- Creadora de contenido digital, productora digital, modelo y aprendiz de la vida.
- Me encanta viajar, los gatitos y la vida sin etiquetas.
- Mi lema de vida es: Si mueve algo en ti inténtalo
2025
Desaparecí un poco porque estaba cuestionándome muchas cosas nuevas que han pasado en mi vida. Me puse a pensar que mi vida era un rompecabezas gigante.
Algo así como que buscamos cada una de las piezas y esperamos que todo vaya de acuerdo al orden que debería ser, pero a veces te equivocas de piezas y tienes que quitar esa parte y volver a analizar y ponerla.
Podemos tener muchas guías en la vida, pero ¿qué pasa cuando se mezclan dos rompecabezas que no deberían estar unidos porque son diferentes?
Quizá en piezas de rompecabezas no nos duela tanto, pero si esas piezas las volvemos una parte de nosotros, sí nos ponemos a pensar con quién compartimos rompecabezas y, a pesar de ser diferentes, embona muy bien y se ven bastante bien juntos.
¿Qué pasa cuando ya no se ven bien juntos? Un lugar donde parecía terminar siendo un paisaje soleado se convierte en una noche oscura.
Dejamos de ver las demás piezas y enfocamos nuestra atención solo en una hasta quedarnos solo con esa, incluso perdiendo nuestro marco.
Tenemos tanto miedo a observar otros horizontes o piezas que perdemos y nublamos nuestra vista en solo eso. ¿Qué pasa cuando pasa la noche pero el sol ya no brilla?
¿Dejarías la pieza o la quitarías?
Me cuestiono tanto esa pregunta, tratando de creer que esa pieza quizá será como antes. El hecho de poner esperanza en algo que no depende de ti. La pieza nunca va a cambiar de color porque necesitas quitarla para ponerle nuevos colores y sea tu imagen perfecta.
Creo que he aprendido a sobrellevar todo lo que me rodea y preguntarme: ¿quiero esa pieza ahí? Dejar de esperar a ver si cambia, es mejor quitarla para poder descubrir nuevas piezas.
Y por último, no olvides que no necesitas que alguien más ponga sus piezas contigo para poder terminar la imagen. Solo tú decides qué hay en tu imagen. Exagera, sueña e imagina que todo puede cambiar y mejorar o aprender.
Por ahora estoy tratando de aclarar cuál es la imagen final que quiero armada, pero mientras lo descubro, dejaré que las piezas se caigan por sí solas y rearmaré mi imagen final sin perder el marco.
Hemos llegado hasta aquí con uñas, dientes y mucho esfuerzo. Quién diría que cumplimos 26 y tenemos algunas cosas que soñamos y otras que ni siquiera creímos posibles. También que, algunas veces, la vida ha cambiado de maneras que no teníamos planeadas.
Hace 5 años estabas probando una nueva vida, conociendo la adultez y tomando decisiones que quizá hace 10 años ni te pasaban por la cabeza.
Lo que sí estoy segura es que ese corazón aún lo conservo, solo que ahora lo cuido mucho más, porque mucha gente no ha sabido cuidarlo y nos ha lastimado.
Mi conexión más profunda quiero que seas tú, quiero que todos los días me despierte pensando que algún día vamos a tener lo que soñamos, porque me has demostrado que siempre supiste qué era lo que nos pertenecía.
Tuve que darme cuenta de que tú existías, mi niña interior.
Ya comencé a estar más cerca de los 30 que de los 20, pero aún siento la magia de los 16, las malas decisiones a los 18 y quizá todo lo que me movía a los 12. Es sorprendente cómo una persona puede cambiar y, aun así, seguir siendo la misma.
No sé cómo explicarle a mi yo del pasado que no sé cómo diablos lo hicimos, pero lo hicimos. Quizá, cuando veo a la Nani de 8, no pensaría que fuimos a París o que vivimos en nuestro apartamento soñado. Que estamos limpiando nuestro linaje y hemos vivido sin miedo.
Este artículo es para mi yo del pasado, porque no quiero atormentar a mi yo del futuro sabiendo que puedo o no cumplir algunas cosas que hoy creo correctas. Me gusta reconocer que esa niña ha crecido tal como lo soñó, no con el método que pensaba, pero sí siguiendo lo que su corazón dictaba. Hacer eso es como obligar a un niño a comer sus vegetales sin haber aprendido por qué debe comerlos.
Quizá mi sueño aún no está conmigo, pero cada vez doy pasitos más cerca que me hacen crecer y darme cuenta de por qué a veces tardan en llegar las cosas a tu vida.
Mi regalo hoy y siempre será ponerme primero yo, y si lo olvido, tener algo que me lo recuerde: que esa magia y ese buen corazón siguen ahí, solo necesitan un poquito más de atención.
Festejo todos los logros y fracasos que me han traído hasta aquí y me quedo con todas las buenas historias y aprendizajes que tengo para contarle al mundo.
Nani, doy gracias por todas las veces que aguantaste y fuiste tan fuerte, a pesar de que no era tu momento. Aprendiste y creciste más de lo que debías. Pero hoy yo soy el resultado de lo que tú tanto trabajaste.
Deseo que sigas estando presente en mí sin importar cuántas vueltas al sol demos. Quiero que tu magia y tus sueños sigan en mí, porque solo nosotros sabemos lo grandes que podemos ser.
Abundancia, amor, dinero, salud y todo lo que deseaste se vuelva realidad como hasta ahora. Que el camino sea cada vez más fácil y con más amor.
Te amo.
Feliz cumpleaños, Nani.
¿Alguna vez te has preguntado qué se sentirá una puñalada?
No lo hablo en un sentido de querer morirme, sino de esa sensación de sentir algo, a pesar de saber que puede causar muchas cosas en ti.
Algo así es lo que hacemos cuando entramos a una relación. Sentimos que todo puede ser un campo de flores, pero, como en las películas de acción, no siempre todo sale bien. Podemos ser los protagonistas de una bella historia de amor y, al final, terminar sintiendo la puñalada.
Creo que las puñaladas al corazón son las que más duelen y las que más cicatrices me han dejado. ¿Quién nos dijo que estaba mal sentir tanto? Esos pensamientos sobre la puñalada quizá sean por querer sentir algo, por presentir que nuestra vida necesita ese toque de caos.
No entiendo cómo, de repente, algo bonito puede convertirse en algo así. Pero quizá es porque solo es mi forma de pensar y amar.
Si me lo preguntas a mí, para mí una puñalada directa son las mentiras.
Es como una planeación lenta de cómo será esa puñalada. Es ir preparando el terreno para que esas cosas te pasen.
Otras veces, no solo recibes una herida que sea letal. Quizá recibes varias que te van desgastando, y entonces, algo muere.
Algo así se siente cuando estás en una vida que crees que es tu vida, cuando tienes algo nuevo que querías y, al parecer, ahora sí es “lo bueno de la vida”. Ese punto donde crees que es el momento de poner todo y aventarte al vacío sin saber si habrá una red que te sostenga.
Que de pronto quien estaba cercano a ti ya es un desconocido.
Que sus acciones te dañan.
Que las nuevas personas tampoco están a fin contigo.
Que intentas amoldarte a cómo piensan ellas.
Que hablan mal de ti.
Y de repente, tu lugar favorito… se convierte en una puñalada.
Porque ahora, cada que vas, los momentos que pasaste ahí te causan conflicto. Ya no quieres estar ahí.
Lo que antes sentías tu casa, tu lugar seguro, se convierte en lo mismo que te lastima.
Eso fue algo que no pude entender hasta que vi el cuchillo atravesando mi cuerpo.
Vi —y permití— cómo poco a poco mi entorno me lastimaba, me demostraba que solo quería matar a mi “yo”. Ese yo que era real, que nunca tuvo tabúes.
Entendí que ese lugar me estaba gritando que ya no era lo que yo quería.
Y, por mucho que disfrutara esos 5 años, ya me habían mandado una señal muy clara.
Ya me había perdido a mí misma.
La gente hablaba mal de mí. Me metía en chismes y problemas.
Pero… también él estaba ahí.
A pesar de que me puse como escudo, nunca me protegió a mí.
Fue cuando me di cuenta que no solo tenía una herida.
Tenía varias.
En un lugar que no quería perder por todo lo bueno que me había dado.
Por todo lo bonito que me hacía sentir.
No voy a mentir: fue una decisión muy difícil.
Solo quien ha pasado por algo así entiende lo que es aguantar dolor esperando que todo cambie.
Pero eso no es lo que más duele.
Porque aprendes a sobrellevar esas cosas.
Duele cuando lo vas sacando lentamente y te das cuenta de que hay cosas que valen… y otras que no.
Que había más heridas y daños de los que creías.
Pones en una balanza todo lo que sientes… y es ahí, cuando termina de salir todo, que te das cuenta lo mal que estabas.
Amaba estar ahí.
Era mi mundo de desconexión.
Pero ya entendí que ese lugar terminó un ciclo en mi vida.
Y con él, todas esas personas a su alrededor.
No me di cuenta de que ellos y yo matamos a mi versión anterior.
Solo que no sabían que ellos también iban incluidos en esa muerte.
Una muerte que yo misma necesitaba.
Un aprender a cerrar ciclos.
A alejarme de personas.
A poner en práctica lo que decía en terapia que ya estaba trabajado y superado.
Una prueba más de la vida para comprender que a veces tenemos que dejar para soltar, y aprender a vivir con el duelo de dejar ir.
Vivir sin miedo a que se repita.
Porque ya sé lo que se siente.
Y si se repite, entonces aún no entendí lo que necesitaba.
O quizá necesite una puñalada más.
Quizá yo misma ayudé a que se clavara en mí,
por querer saber:
¿Qué se sentirá una puñalada?
¿Alguna vez te has preguntado si vas a volver a amar como cuando fuiste adolescente?
¿O a sentir todas esas cosas que sentías?
¿O simplemente si algún día vas a amar y te van a amar de la manera que te gustaría?
Durante mi vida me lo he cuestionado un millón de veces. Soy tan enamoradiza que he pasado por varios amores: algunos han sido por no estar sola, por enamoramiento, por experimentar, por conveniencia.
Pero… siempre tuve la duda de cómo se sentía un amor libre, sin mentiras, sin ataduras.
Algo así como tu mejor amigo: con quien compartes muchas cosas en común, con quien dices lo mismo, hacen los mismos gestos, y sientes esa paz de poder contarle todo, sin miedo a sentirte juzgada, porque es igual a ti y te comprende.
Alguien que no te haga dudar, que te escuche y cumpla todas esas expectativas de aquello que quieres en tu vida en este momento. Esa conexión mágica de ser amigos, amantes, confidentes… un equipo. Que sientas esas ganas de elegir a esa persona todos los días.
Hoy me doy cuenta de que la diferencia entre mi yo adolescente y mi yo de ahora son las experiencias vividas y todo el camino que tuve que recorrer para entender qué sí quería en mi vida, hacia dónde quería llevarme, qué no necesitaba aceptar y cuáles eran las bases que quería formar.
Aprendí tantas cosas en el camino, que ya no le tengo miedo a ser enamoradiza. Solo pido lo que es justo y necesario para mí, porque aprendí que no había más amor que pudiera dar si no me lo daba antes a mí. Sé que suena muy trillado, pero si lo pones en práctica es muy fácil darte cuenta de que lo más importante que tienes eres tú.
Tú te conoces y sabes qué quieres en tu vida. Solo tú eres tu compañía eterna.
Conoces tus demonios, lo que te gusta y lo que no, porque solo tú has estado contigo en los momentos más difíciles y también en los más alegres. Tú eres quien te trajo hasta aquí y solo tú vas a recibir el amor que mereces, solo cuando estés lista para dejar de aceptar malos tratos por migajas de amor o por no estar sola.
Cree lo mucho que mereces, porque eres muchísimo. Solo te falta quitar un poco de fe en los demás y ponerla en ti. Eres capaz de todo lo que está en tu mente. Tú controlas qué sí y qué no quieres. Y ese día que te sientas completa, llegará lo que no estabas buscando: te encontrará, porque es para ti. Porque tú estás hecha para eso.
Si está en tu mente, puede estar en tu vida.
Y bueno… a mí me llegó algo que no imaginaba. Me comencé a dar cuenta de que siempre lo pedí, pero no estaba lista para que fuera mío. Cuando ya no lo busqué, llegó solito a mí.
Seguí mi corazón y me trajo hasta aquí. Dejé de buscar fuera lo mucho que tenía dentro y comenzó algo que hasta hoy no me puedo explicar.
Me han pasado tantas cosas mágicas desde el amor. Entendí que se puede aprender desde el amor, de dar todo e irte no con las manos vacías ni lamentándote, porque tu amor siempre va a estar ahí.
Aprendí a no ser dura conmigo cuando hay que sanar, a comprender mis emociones y a aprender con todo mi amor.
A saber que cada caída puede ser menos dura si somos lindos con nosotros.
Estoy muy enamorada de mí. Tanto, que llegó alguien que me ama como yo quería, dándome experiencias que yo sabía que quería en alguien, pero que antes decidía cambiar por migajas, por querer “salvar” a alguien.
Conocer a alguien que hace las cosas por convicción propia, por naturaleza, por lo que sea… es como vivir en un date eterno, siempre con algo nuevo de qué reírse.
Todo aquello que imaginaste en tu mente —por muy cursi que sea— se dará y será realidad: bailar en la cocina, tener una pedita de dos, siendo amigos y disfrutando la compañía, con mucho amor y besitos.
Sentir la inocencia de una niña solo por la seguridad que te hace sentir.
No sé si esta sensación me dure mucho o poco, pero el tiempo que dure lo voy a disfrutar, porque me lo merezco.
Tú también lo mereces, y sé que lo tendrás.
No le temas al futuro, porque no lo conoces.
Aprende de tu pasado, porque te da lecciones.
Y vive el presente, porque es lo único que te pertenece.
Cuídate y ámate tanto, que no tengas que volver a cuestionarte si vas a volver a sentir.
Solo siente, y quizá puedas conocer nuevas formas de sentir las cosas.
A veces no entiendo los ciclos de la vida ni los cambios que llegan sin avisar.
Hace un par de semanas me sorprendí preguntándome: ¿por qué estoy en un lugar tan cómodo… sin ser feliz? ¿Por qué invierto mi tiempo en algo que me resta más de lo que me suma?
Empecé a recordar todas esas veces que me sentí mal, intentando compensarlo con pequeños momentos de bienestar. Pero, al hacer cuentas, sufrí más de lo que disfruté. Y lo peor: me perdí a mí misma.
Quise convertirme en alguien que no era, dejé cosas que amaba por adaptarme a lo que se veía “correcto” desde afuera. ¿Pero realmente era comodidad… o solo miedo a fracasar?
Fue entonces cuando comencé a preguntarme:
¿Por qué sigo aquí si esto no va hacia donde quiero?
¿Cuánto tiempo más estoy dispuesta a perder?
Y ahí entendí: era el momento real de soltar.
Porque cuando soltamos, también abrimos espacio para lo nuevo.
A veces necesitamos convencernos poco a poquito para dar ese salto. Y un día, simplemente sucede. Sí, puede traer caos… pero también conciencia. Y sí, nos frena el miedo, porque sabemos que cambiar puede doler, puede desordenar todo.
Pero también sé esto:
Podemos arrepentirnos de muchas decisiones… pero más nos vamos a arrepentir de no haberlas tomado.
Todo puede convertirse en una anécdota. Hasta esa vida que tanto resuena en tu cabeza.
Hoy te digo que lo hice.
Tomé la decisión y me dejé llevar por la corriente de la vida.
No te voy a mentir: hubo caos, dudas y muchas preguntas.
Pero una vez que solté, sentí algo que hace mucho no sentía: paz.
Recuerda: somos ciclos.
Y ningún ciclo puede continuar si te aferras a lo que ya no vibra contigo.
No frenes tus sentimientos por miedo a caer en lo de antes.
Cambia. Aprende.
A veces tememos tanto sentir lo malo… que nos negamos también a sentir lo bueno.
Pero ese miedo ya lo pasaste antes.
Respira.
Recuerda: todo es un ciclo.
Rodéate de personas que te eleven, que te escuchen cuando todo está bien y cuando todo está mal.
Crea un círculo de amor y confianza.
Desecha lo que te lastima.
Y nunca olvides: primero vas tú y tus sentimientos. Nadie es dueño de quien eres más que tú.
Que tus próximas historias sean anécdotas…
Y no hubieras.
Es algo que me pasa muy seguido. Quiero cuestionarme todo a mi alrededor. Aunque los expertos dirán que es ansiedad por querer controlarlo todo, muchas veces esta “ansiedad” me lleva a lugares donde empiezo a creer que el camino que estoy tomando no es el mío. Me cuestiono cada una de las cosas que he hecho en mi vida para saber si lo que estoy haciendo es lo correcto o no lo es. Pero… solo tengo 25 años, y ya he salido de lugares que perturban mi cabeza. Me cuestiono esta “ansiedad” porque, en el fondo, quiero saber si estoy en el camino correcto.
No hay un nuevo comienzo sin antes limpiar el terreno. Cuestionarte si lo estás haciendo bien, si realmente estás haciendo lo que quieres. No depender de ideales que quizás no son tuyos, que solo pertenecen a las personas que intentamos complacer. Pero, ¿por qué quieres complacer a alguien? ¿Por qué quieres hacer tu vida como la de los demás? La ciencia dice que el ser humano es un individuo irrepetible. Entonces, ¿por qué queremos ser lo que alguien más nos impone?
Entiendo que somos seres sociales, que necesitamos pertenecer a un grupo. Nos da tanto miedo salir de nuestra zona de confort que preferimos adaptarnos a lo conocido antes que enfrentarnos a lo nuevo que realmente deseamos.
¿Miedo? El miedo es nuestro primer enemigo al cuestionar nuestro camino. Es esa sensación natural que busca protegernos de los riesgos. Pero, si estás en peligro, ¿cómo lo sabrías si no conoces otra cosa? Solo ves lo que te enseñaron, lo que crees que es correcto… ¿pero correcto para quién?
El miedo siempre será parte de nuestra supervivencia. A veces, necesitamos un poco más de iniciativa para explorar lo desconocido, porque siempre hay algo que aprender.
El conocimiento es poder. Si no estás dispuesto a conocer y entender desde un punto neutro que todos vivimos realidades distintas, aunque parezcan similares, difícilmente podrás avanzar. Debemos ser más empáticos con la vida de los demás. En vez de compararnos, busquemos aprender de quienes tienen las cualidades que admiramos.
Nos cuestionamos todo el tiempo, y eso está bien. Es parte de aprender y descubrir dónde pertenecemos. Lo que está mal es dejar que lo que nos rodea nos perturbe tanto, y que el miedo a lo nuevo nos haga pequeños en un mundo tan grande.
Si estás buscando tu camino y crees que tu entorno no lo aceptaría, o que ya es tarde para algo, cuestiónate: ¿quién lo dice? ¿Qué está a tu favor y qué en tu contra?
No tenemos un manual de vida. Tampoco una edad para lograr las cosas. No somos frutas con un proceso lineal. Lo único que sabemos es que tenemos un ciclo de vida, y al final todos vamos al mismo lugar. Entonces, ¿por qué tenemos tanto miedo a vivir?
La gente que te rodea también se va a morir, y tú igual. ¿Cuántas buenas historias tienes para contar? ¿Cuántos “hubiera”? Solemos arrepentirnos más de lo que no intentamos que de lo que sí.
Me he cuestionado tantas veces si este es mi camino. No sé por qué lo hago, si todas las oportunidades me han llevado a donde siempre quise estar. A veces solo basta con mirar atrás y ver que no somos las mismas personas de ayer. Quizás esta incomodidad es el inicio de un nuevo aprendizaje, aunque no sea como lo imaginamos.
Cuestiónate, ten miedo, intenta, fracasa, siente y aprende. Avanza con todas las herramientas que has adquirido. Nadie vendrá a darte lo que necesitas, porque solo tú sabes qué es. Encontrarás personas como tú, de quienes podrás aprender, y que también aprenderán de ti.
Recuerda: tú eres el reflejo de tu entorno. Si hoy no estás bien con lo que te rodea, cambia de lugar. Siempre puedes volver a empezar o regresar a lo que te hacía bien. Ten miedo, sí, porque tienes el poder de comerte el mundo… o dejar que el mundo te coma.
No importa cuántas veces te cuestiones. Recuerda que no debes ser duro contigo. Estás aprendiendo. Trátate con amor y respeto, porque tú tienes el poder de decidir. Y no podrás hacerlo si dejas que otros, o incluso tú misma, te saboteen.
Sueña en grande. Si tu mente y tu corazón lo piden, ahí es. Ese es tu lugar.
