sé en qué momento tomaré la decisión. Solo estoy segura de que esto es lo que tengo y lo amaré con tanta libertad que lo que me llegue a pertenecer aparecerá en mi camino, sabiendo que si existe en mí es porque lo necesito.
Esta soy yo actualmente; esto es lo que tengo para dar ahora. Sé que mientras avance el tiempo mi construcción personal seguirá en marcha. Por ahora me conozco más; me sorprendo de la persona en la que me he convertido y quiero pensar que esta travesía ha valido la pena.
Ahora soy quien soy y me siento bien, con la oportunidad constante de mejorar hasta ver que al finalizar mi era, habrá una gran historia por contar; una historia llena de polvo de estrellas y figuras en la arena.
2024
Tengo sueños que no me dejan dormir. Sueños que buscan ser terminados de acuerdo a un plan que desconozco.
Nunca pensé que la dinámica de convertirme en una persona adulta tuviera tantas palabras que me llenaran de prejuicios. Me asombra tanto la comparación que generamos internamente con los demás.
Tengo imágenes en mi mente; se mueven y colapsan cuando cierro los ojos. Una lista de pendientes sin terminar.
Me da miedo no vivir. Me da miedo perderme del tiempo, de lo que aquello me regala. Temo no poder estar ahí cuando toque las estrellas.
Tengo sueños que se dibujan desde la infancia. Motivos para poder seguir soñando que todo se vuelve real.
No creo que sea la única persona con estas cosas en la mente; alguien más también se encuentra en una situación de desesperanza tal y como yo lo estoy.
¿A qué le teme el mundo cuando es posible que no vuelva a salir el sol después de la luna? Hay un remolino de confusión de emociones que se entrelazan y agitan toda la seguridad que había construido, esa creencia en que todo va a estar bien.
Existe en mí la incertidumbre de que la vida siempre tiene dos caminos como opción y no quiero equivocarme al no elegir lo correcto.
¿Cuántas cosas he perdido por ir a la derecha? ¿Cuántas manos he soltado por ir a la izquierda? ¿Aquel camino por el que voy será el indicado? ¿Hacia dónde se irán esos anhelos que cuelgan sobre la cama antes de dormir?
No quiero caer en un pozo donde no hay ni una gota de esperanza. Sufriría si en algún momento llegase a sentir que todo se ha terminado y que ya no queda nada por andar.
Tengo miedo de perderme y al mismo tiempo extraviar todo lo que le da un poco de sentido a mi existencia. No quiero quedarme con las ganas de vivir el brillo del sol, la luna y las estrellas. No quiero perderme de nada bueno, porque nunca me he perdido de algo que me duela.
Me da miedo no vivir mis sueños, me aterra no poder sujetarme a ellos tan fuerte como alguna vez los quise convertir en realidad.
En este escrito quiero enfocarme en la paciencia. Algo que a muchas personas nos cuesta mantener o expresar.
La paciencia, según la biblia de las palabras ( o sea, la RAE) significa: “Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Temple, aguante, tolerancia, entereza, estoicismo, perseverancia, conformidad, resignación, serenidad, tranquilidad, calma”.
Para otras personas, la paciencia es: saber esperar, no acelerarse, no andar correteado.
Según yo, con mi experiencia, la paciencia no es más que el sinónimo de “calma” para enfrentar cualquier situación que suele ser compleja o que deseamos que ocurra al tronar los dedos. No es un estado de relajación, es el hecho de tener esa disponibilidad de tiempo para que las piezas vayan tomando su lugar.
¿Por qué quiero hablar de la paciencia? Porque siento que la estoy perdiendo. Es claro que cada persona tiene un límite y yo conozco el mío, por eso empieza a preocuparme que estoy sintiendo la desesperación de salir corriendo de algo que apenas empecé: un trabajo formal.
A veces siento que esto no tiene mucho sentido y necesito una barita mágica para que ocurra, más que una palmadita en el hombro. Todas esas palabras de aliento a veces no encajan en lo que necesito. Aunque hay momentos en que ni siquiera yo sé qué es lo que necesito.
He escuchado brevemente las historias de mis colegas en sus etapas de capacitación, no hay mucha diferencia pero tampoco hay algo similar en cuanto a mi breve historia laboral. También tardaron en acoplarse, pero sus resultados fueron más rápidos que los míos. Al mismo tiempo, tuvieron momentos en que ya querían tirar la toalla, pero siempre existió la motivación para seguir adelante.
Ese adoctrinamiento siempre existió, por ejemplo, cada lunes hacen una junta e inician con palabras de motivación, justamente como lo hacen los de recursos humanos cuando hay alguna fecha muy importante o algo similar. Es importante comentar que no todas las personas le funcionan el mismo método, en este caso, las charlas son videos motivacionales; considero que a mí me funciona un poco el hecho de plantearme objetivos.
Estoy teniendo paciencia. Toda la calma del mundo. El tiempo relajado. La mente brevemente tranquila. Y toda la disposición de que las cosas se muevan a su propio ritmo.
¿Qué puedo decir ahora el lugar de esa costumbre de decir “lo quiero ahora”?.. “Aguanta corazón, no seas cobarde.” O como dicen los señores: “No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar” o “Los tiempos de dios son perfectos”… Cualquiera está bien.
Todo sucedió mientras estaba en uno de los parques más famosos de la ciudad y en lo que esperaba a un amigo, yo me concretaba en la belleza de un hombre desconocido, algo que ultra extrañamente sucede conmigo. Era un hombre tan adecuado a mi descripción de hombre físicamente perfecto, que me puse a pensar las maneras en las que me podría acercar a él y platicar. Aunque no encontré ninguna forma y es obvio que si me llegaba una idea de cómo hablarle tampoco lo iba a hacer.
Sucedió la magia de los cinco segundos y él chico me miró. Nos miramos, mejor dicho. Luego de esos pequeñísimos instantes bajó la mirada. A lo lejos se sentía la tensión de ser visto por alguien extraño que te genera curiosidad.
Durante este proceso de observación quise ignorar mis impulsos y me dispuse a tomarle fotografías a mi ternurín; una figurita japonesa coleccionable en forma de conejito con vestido rojo. Se llamaba Nur. Después de la sesión de fotos, guardé a Nur y me cambié de lugar, quise moverme de la fuente a una banca y desde ahí contemplar al sujeto que tenía proporciones perfectas y piel canela.
Por alguna extraña razón quise revisar mi bolso y me di cuenta de que Nur tenía atorado un boleto de autobús en su vestido, lo sacudí y el boleto se desprendió. Mi ternurín ya estaba libre de la atadura de ese boleto, así que lo guardé en mi bolso. Desgraciadamente no me di cuenta de que Nur no cayó dentro de la bolsa, sino que cayó afuera. Y yo seguí con el objetivo de tratar de averiguar quién era el chico tan guapetón que estaba yo observando.
Me percaté que aquel joven apuesto también se había cambiado de lugar, aunque después volvió a moverse y al caminar se detuvo para amarrar sus agujetas. Después siguió su camino y entonces pensé que sería buena idea irme a sentar en el lugar donde él estaba.
Me fui sin revisar el lugar donde yo me había sentado para asegurarme de que no olvidaba nada. Llegué a la banquita abandonada en donde él descansó por un tiempo y ya lo había perdido de vista. Volteaba como si yo tuviera el cuello de la niña del exorcista, pero no alcanzaba a verlo.
Estaba claro que después de tanta belleza y observación necesitaba distraerme por un momento y me dispuse a pintar una de las figuritas de yeso que vendían en un puestecito. Elegí pintar un triceratops, seleccione los colores y pagué $50. Fui a la mesita que tenía el puesto y ahí me senté a pintar mi dinosaurio.
Para inspirarme más, puse música en mis audífonos a todo volumen. A la misma mesita llegó una joven con un niñito; pintaban un zombie. A los pocos minutos llegó mi amigo, el cual me había citado en el parque para que lo ayudara con un pequeño video. Me acompañó a que terminara de pintar mi triceratops y quise presentarle a Nur, corrí el cierre de mi bolso y no lo vi, hurgué en el bolso y no lo encontré, saqué las cosas de mi bolso y no había rastro de ningún ternurin.
Me puse muy triste pero al mismo tiempo no dejé de pintar mi dinosaurio, así que en lo que terminaba mi obra maestra mi amigo se puso a buscar mi ternurin. No lo encontró. La búsqueda no fue exitosa.
Cuando terminé de pintar mi dinosaurio fuimos juntos a buscar a mi ternurin, incluso estuvimos preguntando si alguien lo había visto, pero la gente me decía que no. Finalmente, acepté que mi criatura había sido extraviada y robada.
Hicimos los videos de mi amigo y luego volví a casa. Para desahogarme inmediatamente le conté a mi mamá lo que había sucedido. Este suceso tan deprimente me había tocado a mí. Hice algunas publicaciones en redes sociales para que me ayudaran a buscar a Nur, pero ya ha pasado una semana y no he tenido respuesta alguna.
Creo que la moraleja de todo esto es: si vas a salir con tu ternurin, usa una transportadora y si no tienes transportadora, mejor no te lo lleves. Aunque también la otra moraleja puede ser que no andes espiando a los hombres guapos porque puedes perder la noción de lo que haces sin darte cuenta de que has perdido tu ternurín.
Me gusta pensar que las cosas mejoran y que con el tiempo la vida deja de doler, o que al menos el dolor disminuye.
Últimamente me cuestiono mis capacidades y atrevimientos. No dejo de replantear la idea. El deseo de querer desaparecer es como un fantasma que no se ve, pero sabes que está ahí, oculto, tal vez, tras la cortina o debajo de la cama y sabes que ese fantasma se abalanzará sobre ti cuando menos lo esperes. Y no importa si eres fuerte o no, cuando no lo esperas lo más probable es que pierdas.
Casi a diario me pregunto cómo se sentirá elevarse con el desprendimiento entre el cuerpo y el alma; escabullirse de la vida y acribillar a mi propio ser. No debería de pensarlo tan seguido, porque entre más lo pienso más quiero hacerlo. Tengo tantas ideas, demasiadas maneras, puntos de reacción y decisiones que se pueden avecinar después de un pequeño salto.
¿Cómo puedo lidiar con una mente que al mismo tiempo es una mazmorra, una casa del terror? ¿Qué puedo decirle a esos pensamientos, además de tratar de silenciarlos? ¿Por qué tengo tantas ideas y opciones? ¿No se supone que debo disfrutar la vida en lugar de planear mi muerte?
De verdad es tan complicado estar ahí adentro con una villana que se ve igual que yo. Es inquietante ver la cantidad de horrores que pasan dentro de la mente y no saber cómo expresarlo. Suelo ser muy insistente con esas imágenes tormentosas que van una tras otra acumulándose en un lugar donde ya no hay vacío, mientras que por fuera doy afirmaciones y sonrisas que honestamente sé que no son falsas.
Me gusta pensar que las cosas mejoran y la vida deja de doler… Lo interesante es que mi vida se está acomodando y han llegado a mí una gran cantidad de cosas buenas y a pesar de eso mis planes no cambian. Quiero huir de la vida. Quiero apagar la luz y que ya no se escuche nada. Quiero dejar de sentir ese dolor de espalda, el ardor en el estómago, la pesadez en el cuello.
Sueño con cerrar los ojos y ya no abrirlos, que las labores se detengan y que cada suspiro se termine. Anhelo esa nula existencia que sólo permanezca real en la historia de quienes me han conocido, un disparo que detenga la respiración; la vida.
Eso espero… Y tengo miedo de esperarlo.
¿Hasta dónde puede llevar el anhelo de ser madre?, ¿cuáles son los límites y formas que el amor maternal tiene ante las dinámicas sociales?, ¿qué están dispuestas a aguantar o perdonar las madres por sus hijos o hijas? Estas preguntas resonaban en mi cabeza mientras me adentraba en la historia de Norma, en una Xalapa de los años 60’s.
“Invierno”, es el primer libro de la autora xalapeña Arely Alarcón Valladares, donde nos presenta a una joven Norma que busca la vida que ella pensaba perfecta, planteada en la temporalidad donde habita; que no se nos olvide su contexto. La búsqueda de la familia ideal, el matrimonio perfecto, la vida hogareña sencilla y perfecta que tanto había anhelado se va haciendo realidad poco a poco, a lo largo de las palabras que la autora hila para adentrarnos en la ficción de Norma, una realidad eco del pasado.
La novela corta nos muestra las tradiciones y pensamientos sociales que se vivían en la capital del estado por aquellos años, pero que son común en cualquier rincón de nuestro país, quizá hasta nuestros días. Nos narra de forma tan sencilla, pero con toda la técnica consiente, como Norma se enfrenta a los altibajos de la vida: la pérdida de seres queridos, el amor, la fidelidad, las relaciones humanas con aquellos que no son familiares directos, la maternidad, el crecimiento/envejecimiento humano, la vida y la muerte misma; son algunos de los temas que aborda a lo largo de sus paginas, con imágenes tan bien elaboradas que nos lleva por una lectura tan ágil y placentera.
Claro que Arely no nos iba dejar con un relato tan sencillo, pues todo se complejiza con las decisiones que Norma debe tomar, dándole al relato momentos tan mágicos, surreales y de meditación profunda. “Invierno”, es de esas novelas que una vez que comienzas no sueltas hasta terminar, sin que te des cuenta, quizá, pero qué te adentra sí o sí en el universo de Norma, en el universo de Arely.
“Invierno” será presentado este 30 de junio en punto de las 6 de la tarde en la librería Hyperion, ubicada en Octavio Vejar #59 Ensueño, en la ciudad de Xalapa. Ahí mismo se podrá adquirir el ejemplar, además de tener un breve conversatorio con Arely para conocer más de su primera obra.
José María González
Artista escénico, docente y autor de “Voces de mi Jardín” (2022).
Supe que era necesario hablar de esto porque muchas personas también suelen abrumarse con tantos acontecimientos dolorosos que se suscitan en el mundo que habitamos. Es tan impactante entrar a redes sociales y ver tantas noticias que no hablan de una sociedad herida, una naturaleza averiada, ríos y mares abandonados por el agua, mientras los niveles socioeconómicos más destacados continúan abarrotando sus vacíos con ropa, teléfonos, autos y avaricia.
No es un secreto que actualmente estamos viviendo desastres naturales y no tan naturales, los cuales se intensifican por la actividad humana. No hay necesidad de irse tan lejos y es suficiente con voltear a ver el entorno donde crecemos. Al menos en mi estado, Veracruz, hay gran cantidad de incendios forestalesque se han estado incrementando por la temporada de calor y, por si fuera poco, la falta de agua (potable o pluvial) hace que estos incendios no puedan controlarse pronto.
¿A qué nos lleva el dilema anterior? Las montañas se están quemando, y sin los árboles que crecen en esas montañas, la fauna también se va; se empiezan a modificar o eliminar los pequeños ecosistemas que hacen funcionar a los demás, la calidad del aire no es la misma, la desgracia se extiende y llega hasta las localidades, dejando sin hogar a la gente.
Por otro lado, en los últimos días, la ola de violencia ha arrasado hasta en el ámbito político en diferentes puntos de México, en el cuál, varias candidaturas se quedaron sin representante debido a que fueron asesinados durante las campañas electorales. La lucha por el poder se vuelve cada vez más sucia, incluso si hace algunos años ya era algo turbio hablar de política.
¿Qué pasa si miramos más lejos de lo que hay a nuestro alrededor? Las malas noticias no se acaban. Hay genocidios, invasiones y desastres por no coincidir, por ser un mundo diverso, por tener diferencias culturales o políticas. Miles de inocentes han sido asesinados en el oriente, las infancias y las mujeres son descartados de la lista de beneficiados por los derechos humanos. La sangre se derrama. Nadie se mueve y si haces algo, no pasa nada.
¿Qué le hace falta al mundo? ¿Cuáles serán los árboles que darán flores o frutos? ¿Qué construcción de sociedad recibirán las infancias del futuro? ¿A caso es una pesadilla de esas que se repiten noche tras noche en donde hagas lo que hagas no puedes salir hasta que se hace costumbre tener sueños malos?
Debido a que me enfrasqué en el mundo de la lectura, quiero desahogar todo lo que me ha causado el libro Una Casa Con Jardín escrito por Itzel Guevara del Ángel; una mujer que durante la menos dos décadas ha estado dirigiendo bibliotecas escolares la ciudad de Xalapa, Veracruz.
¿Queremos más? ¿Necesitamos más? ¿Antes éramos más felices? ¿O no? Son preguntas que se hace una niña, la cual ha decidido dejar de poner atención a su propia vida infantil y escuchar las conversaciones de los adultos, diálogos hirientes y graves para una nena.
La pequeña protagonista de esta historia observa la vida pasar mientras su padre empieza a tomar decisiones por su propia cuenta sin consultar a los demás, ni siquiera a su propia esposa, adquiriendo nuevas propiedades, un nuevo auto, un arma y a otra persona que ocupa el nombre de “amante”. Este es el punto de partida para que se descarrile todo lo que alguna vez fue llamado hogar, todos los recuerdos en donde queda la frase “antes éramos más felices” y desmoronar de manera silenciosa a dos hijos de esta familia, sobre todo a la niña, quien es la hermana mayor y que, por lo tanto, entiende un poco más de la vida.
No hace falta revelar nombres o edades para darse cuenta de que el entorno en el que vive el retrato de esta familia es tan real, humano y cruel al mismo tiempo. Lo peor de todo es que muchos hogares viven cuestiones similares; infidelidades que desencadenan rupturas de hogares, crisis emocionales, miedo, angustia, baja autoestima, furia y desesperación.
Cuando la familia — el primer círculo social que se tiene— se empieza a fragmentar, las consecuencias emocionales son serias, aunque comúnmente se suelen ignorar y se dice que son cosas que pasan y hay que aprender a vivir con ello. Si lo vemos desde otro ángulo, los divorcios crean traumas, miedos, resentimiento y otros aspectos negativos en la vida de los niños, a pesar de que los primeros afectados son los padres.
En la lectura de esta obra, la pequeña protagonista acepta que tiene miedo, le teme a la noche, a los gritos y a las discusiones entre sus padres. Ella tiene miedo de que el arma que guarda su papá algún día sea tomada y esta vez sí tenga balas. Ella tiene miedo de que su papá se vaya de la casa y si se va, ella tiene miedo de que no quede nada de él en la recámara y si ya no queda nada, se olvidará sin querer hasta del olor de su padre. Ella le teme a la ausencia, al vacío, al dolor. Ella tiene miedo de sentir miedo y que al sentirlo se le salga el corazón por la boca.
La nena teme que un día su papá no vuelva, pero si vuelve, él buscará sus cosas y sabrá que mamá ha tirado todo a la basura; las fotos, los diplomas, la ropa, zapatos y documentos que le recuerdan a él, incluso las latas de chiles que están en la alacena. Ella teme que llegue el domingo y que su papá le diga que no puede pasar tiempo con ella y su hermanito porque está en un viaje de trabajo, o con su amante, aunque nunca lo diga.
¿Cuántas familias están viviendo algo así? Es probable que nadie pueda comprender tanto está situación hasta que la esté experimentando. Es tan triste escuchar insultos pasivos, de esos que se disimulan con otras palabras para disfrazar la violencia. Es tan triste crecer en una familia en la que todo el tiempo hay discusiones y al mismo tiempos es difícil ver cómo es que empiezan a separarse.
Este libro es tan transparente con cada descripción que al final, después de tanto miedo, queda un vacío y la necesidad de querer abrazar a la niña y decirle que todo va a estar bien. Eso es lo que muchas personas desean; que todo esté bien.
Una Casa Con Jardín, como lo dice en su sinopsis, es un retrato familiar tan detallado por una niña que empieza a descubrir el mundo y que tiene sus propias opiniones sobre lo que escucha y observa. Es la descripción de cómo las luces de la infancia se van a apagando cuando no hay tacto para hablar de los temas difíciles.
La obra es el detalle a detalle de cómo hasta los miedos, los prejuicios y la forma de resolver los conflictos o de vivir la tristeza se aprende, formando un carácter que en el futuro tendrá consecuencias si se deja de lado que la terapia psicológica es para “locos”.
Itzel Guevara del Ángel tiene magia en las manos cuando escribe y hace que puedas sumergirte en el personaje, logras escuchar lo que siente, lo que vive y lo que duele. Es la primer obra literaria que conozco de ella y sé que hay más inspiraciones en su mundo creativo.
Lee Una Casa Con Jardín y sabrás que todo tiene su manera de ser y expresar, solo falta aprender el mayor poder de los seres humanos: la comunicación. Ya te darás cuenta de lo que te hablo…
Mientras la vida avanza se toman decisiones estratégicas que supuestamente nos aseguran un futuro estable o al menos, un futuro no tan ajetreado. Planeamos tener un trabajo de por vida que nos ayude al sustento diario del hogar, los gastos médicos y demás, pero ¿Qué pasaría si al menos, por un día de a la semana le dedicaras unos minutos a aquello que soñaste en la infancia?
Cuando pasa el tiempo y nos empezamos a alejar de la niñez, aquellas cosas que deseábamos en ese entonces comienzan a cambiar. A veces obligamos al corazón a aterrizar sus ideas, orillándolo a elegir algo que encaje en la sociedad, hasta en la propia familia.
¿Cuáles son tus sueños? ¿Cuáles son aquellas cosas que tanto anhelas? No dejes de lado tus pasatiempos, no dejes de hacer esas actividades que te dan tranquilidad. Tú puedes ser gerente de un banco, pero también tienes esa oportunidad de cantar al menos en las fiestas, puedes hacer tus propios cuadros y pegarlos en tu pared, puedes enseñar a leer a tus familiares, puedes construir aviones con palitos de madera… Hay tantas cosas que podemos hacer si solo recordamos aquello que queríamos.
Oh, pero qué felicidad cuando nos llegan las noticias que soñamos desde la infancia. Qué hermoso es saber que a alguien le parece increíble el timbre de tu voz o que elogien la forma en la que bailas, o escribes. Es genial cuando explicas algo y es sencillo de comprender.
Al menos desde mi círculo social, muchas personas han deseado vivir el sueño de ser artista, ser creador de una obra maestra. Si hoy le pregunto a esas personas a dónde fueron sus sueños es probable que algunos respondan que esos eran sueños infantiles y en otros casos, puede haber alguien que me diga que ese sueño se hizo realidad.
Cuando yo era una nena soñaba con ser cantante y después de que pasaron los años me hice justamente estas preguntas que planteo aquí y me sentí tan mal de dejar que esa pequeña niña notara que no estaba haciendo nada de lo que le prometí. Actualmente no hay día en que yo no cante y le pongo muchas ganas, aunque no esté, por ahora, grabando un disco. Pero lo hago porque eso me llena y con eso sé que ya gané.
Querido lector, tú nunca dejaste atrás a esa pequeña criatura que deseaba ser astronauta, o pianista, especialista de la salud o deportista (o algo que te gustara) … Nada de eso se ha quedado atrás, y si está muy atrás es porque está en el fondo de tu corazón.
No olvidemos que todavía, en algún rincón de nuestra existencia, hay alguien preguntando en dónde está lo que algún día soñamos. ¿Qué le vas a decir?
La mente en blanco no tiene ideas o todas las letras están encimadas y son blancas. Despeja la ecuación de lo que quieres contar.
Siempre hay algo que escribir, conversar o cuestionar aun cuando parece que no hay nada más qué decir. No es posible que la mente se quede hablando sola y por esta razón no se externe el sentir. Es parte de liberar.
Pregunta algo a tu interior y dale profundidad. Ahí es donde se descubre que las cosas tienen un sentido. O no. Es como volver a ser una criatura que quiere saber todo. Y eso no es malo, al contrario, incrementa la capacidad de asombro.
¿Qué pasa si no siento nada? Pregúntate ¿por qué? ¿Qué pasa si siento muchas cosas? Clasifica lo que sientes ¿Eso te gusta sentirlo o no? Cuando ordenes lo que sientes entonces tendrás el material suficiente para escribir si algún día te sientes sin ideas.
Yo aún sigo hablando de cómo ha lidiado mi corazón con el dolor de una decepción, a veces hablo de los pocos recuerdos que tengo de mi infancia o de lo inmenso que es el universo ante los problemas de la vida cotidiana.
Hablo de los sueños que tengo y reflexiono las señales que me pueden dar, por ejemplo, soñé una metáfora de mandarinas y su dulzura contra su acidez, comparándolas con una amistad. Eso hasta puede resultar poético.
Las técnicas se consiguen con la práctica, al igual que los músicos no deja de ensayar. El acercamiento a las cosas que se disfrutan es vital para poder sumergirse en un mundo donde una tarea se puede volver un pasatiempo.
Si eres una persona que a menudo está sobre pensando o creando mundos imaginarios o respondiendo de una y mil formas la misma pregunta, seguro que tienes muchas cosas de las que puedes escribir. De ahí nacen buenas historias, buenos libros y largas conversaciones que pronto dejarán de ser incómoda.
