- Actualmente estudiante de International business.
- Fan del proceso de autoconocimiento, y del proceso de transformación en mí misma.
- Me encanta expresarne por medio de la escritura.
- Trabajo en servicio al cliente y es algo a lo que me dedicaría el resto de mi vida.
2026
Son 9 años los que tengo trabajando en este ámbito restaurantero. Desde el inicio me encantó. Obviamente empecé desde abajo, en una cafetería donde eran dos pisos, los escalones súper delgados y cargando charolas con mimosas; o sea, una barbaridad para Ángela de 16 años, y aun así no rajé, hahaha.
Durante todo este tiempo he cometido errores que han marcado muchísimo mi formación laboral. Siempre he dicho que la experiencia es todo, aunque a veces queramos que las otras personas no pasen por los errores que nosotros pasamos, pues debemos dejarlas que experimenten y aprendan solitas. En años anteriores, a mí me hubiera gustado que alguien me previniera de algunas cosas, pero todo pasa por algo y de esos errores, ten por seguro que he aprendido.
¿Qué aprendí trabajando en restaurantes? Principalmente he aprendido a ser disciplinada y responsable. Créanme que son dos valores que primo mucho. He aprendido a desarrollar tolerancia y empatía. No sabemos las situaciones que están pasando las personas, y nuestro trabajo no solo es vender, sino también generar buenas experiencias. Y qué mejor que cambiarle la cara larga a un comensal que tiene algún problema y que seguramente seguirá yendo al negocio porque tuvo una muy buena experiencia, y lleve más personas y, por obviedad, nos generará más ganancia. Una buena recomendación se convierte en tres invitaciones adicionales.
También he aprendido mucho sobre gestión emocional, que aunque no parezca, cómo nos sentimos lo transmitimos, y es algo que lleva tiempo comprenderlo, tal vez hasta que estamos en un puesto de liderazgo. A mí me cayó el 20 después de que un compañero me dijo: “es que cuando tú llegas irritada, sabemos que será un turno difícil”. A mí se me caía la cara después de escuchar eso, pero sin ese feedback mi equipo hubiera seguido teniendo un trabajo cansado y yo no hubiera cambiado mi actitud. Cuando eres líder debes hacer caso a esos comentarios que tal vez no nos gusten, pero son un bien necesario (también hay que identificar qué comentarios son para beneficiar y cuáles no).
Hay muchas cosas que antes toleraba y ya no, porque cuando una persona está en un puesto específico solo ve desde esa perspectiva, pero quienes tienen un puesto donde ven desde otras muchas perspectivas, cambia la cosa. Y para mí ya no son tolerables los pretextos. Antes yo los tomaba como justificación a la causa, pero después hay cosas que de verdad no pueden suceder, y esto va de la mano a la irresponsabilidad, a la que soy cero tolerante.
Por ejemplo, y me suena muy absurdo cuando lo recuerdo, pero en algún momento un coworker faltó sin avisar, sin justificar al día siguiente, y hasta que pregunté el porqué de su falta, me dijo: “necesitaba un día”. Ok, entiendo que tenga necesidad de un día, todos lo necesitamos, pero por Dios, un mensaje o algo, además de que fue falta después de su día de descanso. Tal vez les parezca muy exagerado esto, pero en un restaurante la falta de un elemento es un movimiento increíble de los otros elementos, a quienes se les va a cargar el trabajo. Y ahí siempre he fomentado la empatía, porque todos tenemos situaciones personales que nos hacen tener faltas, pero cero voy a ser empática con quien se quedó dormido, con quien necesitaba un día y faltó sin avisar, y menos cuando todos tenemos el teléfono casi todo el día en la mano.
O sea, aquí me gusta mencionar en letras gigantes: comunicación. Si no me comunicas, no puedo comprender la situación. Esto ha cambiado muchísimo mi relación con las personas. Algo que no te dicen cuando vas teniendo promociones es que te vas quedando más solo, y esto es normal, pues los objetivos de las personas van cambiando y no congenian con los tuyos.
Y aquí hay algo muy importante que mencionar, y es la relación laboral-personal. Muchas personas no han desarrollado esta habilidad de separación de relaciones, lo cual nos lleva a cierto problema, porque al momento de dar una instrucción en el trabajo no lo haré como amiga, lo haré como tu superior, y te voy a exigir resultados. Y si hay errores, te voy a exigir soluciones, y esto muchas veces lo llevamos afuera y genera fricción, porque como amiga no te hubiera exigido ni hablado de esa manera. Entonces sucede que ya quedaste como mala amiga y se alejan las personas.
Las personas somos etapas, y en el trabajo cambiamos muchísimo, por lo cual, si lo ponemos como ejemplo, tenemos un camión que hace varias paradas en donde bajan unos y suben otros. Los que bajan es porque ya no tienen que aportar algo en tu siguiente viaje, y quienes se suben sí. Y a lo mejor, en cierto futuro, vuelvas a subir a esa persona que se bajó de tu camión, porque ya tiene algo nuevo que aportar, y no está mal. Considero que sí hay cierto conflicto en mantener en tu vida a personas que no aportan nada, solo llenan asientos en tu camión, que podrías aprovechar mejor.
Ahora soy más selectiva con mi grupo de amigos. Ya no soy esa que sale de fiesta y se desvela, porque sé que al día siguiente, si tengo que trabajar, será un día muy cansado, lo cual ha hecho que deje muchas amistades. Ya no me considero de círculos que tienen como prioridad beber o fumar, aunque no sea en fiestas, porque yo no comparto esos hábitos.
Y esto sí lo quiero mencionar porque es importante: en un trabajo te contagias de las personas, de lo que hacen, de lo que haces, y está bien cool compartir buenos hábitos con ellos, porque la prioridad mía como líder no solo es que nos vaya bien en el trabajo, sino que lo que aprendes ahí lo puedas aplicar en tu vida diaria. Y si te llevas estos buenos hábitos, ¡qué mejor!
Mantener una estabilidad laboral es muy importante para mí. Esto porque yo lo veo como proyectos, en los cuales sé que hay días buenos y días malos, y no por eso lo voy a abandonar. Voy a dar lo mejor de mí y voy a dar resultados, para que en cierto momento que me tenga que ir, las proyecciones se hayan cumplido y que lo aprendido siga implementado.
Hubo momentos en los que, actuando bien, no sucedieron las cosas como eran previstas, y sé que habrá más de eso, porque siempre se puede más (amo esa frase). Pero lo importante aquí es qué hacemos con eso. O sea, la idea de cerrarse y no hacer nada más, para mí no es opción. Yo sé que hay otras formas de hacerlo y que nos den el resultado óptimo. Aunque muchas veces de verdad no se pueda, no nos queda más que retirarnos con la satisfacción de que hicimos lo posible.
Mi área de oportunidad hasta la fecha, y que es algo que sigo trabajando hasta darle al punto, es la comunicación. Yo, que tanto hablo de esta, aún me falla, pues esta parte de que sea una comunicación efectiva es la parte en la que tengo que comunicarme de cierta manera con cada integrante del equipo, porque no captan la información de la misma manera. Entonces suelto toda la información y no es comprendida o es comprendida a medias, porque no estoy siendo clara con cada persona.
Y al principio me causaba conflicto, porque decía: “¿cómo que no va a entender que debe hacer esto?”, y ahora que estoy en una posición de liderazgo lo comprendo y trato, de verdad trato de hacerlo lo mejor posible. Sí me llego a desesperar, porque hay veces que ya agotas tus opciones y no funcionan, y es ahí cuando ya no es tema tuyo y mejor lo comunicas a superiores y que sea lo que tenga que ser. Aprender a soltar también es bien importante, hahaha.
Quiero llegar a ser esa persona que tenga esa influencia con el personal, que de verdad pueda ayudarlos, que cree una cultura laboral en la que todos se sientan parte de, no esclavos de…
En esta etapa de mi vida me estoy dando la libertad de conocer todas mis áreas de oportunidad para atacarlas. Estoy en un punto donde reto que viene, reto que tomo. Siempre me ha gustado aprender, y ahorita estoy en un punto en donde la información se desborda de mis manos y quiero aprovechar todo para comprenderlo y aplicarlo de la mejor forma.
Nueve años después de mi primer empleo, puedo decir que este camino recorrido no ha sido fácil. Ángela de ahora no teme cargar una charola con copas altas, hahaha.
Agradezco a todas las personas que me dieron la confianza de atender a sus comensales. He hecho muy buenas relaciones, he aprendido mucho y espero seguir haciéndolo. Agradezco a los coworkers que me enseñaron y me tuvieron paciencia. Agradezco cada momento que he pasado en mis trabajos, porque la mayor parte del día he estado ahí, y qué mejor que formar una fraternidad, un lugar seguro, un lugar al que dé gusto llegar, en donde sepan que tienen la confianza para actuar libremente sin dañar a los demás.
Si quieres aprender a relacionarte con las personas, quieres aprender otras habilidades, te recomiendo elegir un empleo de servicio al cliente. Es un trabajo donde aprendes muchas cosas nuevas y siempre es algo nuevo.
Gracias por leer esta columna. Me gustaría que compartieras un momento que pasamos juntos trabajando… Nos leemos pronto, chao.
No todos los duelos se anuncian. No todos se lloran en público ni vienen acompañados de palabras de consuelo. Hay duelos que se viven en silencio, mientras la vida sigue exigiendo lo mismo de siempre: llegar a tiempo, cumplir responsabilidades, responder mensajes, sonreír cuando es necesario. Son pérdidas que no siempre tienen nombre, pero que pesan. Duelo por lo que no fue, por lo que se rompió sin ruido, por lo que se decidió aun sabiendo que iba a doler. Este tipo de duelo no suele ser evidente. No siempre está relacionado con una muerte, sino con cierres internos: una relación que terminó, una etapa que no pudo sostenerse, una versión de uno mismo que ya no existe. Desde afuera, todo parece estar bien. La persona sigue funcionando, avanzando, cumpliendo. Por dentro, algo se está reacomodando lentamente, a veces con cansancio, a veces con una tristeza difícil de explicar.
El duelo que nadie ve suele vivirse en soledad. No porque no haya personas alrededor, sino porque socialmente no sabemos acompañar lo que no entendemos. Preferimos frases rápidas, conclusiones tranquilizadoras, explicaciones optimistas. “Era lo mejor”, “ya pasará”, “tienes que ser fuerte”. Comentarios bien intencionados que, sin querer, invalidan un proceso que no responde a plazos ni a fórmulas. Este duelo no se resuelve con fuerza de voluntad. No se va solo por distraerse ni por convencerse de que fue la decisión correcta. Porque saber que algo fue necesario no evita que duela. Aceptar un cierre no impide que exista nostalgia. Avanzar no significa haber sanado por completo. Hay una contradicción constante entre lo que la razón entiende y lo que el cuerpo y las emociones siguen procesando. Muchas veces, este duelo se manifiesta en lo cotidiano. En una sensibilidad distinta, en silencios más largos, en una necesidad mayor de control o de espacio. No siempre se llora; a veces se siente agotamiento, desconexión o una calma extraña que no termina de acomodarse. Son señales sutiles de que algo interno aún está en proceso. También suele venir acompañado de culpa. Culpa por seguir triste cuando “todo está bien”. Culpa por extrañar algo que ya no se quiere de vuelta. Culpa por no sentirse agradecido de inmediato por lo aprendido. Como si el dolor necesitara justificarse o convertirse rápidamente en crecimiento para ser válido. Esta culpa solo añade peso a un proceso que ya es complejo.
Aceptar el duelo invisible requiere honestidad. Reconocer que duele, aunque no se quiera regresar al pasado. Que se extraña, aunque haya claridad. Que hay días funcionales y noches más difíciles. Implica dejar de exigirse una recuperación rápida y permitirse atravesar el proceso sin compararse, sin explicarse de más y sin minimizar lo que se siente. Otro efecto poco hablado de este duelo es el miedo a volver a confiar. Después de una pérdida significativa, es natural protegerse. Aparecen límites más firmes, una observación más cuidadosa del entorno, una selectividad emocional que a veces se confunde con frialdad. En realidad, suele ser una forma de autocuidado aprendida a partir de la experiencia.
Con el tiempo, este duelo cambia de forma. No desaparece del todo, pero deja de ocupar el centro. Se transforma en una marca silenciosa que no define, pero sí enseña. Redefine prioridades. Lo que antes parecía urgente pierde peso. Se valora más la calma, la coherencia interna y la estabilidad emocional. Se aprende que no todo vínculo merece el mismo nivel de entrega y que no todas las batallas deben librarse.Habitar este duelo de manera consciente permite algo importante: integrar la experiencia sin que gobierne la vida. No se trata de endurecerse ni de olvidar, sino de darle un lugar justo. Un lugar donde la pérdida exista sin ocuparlo todo, donde el recuerdo no duela constantemente y donde el aprendizaje no se impongacomo obligación. El duelo que nadie ve también enseña a acompañar mejor a otros. Quien lo atraviesa suele aprender a escuchar sin corregir, a estar sin resolver, a respetar procesos que no entiende del todo. Esa sensibilidad no se presume, pero se nota. Es una de las consecuencias más valiosas de haber atravesado una pérdida en silencio.
Hablar de este tipo de duelo no es un acto de debilidad. Es un ejercicio de responsabilidad emocional. Nombrarlo, aunque sea internamente, es reconocer que crecer también implica perder, y que no todo lo que duele fue un error. A veces, el mayor acto de amor propio es permitirse atravesar el duelo sin apresurarlo, sin justificarlo y sin esconderlo.
Porque sanar no siempre se nota.
Pero ocurre.
2025
Etimológicamente, el hedonismo significa placer; placer que encontramos en lo físico, aunque también puede manifestarse en lo psicológico. ¿A qué me refiero con esto? Sencillo: después de analizar tanto el concepto y las múltiples formas en las que puede entenderse, llegué a una idea. Ubiquemos la pirámide de Maslow, la cual nos habla de las necesidades básicas del ser humano. Partiendo de esto, podemos notar que en lo más esencial de la vida —como comer o darnos un buen baño calientito— encontramos cierto placer, tanto físico como psicológico.
Quise tomar este ejemplo para desarrollar la idea de que el hedonismo no solo se relaciona con ese placer básico, sino que también tiene otra parte: aquella en la que el placer se busca en los excesos. Siento que muchas personas entienden el hedonismo desde esta perspectiva y, por eso, lo ven como algo negativo. Este tipo de hedonismo contemporáneo se asocia al placer inmediato: salir de fiesta y tomar mucho, fumar, usar sustancias o tener sexo casual. Es decir, vivir el momento a tope.
Esta forma de vida suele confundirse con el libertinaje, lo cual en nuestra cultura —y probablemente en muchas otras— se considera algo “malo”. Menciono esto porque existe una línea muy delgada entre “libertad” y “libertinaje”. Recuerdo que cuando era más joven y comenzaba a salir de fiesta, mi papá siempre me hablaba de esa línea, de no cruzarla. En ese momento no entendía del todo a qué se refería, pero con el tiempo comprendí la importancia de tener límites y conciencia al tomar decisiones.
Tener esa conciencia nos permite moderar nuestra forma de vivir, porque el hedonismo no siempre es una etapa; para algunos, es un estilo de vida. No pretendo decir que sea bueno o malo, simplemente creo que debe vivirse con equilibrio. Aristóteles lo mencionaba: no hay que privarse de todo, pero tampoco dejarse llevar por el desenfreno. En otras palabras, encontrar el punto medio.
Leí en un artículo que el hedonismo puede volverse una práctica peligrosa, pues puede conducir al egoísmo o a pensar solo en uno mismo, sin considerar los daños colaterales. Si lo racionalizamos, tiene sentido. Por eso, muchas iglesias en la Edad Media —y algunas todavía hoy— lo asociaban con el pecado, al vincularlo con la lujuria y los excesos. En ese contexto, pecar era duramente castigado, lo que sirvió para mantener cierto control social.
Volviendo al principio, mencionaba que el hedonismo también puede ser una práctica cotidiana, y por eso lo relacioné con la pirámide de Maslow. Disfrutar lo sencillo —una comida rica, una caminata, una ducha— ya nos hace partícipes de esta filosofía, aunque muchos no lo vean así. Basta con observar nuestras acciones para notar qué nos genera placer.
Considero que aprovechar cada momento de la vida, sabiendo que es efímera, y disfrutarla al máximo nos acerca a la plenitud. Sin embargo, el equilibrio debe estar siempre presente. Vivir con gratitud y conciencia también implica no huir del dolor, sino aceptarlo como parte del proceso.
Quiero cerrar con esta frase:
“Al final, no es el placer el que vacía al ser humano, sino la falta de propósito con que se lo persigue.”
Espero que este gran concepto haya sido de aprendizaje y reflexión.
Nos leeremos en la siguiente columna. ¡Chao!
¡Hola!
Qué gusto y emoción tengo de regresar a escribir y expresar ideas, sentimientos y puntos de vista.
Si no recuerdan quién soy, me presento:
Soy Ángela Aguirre, tengo 25 años, jalisciense viviendo la vida paceña; actualmente vivo en La Paz, BCS, un lugar que ha cambiado mi vida 180°. Trabajo como capitana de meseros en un restaurante de desayunos (que me ha visto evolucionar y crecer de forma laboral y personal, con el apoyo de todo el staff). Estudio International Business, actualmente en 6° cuatrimestre. He transformado mi persona en casi totalidad, ya que muchísimas situaciones me han orillado a hacerlo, todo para un bien mayor. Hace pocos meses me integré a la vida fitness, una cosa increíble que yo no sé por qué no lo había hecho antes. El proceso de todos estos cambios y modificaciones ha sido todo un rollo; esto ha implicado mucho tiempo, y hablo de intervalos cortos y largos.
Ahora bien, el proceso de cambio o modificación que hacemos o que hemos hecho no solo es con propósitos de mejoría del entorno; principalmente son por nosotros mismos. Cuando ya no estamos cómodos en un sitio, con algunas personas o en alguna situación, lo mejor que podemos hacer es cambiar o apartarnos. Es un sube y baja, son recaídas y repeticiones de decisiones buenas y malas. Ningún proceso es lineal, y esto es bien importante mencionarlo, porque personas como yo, que sentimos ansiedad por la incertidumbre, nos vemos afectadas cuando algo no sale como planeamos. Sin embargo, al no despegar el paso y seguir intentándolo, y al aceptar que las cosas no siempre salen como queremos, encontramos una ayuda enorme.
Si hablamos de mis procesos de cambio, todos han sido tipo terapia de choque. Esto sonará fuerte, pero soy una persona que vive de la experiencia propia. Obviamente algunas situaciones las he evitado por “pensar en cabeza ajena”, y esto ha sido un aprendizaje basado en procesos para decisiones que me llevarían hasta donde estoy hoy. No considero que esté en un punto malo de mi vida, de hecho, podría decir que todo lo que he vivido hasta el momento ha sido lo mejor, y no cambiaría ningún momento.
Desde que cambié de residencia, el proceso de adaptación ha sido muy difícil: cambiar mi casa, mis amigos, dejar a familia que desafortunadamente no está hoy para celebrar los logros… aceptar que ya nada es como antes y no lo será jamás, ha sido lo más cansado de conllevar. Pero no me malinterpreten: de todo esto puedo rescatar que el crecimiento que he logrado no lo hubiera tenido de otra manera, y vuelvo a lo mismo, todo lo veo con mucho optimismo. Quiero mencionar que el fluir también es un proceso, y a veces el mejor. Me refiero a que, cuando dejamos de controlar las situaciones, muchas veces mejoran por sí solas, y es tan grato no tener que sobrepensar en cómo hacer las cosas para que los resultados sean los óptimos. Este proceso de dejar fluir también es muy costoso cuando estás acostumbrado a tener control de todo y la presión por los resultados está respirándote en la nuca.
El miedo al cambio no existe; creo que es más el miedo al proceso, porque sí, es sumamente difícil y tener que renunciar a comportamientos y actitudes a los que estamos acostumbrados es un gran costo que pagar. Sin embargo, no es imposible. Cerrarse a la idea de no pasar el proceso es quitarle el sabor a la vida. Tener temor de errar es solamente una traición mental, pues nada es tan malo al final si siempre tienes un aprendizaje.
Debemos también considerar que una persona puede procesar de muchas formas diferentes las situaciones, y esto puede parecer complicado al querer acercarnos a alguien para brindarle nuestra ayuda, pues nunca sabemos en qué punto emocional está para poder abordarlo. Esto puede ser muy bueno o muy malo; sin embargo, está o no la disposición de ambas partes para ayudarse.
Ahora quiero platicarles de un proceso que estoy teniendo… Hace más o menos un mes, en una visita al ginecólogo por un descontrol hormonal que tenía, nos enteramos que este descontrol era nada más y nada menos que provocado por un embarazo. Y sí, estoy muy feliz de poder platicarlo ahora con todo mundo, pues al principio el proceso de aceptarlo, de ver cómo sucedió todo en un momento que no lo esperábamos, fue algo complicado. No solo para mí, que ya estaba teniendo síntomas frecuentes, sino también para mi pareja, Andrés, que recibió un cubetazo de agua fría, pues teníamos otros planes a corto, mediano y largo plazo que, a este punto, se tendrán que posponer o modificar. Ambos decidimos ser parte del proceso de ser papás, y por lo mismo, al ver todo lo que implica, al saber que sí será complicado, dudamos un poco. Pero ahora, con el principal apoyo de nosotros mismos y el amor que nos tenemos, además del apoyo de nuestro entorno, este proceso será un poco más fácil de llevar.
Quiero retomar lo que mencionaba hace un momento sobre el miedo al proceso y no al cambio, pues justo esto nos sacudió la cabeza al principio. Sí, era algo que queríamos ambos, pero a un largo plazo, entonces que sucediera tan pronto fue acelerar los procesos. Porque el embarazo sigue avanzando y quedarnos solo a pensar en lo que sucede, en realidad, no ayudaría mucho (en estas situaciones no aplica lo de dejar fluir, hahaha).
Si hablo desde mi proceso, fue difícil al principio decidir si continuar o no con esto. Es una situación tan delicada, porque si le platicas a las demás personas, siempre tendrás opiniones divididas, cuando lo único que alguien necesita en esta situación es apoyo, independientemente de lo que se decida. Por eso fue difícil para mí, y el procesarlo sola, porque al final soy yo quien pasará por el proceso, no solo físico, también mental. Al final, todo está bien, hasta ahora fue una buena decisión, y por supuesto que todo lo que conlleva lo voy a aceptar y seguiré trabajando y haciendo todo lo posible para que todo sea de la mejor manera. Gracias al apoyo de mis papás, mis hermanos y mis mejores amigos, toda la parte negativa que esto podría tener parece no existir. Quiero mencionar y agradecer también a Andrés, mi pareja y papá del bebé, que a pesar de sus miedos y enfrentándolos, está haciendo todo lo posible por crear una buena familia y también está mejorando individualmente. Sé que el proceso que está pasando no es fácil, y por eso quiero reconocer todo lo que hace por nosotros. Sé que, al final, todo el esfuerzo que hace tendrá grandes resultados.
Finalmente, quiero mencionar que cualquier decisión que tomes te llevará a una mejor versión de ti. Confiar en el proceso y querer seguir mejorando es clave para el éxito. Me despido agradeciendo su atención y tiempo. Nos leeremos próximamente. ¡Chao!
