- Médico Cirujano.
- Nacionalidad: Mexicana e Italiana.
- Idiomas: Español (nativo), Inglés (avanzado).
- FORMACIÓN ACADÉMICA
- 2017-2022: Licenciatura en Médico Cirujano en Universidad Anáhuac Norte.
- Logros: Título Médico Cirujano.
- EXPERIENCIA CLÍNICA
- 2021: Internado Médico de Pregrado en Hospital Ángeles Clínica Londres, CDMX.
- 2022-2023: Servicio Social Médico en Colegio del Bosque.
- 2023-2024: Primer y Segundo Año en Residencia de Cirugía General en Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”.
- INTERESES Y OTROS DATOS
- Lectura, ejercicio, salud, nutrición, ayuda a la comunidad, voluntariados, enseñanza, naturaleza, deportes al aire libre, redes sociales.
- Habilidades Adicionales: Diseño gráfico, manejo de redes y computación.
2025
¿Deberíamos aceptar la obesidad sin cuestionarla? Es importante abordar este tema con base en hechos científicos y médicos, no solo en la defensa de la autoaceptación.
¿Hasta qué punto hemos llegado para aceptar la obesidad como algo “normal” e incluso justificarla bajo el manto de la aceptación personal? No se trata de si alguien se siente bien o no con su cuerpo, sino de si realmente estamos mirando la obesidad por lo que es: una amenaza real para la salud. ¿Es esto lo que queremos promover?
Hoy leí un texto que realmente me hizo hervir la sangre. No solo porque me pareció superficial, sino porque toca un tema de vital importancia para la salud pública y lo subestima. El texto decía algo así como: “Algunos pensarán que no debería estar promoviendo el positivismo corporal porque, según sus cánones, no es estético. También es posible que intenten disfrazar su rechazo hacia las mujeres con sobrepeso con argumentos sobre la salud y esas cosas. Igual, todos vamos a morir. Pero no pasa nada. Por cada diez de ustedes que piensen que soy horrible, habrá otros diez a los que mi cuerpo les guste, a pesar de las estrías en mis pechos y la celulitis de mis caderas. A pesar de todo, yo me siento muy bien. Solo digo que no me molesta tener obesidad.”
Si realmente nos preocupamos por el bienestar de las personas, deberíamos dejar de romantizar la obesidad y comenzar a promover hábitos más saludables, sin dejar de lado la empatía.
“Todos vamos a morir” es una forma de minimizar estos riesgos. La ciencia nos muestra que, aunque la muerte es inevitable, sin embargo, las decisiones que tomamos sobre nuestra salud pueden influir significativamente en la calidad y la duración de nuestra vida. La obesidad no es simplemente una preocupación estética, ni algo que se pueda ignorar bajo el argumento de que “todos vamos a morir”. La negación de los riesgos para la salud asociados con la obesidad, como el texto sugiere al restarle importancia a la salud, no solo es científicamente incorrecto, sino también irresponsable. La salud no debe ser considerada como algo que se puede ignorar en nombre de la autoaceptación. Uno de los mayores peligros de esta postura es la complacencia en la obesidad.
Lo peor de todo es que este mensaje sigue circulando y ganando terreno, y lo que es aún más grave: se está normalizando un estilo de vida que promueve la obesidad. ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo si seguimos aceptando como “normal” una condición que está directamente vinculada con la mortalidad prematura? La obesidad está matando a millones de personas. ¿Es eso algo que deberíamos seguir ignorando?
La obesidad es una de las enfermedades más prevalentes y peligrosas en el mundo actual. No se trata de una preocupación estética, sino de un grave problema de salud que afecta a millones de personas a nivel global. A pesar de que el “positivismo corporal” ha ganado popularidad en ciertos círculos sociales, es crucial reconocer que la obesidad debe ser abordada desde una perspectiva médica, científica y ética, ya que sus implicaciones son mucho más serias que un simple asunto de apariencia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica la obesidad como una de las principales causas de muerte prematura y discapacidad a nivel global. Estudios científicos han demostrado, una y otra vez, que los riesgos asociados con la obesidad son reales y fatales.
La Obesidad: Un Problema de Salud, No de Estética
No debemos caer en la trampa de aceptar la obesidad sin cuestionarla. Si bien la autoaceptación es un objetivo válido y necesario, no debemos permitir que se normalice una enfermedad que está directamente relacionada con la mortalidad prematura y diversas complicaciones de salud.
El Peligro de la Complacencia: “Todos Vamos a Morir”
Un argumento que se ha utilizado para minimizar los riesgos asociados con la obesidad es el famoso dicho “todos vamos a morir”. Esta postura, además de científicamente incorrecta, es irresponsable. Si bien la muerte es inevitable, las decisiones que tomamos hoy sobre nuestra salud pueden influir directamente en la calidad y la duración de nuestra vida. La negación de los riesgos para la salud asociados con la obesidad no es una forma legítima de autoaceptación, sino una forma de ignorar las evidencias científicas y el sufrimiento que puede generar esta enfermedad.
Al ignorar las implicaciones de la obesidad y su impacto en la salud, fomentamos una actitud de complacencia que normaliza una enfermedad potencialmente fatal. Si bien la aceptación corporal es importante, esta no debe ser promovida a expensas de la salud pública ni de la salud personal.
La Realidad de la Obesidad: Factores de Riesgo y Mortalidad
La obesidad no es solo una acumulación excesiva de grasa corporal; es una enfermedad metabólica que aumenta el riesgo de numerosas enfermedades crónicas. La diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, apnea del sueño, algunos tipos de cáncer y trastornos musculoesqueléticos como la osteoartritis son solo algunas de las condiciones asociadas con esta enfermedad. Un estudio publicado en The Lancet reveló que la obesidad es responsable de alrededor de 4 millones de muertes al año a nivel mundial, lo que la convierte en uno de los principales factores de riesgo de mortalidad prematura.
Datos Epidemiológicos Importantes:
- En México, en 2021, aproximadamente 225,000 muertes se atribuyeron a enfermedades del corazón, de las cuales el 49 % (alrededor de 109,000 muertes) fueron causadas por la obesidad.
- Además, el 56 % de las 140,000 muertes por diabetes (aproximadamente 78,000 muertes) y el 35 % de las 90,000 muertes por tumores malignos (aproximadamente 32,000 muertes) también se vinculan directamente con la obesidad.
- En las Américas, la obesidad fue responsable de 2.8 millones de muertes por enfermedades no transmisibles solo en 2021.
Los Factores Biológicos y Psicológicos Detrás de la Obesidad
La obesidad no es simplemente el resultado de una mala alimentación o la falta de ejercicio, aunque estos factores juegan un papel importante. La genética, los factores hormonales y el entorno social también tienen un impacto significativo en cómo el cuerpo almacena y quema las calorías. El cerebro juega un papel crucial en la regulación del hambre, la saciedad y el gasto energético. Las personas con obesidad presentan alteraciones en las señales que controlan estos procesos, lo que puede conducir a un aumento en el apetito y una disminución en la quema de calorías.
Además, la obesidad está relacionada con inflamación crónica, un factor clave en el desarrollo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Es vital entender que la obesidad es una enfermedad compleja que no debe ser tratada simplemente como un mal hábito, sino como una condición médica que requiere intervención.
Obesidad y su Carga Económica
La obesidad no solo afecta la salud individual, sino que también tiene una carga económica significativa en los sistemas de salud pública. En los Estados Unidos, por ejemplo, se estima que los costos asociados con la obesidad ascienden a 147 mil millones de dólares anuales en medicamentos y hospitalizaciones.
La obesidad no es simplemente un tema de estética o una preocupación superficial. Es una enfermedad grave que debe ser tratada con seriedad y urgencia. Sus implicaciones en la salud, la calidad de vida y la mortalidad son innegables. Como sociedad, debemos abandonar la idea de que la obesidad debe ser aceptada sin cuestionarla y centrarnos en estrategias basadas en la evidencia científica para prevenirla y tratarla de manera efectiva.
La obesidad es la peor enfermedad del siglo XXI, no solo por su prevalencia, sino por los riesgos que representa para la salud, la economía y el bienestar de las personas. Aceptarla solo perpetúa un ciclo de daño y sufrimiento. Es hora de actuar, de dejar de ver la obesidad como una “moda” o una “elección”, y reconocerla como lo que realmente es: una amenaza grave para la salud pública. Es asombroso cómo, bajo la bandera del “positivismo corporal”, se está ignorando un hecho científico irrefutable: la obesidad está relacionada con enfermedades crónicas y letales.
¿Y se supone que todo esto se puede minimizar con un “me siento bien”? ¿Realmente es más importante cómo te sientes ahora que las consecuencias que podrías enfrentar dentro de unos años? ¿Qué pasa con el daño que la obesidad le está haciendo a tu cuerpo a largo plazo? Dejemos de romantizar la obesidad.
Entramos a la residencia con el sueño de salvar vidas, al paso del tiempo te das cuenta que la vida que está en peligro y la vida que tienes que salvar es la tuya.
¿Por qué debo callar, soportar y aceptar el acoso en la residencia médica solo porque “es parte del proceso”? ¿Es este el precio que tengo que pagar para cumplir mi sueño de ser cirujana? ¿Acaso debo justificar la humillación, el acoso, el hostigamiento y el agotamiento emocional con la idea de qué, si lo aguanto, al final seré una “mejor profesional”? Estas preguntas me rondan la cabeza mientras, día tras día, me enfrento a situaciones que no deberían ser parte de ninguna carrera profesional, mucho menos de la formación de un médico, que simplemente no deberían existir en el trato de ningún ser vivo. El costo de esa formación no solo es físico, sino también emocional y psicológico.
Muchos residentes temen denunciar los abusos por miedo a represalias, a la estigmatización o incluso a ser excluidos del sistema. Aquellos que intentamos alzar la voz somos, en muchos casos, silenciados, se nos tacha de débiles o de incapaces de soportar las exigencias del sistema. Yo decidí levantar la voz y simplemente me silenciaron y me robaron mi sueño.
¿Por qué el sistema no me brinda las herramientas necesarias para desarrollarme sin tener que enfrentarme al abuso? ¿Acaso mis sueños, mis habilidades, mi pasión no son suficientes? ¿Por qué la medicina parece requerir tanto sacrificio emocional y psicológico, además del físico? ¿Es este el único camino hacia el éxito, hacia la excelencia?
Me hacen sentir que si no soy capaz de aguantar, tal vez no merezco ser cirujana. Pero, ¿acaso ser fuerte significa aceptar el maltrato? ¿Acaso ser buena profesional implica sacrificar mi bienestar emocional?
El acoso no debería ser parte de ningún proceso formativo. Las instituciones educativas y los hospitales deberían ser espacios de aprendizaje, apoyo y crecimiento, no de humillación, competencia destructiva y maltrato.
La medicina debe ser un campo de respeto y dignidad, no una prueba de resistencia al sufrimiento. No puedo seguir creyendo que este es el único camino hacia mi meta. No quiero ser una cirujana que haya tenido que pagar un precio tan alto, emocionalmente, para llegar hasta allí. Al final del día, mi sueño es ser cirujana, pero también es ser una persona completa, sana, con la capacidad de cuidar de otros y de mí misma.
El camino hacia la medicina no debe ser uno de sacrificios innecesarios que destruyan el alma en el proceso. La excelencia no se logra a través del dolor, sino del respeto y del apoyo. Por eso, hoy me pregunto: ¿por qué debo resistir el acoso para lograr ser cirujana? ¿Acaso no merezco alcanzar mi sueño en un entorno que me valore como profesional y como ser humano?
Mi sueño por el que he luchado día y noche por años, por el que he pasado por turnos largos, de desvelos fue robado por un sistema que no supo protegerme, por un sistema que pocas veces tuvo piedad, por un entorno que, lejos de fomentar mi crecimiento, me despojó de lo que más amaba.
Es por eso que, a pesar del dolor de dejarlo todo atrás, he decidido irme a Italia. No es solo un cambio de país, es un cambio de vida. Un giro radical que me permitirá reconstruir mis sueños, dejar atrás lo que ya no me sirve y abrazar una nueva oportunidad. Italia me espera con una cultura rica, un ritmo de vida distinto, un espacio para volver a conectar conmigo misma y con la medicina desde una perspectiva diferente.
No dejo de sentir una profunda gratitud por todo lo que México me dio. Mi formación, mis amigos, mis colegas, mis maestros. Cada uno de ellos dejó una huella imborrable en mí. Pero también tengo claro que este viaje es hacia mí misma, hacia una versión más tranquila y más serena de quien quiero ser, una persona que pueda seguir soñando sin el peso de un sistema que consume sin piedad.
Hoy, con la incertidumbre y la emoción a flor de piel, me voy a Italia a empezar un nuevo capítulo. Y aunque no sé qué me depara el futuro, sé que es un futuro lleno de posibilidades, de sueños renovados y de la esperanza de encontrar un camino en el que la medicina y la vida sean más ligeras, más humanas, más mías.
Pero, ¿Por qué tengo que irme del país para poder cumplir mi sueño, para seguir con mi residencia? ¿Por qué tengo que irme del país para poder vivir con dignidad y respeto, sin acoso laboral y sin humillaciones?
