- Mi pasión es superarme todos los días, el pádel es la prueba de que puedo lograr lo que me propongo.
- Mis padres me han enseñado a la perseverancia y el éxito, seguiré luchando hasta el fin.
2025
No sé exactamente lo que debería escribir en un artículo, y más cuando sé que hay personas con experiencias más profundas que las mías en el pádel, pero trataré de escribir lo que sé. Lo que sé es que llevo haciendo deporte toda mi vida gracias a mi papá, que me enseñó lo que es la disciplina en cualquier meta que yo quisiera lograr. Me enseñó a luchar por cada punto y que una derrota es una experiencia que me ayudaría a llegar a la victoria. En el pádel pude reunir todas las herramientas que me dieron mis papás para poder destacar.
Les contaré un poco de cómo mis papás me ayudaron a alcanzar estas herramientas de las que hablo. Mi papá, Mariano Olvera, es un hombre que desde pequeña me enseñó lo que es la disciplina. Me hizo conocer lo que es ser puntual, llegar antes que todos aunque fueran mejores que yo. Aunque sabía que había una gran posibilidad de que perdiera el partido, me enseñó a ir todos los días sin falta. Mi papá me enseñó lo que es un compromiso; es la razón por la que puedo decir que me mantengo ejercitándome aunque sea día de descanso. Es un hombre que me sigue enseñando aún más lecciones, pero ahora puedo decir que es parte de mis logros y sueños.
Por otro lado está mi mamá, Verónica García, la mujer más fuerte que yo he conocido. Mi mamá me enseñó a levantar la cabeza aunque haya fracasado, me enseñó a enfrentar cada situación que se me presente tanto en la vida como en la cancha. Han sido muy pocas las veces que he visto a mi mamá en una posición de derrota; ella no acepta perder, siempre ve el lado bueno de cada situación para crecer y ser mejor. No podría levantarme todos los días a enfrentar lo que venga sin que ella fuera mi mamá. Siempre me dice: “Llorar no sirve, actúa y resuelve.”
Tengo unos grandes padres, trabajadores y luchadores. Todo lo han conseguido de la manera más honesta posible, y por eso puedo decir que tanto mis hermanos como yo estamos aquí. Mis hermanos… comenzaré por mi hermano, Mariano Olvera Jr., quien ha logrado sacarme de mis casillas para poder reaccionar y enfrentar el mundo día a día. Sin mencionar que todo lo que sé del pádel se lo debo a él: mi más grande maestro. Siempre diré que es el mejor jugador de pádel que alguna vez vi. Mi hermano tiene un talento único que eleva el partido a otro nivel. Tanto mi familia como yo compartimos ese sentimiento. Mariano tiene una euforia que te transmite durante el partido y creo que eso es algo único. Aunque se equivoque, es un joven honesto y ejemplar para mí.
Por último está mi hermana. No es la menos importante, pero sí la más chica de la familia, y ella es alguien que se come el mundo en un segundo. Aprendió a leer y escribir sola, no necesita a nadie para nada, sabe lo que quiere y lo logra. Le falta mucho aún, pero lo que llevo siendo su hermana nunca deja de sorprenderme con todo lo que sabe hacer sin ayuda de los demás. Mi hermanita es un claro ejemplo de que las cosas se logran si te empeñas en ellas.
Ya compartí un poco de dónde vengo, pero ¿quién soy yo?
Mi nombre es Fryda Olvera, nací en Cd. Victoria, Tamaulipas. Me fui a vivir muy chica a Durango y ahí crecí hasta que vine a estudiar a Monterrey. Actualmente acabo de egresar de la carrera de Contaduría Pública en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Trabajo en un despacho contable fiscal, estoy estudiando una maestría en Impuestos y aun así creo el tiempo para seguir practicando el deporte que me gusta, porque quien quiere, puede.
Me levanto diario para entrenar o salir a correr, después me voy al trabajo y, al salir, tengo maestría. Termino mi día alrededor de la 1:00 a.m. porque entreno después de la maestría. Ese es mi día de lunes a sábado. Los domingos los uso para entrenar y prepararme para el inicio de la semana.
A muchas personas les da pereza mi rutina porque piensan que no tengo tiempo para mí, para descansar. Pero algo sí puedo decir: mientras todos duermen, yo sigo avanzando, porque el día, las 24 horas, no son suficientes para mí. Por mí, necesitaría que el día tuviera 70 horas para poder realizar mis actividades completas: deporte, tarea, clases, entrenamiento, comidas, etc.
Algunos lo ven como un problema tener un día así, pero yo lo veo como una inversión a mi futuro. Hoy en día hay tanta competencia, el país se queda más pobre y con falta de oportunidades, y desde hace muchos años yo sabía que no podía ser ordinaria en el sistema, obedeciendo y escondiéndome. Mido 1.60, pero me siento de 1.80 por el impacto que tengo en lo que hago. Y no es por presumir, pero a donde voy dejo huella. En eso se basa mi personalidad: autenticidad antes que todo lo demás. En la cancha se refleja mi carácter; peleo por cada pelota sin fin. Mi carácter es notorio en cada partido, y mis ganas de crecer son infinitas.
El pádel me ha dado la oportunidad de conocer mucha gente y aprender de ellos, tanto en el deporte como en la vida personal, y eso me está formando como mejor ser humano. Me ha ayudado a valorar a las personas a mi alrededor y a entender que los pequeños detalles hacen la diferencia.
Para terminar, mi felicidad se refleja en días como aquellos en los que tengo un partido y me mandan una foto al grupo familiar, donde mi abuelita —la persona que más amo en el mundo— me está apoyando desde su casa. Quita sus novelas y programas de cocina (y déjame decirte que es difícil que cambie de canal) para ver mis partidos. Habla con mis tíos sobre cómo jugué y después me marca para decirme en qué puedo mejorar. Eso me ha brindado el pádel: una unión familiar, un vínculo sano.
En los partidos “amistosos” que armamos mi familia y yo desquitamos todos nuestros enojos de manera competitiva, y déjame contarte que son días perfectos para mí. No puedo explicar las risas y momentos que comparto con ellos gracias a este hermoso deporte.
No sé si lo reflejé de manera correcta, pero el pádel le dio una vuelta de 360° a mi vida, e invito a todas las personas a practicarlo. Es una forma en la que, sin duda, disfrutarán más de la vida.
