- Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Zacatecas.
- Actual estudiante de la maestría en Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Zacatecas.
- Fiel apasionado de la política y la literatura.
- Mis pasatiempos favoritos; beber café por la mañana, leer temas relevantes sobre democracia y el football americano.
2026
La crisis que hoy enfrenta la ciudadanía en Zacatecas parece importar cada vez menos a las autoridades municipales y estatales. La constante disputa entre facultades gubernamentales y la confrontación permanente entre actores políticos solamente exhibe una realidad preocupante: nuestros gobernantes parecen más interesados en evidenciar los errores de sus adversarios que en cumplir eficazmente con las responsabilidades para las cuales fueron electos.
Mientras el Secretario General de Gobierno pone al descubierto el pésimo servicio de recolección de basura que enfrenta la capital, el alcalde capitalino responde señalando la falta de sensibilidad del Gobierno del Estado frente a la crisis que atraviesan los productores de frijol. Y aunque ambos temas son reales y afectan profundamente a miles de zacatecanos, el problema de fondo radica en que la discusión pública ha dejado de centrarse en las soluciones y se ha convertido en una competencia política por repartir culpas, en una política barata.
En medio de esa confrontación, la ciudadanía permanece atrapada entre la politiquería y el abandono institucional.
Lo verdaderamente alarmante es que esta situación se ha normalizado. La sociedad se ha acostumbrado a convivir con servicios públicos deficientes como si fueran parte inevitable de la vida cotidiana. Se normaliza esperar horas en una clínica para recibir atención médica limitada; se normaliza permanecer días sin agua potable; se normaliza transitar por vialidades deterioradas; se normaliza la acumulación de basura en las calles; se normaliza pagar impuestos sin recibir resultados proporcionales. Y cuando la precariedad se convierte en costumbre, también se convierte en un riesgo para la democracia, porque la resignación social termina fortaleciendo la impunidad gubernamental.
Durante años, distintos gobiernos han privilegiado la política del espectáculo sobre la administración eficiente. Se destinan recursos millonarios a campañas de imagen, eventos públicos y estrategias de propaganda, mientras las necesidades básicas de la población continúan sin resolverse. Pareciera que para muchos actores políticos resulta más rentable aparecer en titulares o en redes sociales que garantizar servicios públicos funcionales y políticas públicas eficaces.
La crisis que enfrenta Zacatecas no solamente es administrativa; también es profundamente ética. Gobernar implica asumir responsabilidades frente a la ciudadanía, no únicamente construir narrativas políticas ni administrar confrontaciones mediáticas. Un gobierno incapaz de garantizar agua potable, seguridad, salud, limpieza urbana o movilidad digna pierde legitimidad frente a sus ciudadanos. La función esencial del Estado no es producir discursos ni conferencias de confrontación permanente; es resolver problemas públicos, dar soluciones concretas.
Además, el deterioro de los servicios públicos golpea con mayor fuerza a quienes menos tienen. Quien cuenta con recursos puede pagar atención médica privada, servicios particulares o incluso vivir en zonas con mejores condiciones urbanas. Pero miles de familias zacatecanas dependen exclusivamente de las instituciones públicas para acceder a derechos básicos. Cuando el Estado falla, la desigualdad se profundiza y el abandono social se vuelve todavía más evidente.
Resulta preocupante observar cómo la agenda pública parece concentrarse más en las disputas políticas que en las soluciones técnicas. La ciudadanía no necesita funcionarios dedicados a exhibirse mutuamente en ruedas de prensa; necesita autoridades capaces de coordinarse, asumir responsabilidades y ofrecer resultados visibles.
Porque mientras la clase política discute competencias y reparte culpas, las calles continúan llenas de basura, los productores siguen enfrentando incertidumbre y miles de ciudadanos sobreviven diariamente entre servicios colapsados y promesas incumplidas.
La verdadera crisis de Zacatecas no es únicamente la basura acumulada en las calles o el deterioro de los servicios públicos. La verdadera crisis es que gran parte de la clase gobernante parece haber perdido de vista que el poder público existe para servir a la ciudadanía y no para alimentar confrontaciones políticas permanentes.
2025
El primer día de octubre.
Te tuve,
entre mis brazos.
Fuimos lumbre.
Las hojas de los árboles son el ruido de la noche,
no hay reproche,
los escalones,
son un derroche.
Tu risa y las luces de la ciudad,
son luminosidad.
Mantenemos el calor,
en la obscuridad.
La conexión,
parece ficción
la noche cae,
en un mirador.
El color de tu piel y la cantera,
La sensación entera,
son manifestación,
de nuestra era.
Hoy me dio por buscarte en los jardines públicos de la ciudad. Decidí llegar temprano al Jardín Juárez, pensé que quizás pasarías por ahí, que en tu rutina habitual llegarías temprano. Te esperé, te esperé tranquilo, te esperé cansado y fastidiado con el sol de mediodía.
Había algo que no podía desentrañar en el rostro de Benito Juárez, pero que me susurraba que llegarías a verlo. El mediodía transcurrió y no llegaste.
Caminé por los callejones repletos de gente, con nulas esperanzas de encontrarte, de poder verte; como un empleado sentado en la oficina de su superior esperando un aumento de sueldo.
Arribé al Jardín Independencia, te busqué entre las bancas descoloridas y malgastadas, te busqué entre libros de segunda mano. Te busqué por todo el jardín y no te encontré. Extenuado y cabizbajo, reposé desdichado de mí, de no encontrarte.
Antes de poder decir palabra alguna y vituperar mi inoperante búsqueda, una paloma se me acercó, apartó de su pico un trozo de migajón y, con una voz que parecía un gorjeo, me dijo que nunca llegarías.
Durante el sexenio del gobierno federal presidido por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), México presenció episodios de movilizaciones por parte de la ciudadanía, la sociedad civil y organizaciones políticas con intereses económicos, que evidenciaron que el país se encuentra en una grave polarización y, al mismo tiempo, en una amplia politización que no se veía en las dos últimas décadas.
AMLO ganó las elecciones presidenciales de 2018 con un 53% de los votos y una participación del 63% de la lista nominal. Sus adversarios del Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) obtuvieron un 22.2% y 16.4% de la votación, respectivamente. Estos resultados llevaron a la decadencia de los partidos que hasta ese momento permanecían hegemónicos en el sistema político mexicano.
Fue así como en 2021 el PRI, el PAN y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) formaron una alianza para las elecciones intermedias de junio del mismo año, con el propósito de recuperar parte de la arena política que habían perdido. La alianza fue patrocinada por dos líderes empresarios: Gustavo de Hoyos y Claudio X. González, ambos opuestos a los ideales de AMLO y de la Cuarta Transformación (4T). Los dos empresarios estaban conscientes de que la oposición fracasaba en su intento por resistir y frenar al presidente en turno, y convencieron a los dirigentes de los tres partidos de que la única manera de detener la popularidad de Morena y mejorar sus posibilidades electorales sería la unión y suma de fuerzas.
En 2021 los resultados electorales no fueron los esperados por la oposición, pues de 15 gubernaturas en disputa, el partido oficialista ganó 11. Esto permitió expandir las políticas públicas de AMLO y fortaleció su hegemonía. En un primer momento la coalición conformada por la oposición tomó el nombre de “Va por México”, apropiándose del color rosa que identifica al Instituto Nacional Electoral (INE), cuyo principal objetivo era regresar al poder en 2024. Por ello comenzaron a realizar movilizaciones con apariencia apartidista, a favor de la democracia en México y en contra del autoritarismo que, para ellos, representaba el gobierno de AMLO.
Las marchas se efectuaron alrededor de todo el país. La gente que comulgaba con los ideales de la nueva alianza salió a alzar la voz y a defender la democracia que, durante años, perpetuó la desigualdad económica y política en todo el territorio mexicano. Al no obtener resultados favorables ni amplia participación en sus marchas, la oposición optó por convocar otra movilización, de nombre “Marea Rosa”, cuya bandera era “defender” al INE de los abusos y de las reformas propuestas desde el poder ejecutivo federal.
Ante ello, el presidente convocó a sus simpatizantes a realizar una marcha a favor de su gobierno. Dicha movilización también se llevó a cabo en la mayoría de los estados de la República mexicana, pero fue la explanada del Zócalo capitalino la que presenció el apoyo con el que cuenta AMLO y su partido político.
La arena política en México durante el último sexenio presenció, como nunca en lo que va del presente siglo, una fuerte movilización social por parte de diferentes actores políticos, ya sea en contra o a favor del gobierno federal. Esto demuestra que existe el libre derecho de expresión y asociación, pilares de toda democracia moderna. Por lo cual cabe preguntarse: ¿el gobierno de AMLO es democrático o autoritario?
“Toda infracción de la ley es una ofensa contra el Estado.” —Thomas Hobbes
El pensamiento político de Thomas Hobbes (1588-1679) constituye uno de los pilares fundamentales de la teoría política moderna. Su obra más influyente, Leviatán (1651), surge en un contexto de inestabilidad social y guerra civil en Inglaterra, lo cual marcó profundamente su visión pesimista sobre la naturaleza humana y la necesidad de un poder político fuerte, comprendido actualmente como el Estado.
Hobbes parte de una concepción mecanicista del ser humano, influida por la ciencia moderna y la filosofía natural de su tiempo. Para él, los individuos se mueven primordialmente por pasiones, deseos y temores, siendo el instinto de conservación el motor principal de sus acciones. Esta visión lo llevó a describir el estado de naturaleza como una situación de anarquía en la que cada hombre vive en permanente conflicto con los demás, resumida en su célebre frase: “el hombre es el lobo del hombre” (homo homini lupus). En tal escenario, la vida humana sería “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”.
La salida a este estado de guerra de todos contra todos, según Hobbes, es el establecimiento de un pacto o contrato social. Los individuos deciden ceder sus derechos naturales a un soberano —sea un monarca o una asamblea— que concentra el poder absoluto y garantiza la paz y el orden. Este soberano, al que Hobbes llama Leviatán, no deriva su autoridad de la divinidad, sino del consentimiento racional de los hombres que buscan seguridad. De esta manera, Hobbes inaugura una teoría contractualista en la que el poder político encuentra su justificación en la necesidad de evitar el caos, siendo además el primer filósofo en hablar de un contrato social, antes de Locke o Rousseau.
La contribución de Hobbes radica en haber sentado las bases del pensamiento político moderno al desligar la legitimidad del poder de la religión y fundamentarla en un acuerdo racional entre individuos. Aunque su defensa de un poder absoluto ha sido duramente criticada por autores posteriores, como Locke o Rousseau, la obra de Hobbes sigue siendo clave para comprender la tensión entre libertad y seguridad, así como la importancia del Estado en la organización de la vida colectiva.
En conclusión, el pensamiento hobbesiano constituye un realismo político radical que, a partir de una visión negativa de la condición humana, justifica la necesidad de un poder fuerte como garante de la paz social. Su influencia ha perdurado en la teoría del Estado, en las concepciones del derecho moderno y en los debates contemporáneos sobre la autoridad y la libertad.
Soñé que tenía miedo. Tigres invisibles comenzaban a devorarme.
Las aves cantaron en mi idioma una canción de cuna.
Salí a la calle abrazado a la tristeza.
En las lágrimas de mi madre pude ver mi concepción.
La tarde del sábado continúa y yo sigo sin tu presencia.
Te has ido y no sé si volverás.
Recuerdo las noches de los viernes,
cuando recorríamos nuestros cuerpos hasta el amanecer,
el éxtasis nos entraba por los poros.
Te volvías un río entre mis dedos,
para después descansar y dormir abrazados.
Te has ido y no sé si volverás.
Es sábado por la tarde y el mar ha vetado a los náufragos.
Golondrinas lloran sangre.
Los libros se han quedado sin quien los lea.
Me recuesto para dormir y no pensarte.
Escribo con color rojo en mi habitación tu nombre.
La borra del café recrea tu rostro.
La gente me pide una moneda en los semáforos,
y yo solo les hablo de ti.
La séptima soledad me acompaña.
Las estrechas calles de la ciudad me persiguen,
me preguntan por las noches de los viernes.
¿En dónde estás? ¿A dónde te has ido?
A lo que yo contesto: te has marchado y no sé si volverás.
“El precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres.” – Platón
La política, como lo menciona el politólogo italiano Giovanni Sartori, es el “hacer” del hombre que, más que ningún otro, afecta e involucra a todos los demás. En Zacatecas se vive un ambiente político hostil y adverso a los intereses del pueblo zacatecano.
En primer lugar, a nivel municipal, la administración del actual ayuntamiento afecta a la sociedad con el poco compromiso que tiene ante las colonias, los barrios y los grupos más vulnerables que en ellos habitan. El presente alcalde ha olvidado las funciones que le corresponden al ayuntamiento, o ¿será que no las conoce a la perfección?, y solo ha manifestado sus labores en el primer cuadro del centro histórico de la ciudad, labores que, por cierto, han sido realizadas a medias. Dicho alcalde cree genuinamente que, por haberse opuesto al proyecto del viaducto elevado o segundo piso (MOBI), le puede alcanzar para un espacio en los comicios a la gubernatura en 2027.
Ante la poca seriedad, los zacatecanos exigen servicios públicos de calidad y una pronta solución a los problemas que más involucran a la sociedad, como lo son el alumbrado público, el bacheo de calles, la falta de recursos y apoyos económicos a los jóvenes y mujeres que quieren emprender un negocio, así como la rehabilitación de la unidad deportiva Benito Juárez, que fue una de las tantas promesas sin cumplir de su pasada campaña política.
A nivel estatal, las cosas pintan igual o, si no es que, peor. La poca aprobación que tiene el gobernador es palpable. Según la encuesta de Demoscopia Digital, su aprobación se ubicó en 47.5% en el presente año, muy por debajo de la media nacional. No hay ciudadano que se exprese bien del gobierno estatal, a menos que sean colaboradores de su gabinete o periodistas que reciben “chayote” por parte del gobierno. El hartazgo social es visible. La presente administración estatal será recordada por la infinidad de tomas y plantones a las oficinas centrales de gobierno de los diferentes grupos sociales que exigen el cumplimiento de sus demandas, desde sindicatos de maestros y maestras, agricultores, familiares de personas desaparecidas, entre otros.
Los proyectos clave de infraestructura se han visto colapsados y desaprobados por la mayoría de la ciudadanía. El actual gabinete lleva un sinfín de cambios y las políticas públicas implementadas desde el gobierno son incapaces de satisfacer las necesidades de todas y todos los zacatecanos. Asimismo, los hospitales no cuentan con los medicamentos suficientes, y las carreteras y el campo están en completo abandono.
Lo cierto es que, en el discurso público, está presente la polarización y el desprestigio entre personajes políticos. Las mismas autoridades se deslindan de sus funciones y se echan “la bolita” entre ellas. Lo triste del asunto es que, hasta el momento, no hay un perfil ad hoc que cubra los requisitos que las y los zacatecanos merecemos: una clase política competente y eficiente, que conozca las carencias del pueblo zacatecano y no derroche el presupuesto público en obras faraónicas o placas millonarias que no benefician a nadie, más que al bolsillo de unos cuantos. Reclamamos, como sociedad, a gobernantes con visión de futuro, capacidad para orientar el rumbo del estado hacia un crecimiento económico y bienestar social.
Nuestro papel como ciudadanos es importante y nos corresponde estar bien informados y ser partícipes del cambio social que tanto anhelamos como sociedad. Por lo pronto, con los gobernantes que hoy nos representan, a Zacatecas le seguirá lloviendo sobre mojado…
Juan Omar Acuña Rivera
Referencias
Demoscopia Digital. (2025, 31 de mayo). Aprobación del gobernador de Zacatecas, David Monreal Ávila. ZHN Noticias. https://zhn.com.mx/wp-content/uploads/2025/06/APROBACION-DAVID-MONREAL-MAYO-2025-paginas.pdf
Sartori, G. (1996). La política: Lógica y método en las ciencias sociales (M. Lara, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1979).
