(mardepoesia__)
- Hola! Mi nombre es Marcela, pero también me llamo Galilea (es mi segundo nombre) y muchas personas me dicen Galy también. Claro que siempre me hacen las mismas preguntas de que si mi nombre es por Galileo Galilei o por Galilea Montijo, pero nadie me pregunta sobre el mar de Galilea.
- Actualmente soy estudiante de administración, estrategia y transformación con concentración en mercadotecnia y escritura creativa.
- Me apasiona muchísimo escribir poesía e inventarme historias en mi cabeza, aún más si son tristes. Antes necesitaba inspiración, pero de pronto mi mente se acostumbró a los pensamientos catastróficos para poder escribir aunque todo esté bien en mi vida.
- Tengo una cuenta de poesía en Instagram donde subo fragmentos de poemas míos, estoy como @mardepoesia__
- Me gusta leer libros de poesía contemporánea (verso libre) y libros de ensayo que tengan que ver con la psicología humana.
- Comencé a escribir porque conocí a una persona que me inspiró tanto que tenía que sacar mis sentimientos de alguna manera u otra.
- Soy instructora de pilates y me encanta, pero en general el ejercicio me apasiona (solo no la bici, prefiero priorizar el bajo impacto, mi movilidad, mi fuerza y las pesas).
- Me encanta tomar café y té matcha (en lattes helados y siempre con leche de avena y mucho hielo).
- Soy amante de los perros y me gusta ayudarlos siempre que existan en mi las posibilidades.
- Solo veo películas o series de amor o de comedia, no me gusta el suspenso ni el miedo.
2025
Los escritores (y nos llamo escritores, aunque no seamos aún publicados por una editorial, a todos los que amamos la escritura) somos un tanto raros; usuales, pero raros. Porque es cierto que nos pasamos horas inventándonos mentiras en cualquier esquina de cualquier habitación o cafetería, en cualquier ciudad, a cualquier hora del día, en cualquier libreta, y con cualquier pluma o lápiz que tengamos a la mano. Pero existimos muchos en el mundo, de hecho, lo normal es ser raro, lo inusual es no serlo.
Por lo menos yo, que soy poeta, o aspiro a serlo, me la paso escribiendo cualquier cosa que se me venga a la mente en cualquier momento, no importa la hora, o lo que esté haciendo. Muchas veces, ocurre cuando voy manejando, y me veo en la necesidad de dictarle a mi teléfono lo que quiero que escriba en mis notas.
La mayoría de estas, son mucho menos de la mitad de una idea, quizás solo un par de palabras, pero siempre es la más importante del texto, la idea más detonante.
Y sí, también como poeta, me la paso inventando mentiras, no es algo que caracteriza únicamente a los novelistas. Me invento que mi novio me engaña, que mis amigas me traicionan, y que mi gato se escapa por la ventana de mi cuarto.
Aunque nunca he tenido un gato, pero me gustan, pero soy más amante de los perros, de hecho, tengo dos, y son los amores de mi vida.
Pienso que de las mentiras que me he inventado, mi favorita ha sido la de un amor que nunca pudo ser, o más bien, un amor que simplemente no fue. Un amor que solo existió en mi cabeza, y por tanto tiempo que su recuerdo se convirtió en hogar.
Fue una estrella fugaz que pasó por mi ventana, y tenía pestañas rizadas.
Ese falso recuerdo me leyó las líneas de las manos, y encontró constelaciones en ellas. Sus huellas se quedaron marcadas en mi espalda, y lo único que me quedó de él, fue el libro que me regaló, un regalo que su exnovia le había dado.
Todo eso solo sucedió en mi cabeza. Aunque su llegada sí fue parecida a la de una estrella fugaz que tenía pestañas rizadas, y su recuerdo sí se convirtió en hogar, pero nunca me regaló un libro, y mucho menos me leyó las manos.
A lo que quiero llegar con todo esto, es que me parece fascinante la cantidad de raros existimos en el mundo, seamos novelistas, poetas, cualquier tipo de escritor, o de artista.
Es increíble que exista tanto arte alrededor de nosotros, y que a la vez estemos tan cegados a ello; se ha convertido en algo mundano, no sabemos cómo apreciarlo a simple vista.
Lo apreciamos hasta que algo dentro de nosotros explota y necesitamos encontrar un escape, y algunas veces, encontramos otros escapes dentro de los que ya existen en nosotros. Algunos los encontramos en los libros, ya sea de novela, ensayo o poesía; algunos en las canciones, en el ritmo de ellas, en los instrumentos, o en sus letras, que por lo menos yo, las categorizó como poesía.
Porque ¿Cómo me vas a decir que “ahora mis ojos derraman lluvia ácida en el lugar que solías recostar tu cabeza”, no es poesía? No me hace ningún sentido. En fin, me encanta saber que vivo en un mundo donde la normalidad es igual a la rareza.
