- Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social con orientación en periodismo por la Universidad de Buenos Aires, Argentina.
- Experiencia en redacción, creación de contenido y docencia.
- Actriz por hobby.
- Me gustan el fútbol, la música, los libros, las redes sociales y la cultura en general.
- Persona en permanente construcción y aprendizaje
2025
Personalmente, siempre me gustaron las tradicionales fiestas de Navidad y Año Nuevo, más allá de los procesos y situaciones que me hayan tocado atravesar, porque todo, en mayor o menor medida, es un aprendizaje y una experiencia de crecimiento en diferentes áreas. Veo esta etapa como un cierre de ciclos, pero también como una oportunidad de reflexión, de cambio y de transformación, independientemente de las creencias y preferencias de cada uno por estas fechas.
La espera se vuelve algo sumamente significativo en este periodo. Para la Iglesia católica, por ejemplo, el tiempo de espera hasta la llegada del niño Jesús se llama Adviento. Durante este tiempo, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre el significado que tuvo la llegada de este niño a través de las escrituras, la confesión, la oración y las obras de caridad (como preparar una cena para aquellos que lo necesitan). Se trata de compartir y vivir este momento en comunidad.
En un plano más subjetivo, cada uno de nosotros espera algo mejor del año que va a comenzar; esta espera varía según las preocupaciones y necesidades de cada quien. Así, algunos esperan salir adelante en lo laboral, otros en lo sentimental; hay quienes desean dejar atrás ciertos hábitos e incorporar otros para tener una mejor calidad de vida o reencontrarse con un viejo hobby que, por alguna razón, dejaron de lado. En los últimos años he visto mucha gente que se propone leer un libro al mes o salir de su zona de confort musical y animarse a explorar nuevos géneros o artistas (esto último es algo que me propuse para este año 2025 y que conseguí). Aunque parezcan cosas simples, sin ningún impacto, siempre hay algo especial y transformador en aquel nuevo libro o en ese artista que nos sugiere el algoritmo de YouTube o Spotify.
En resumen, esta espera más subjetiva apuesta a confiar no solamente en que las cosas se den como queremos —y por fin poder conseguir ese trabajo o comprar ese auto—, sino también a asumir el desafío de poner lo mejor de nuestra parte para llevar adelante un cambio que puede aportar mucho a nuestra vida.
Pero para saber qué queremos y qué esperamos, se vuelve importante la reflexión. Para aprender a relacionarnos de forma diferente con nuestro entorno y adquirir nuevos hábitos, es fundamental saber dónde estamos parados actualmente: qué cosas y personas nos suman y cuáles nos restan, o con cuáles podríamos intentar cambiar de enfoque (quizás mirar una situación o a una persona con una lente distinta es todo lo que hace falta). En esta reflexión podemos hacernos algunas de las siguientes preguntas:
· ¿Estoy contento con esto que estoy haciendo actualmente? ¿Con el rumbo que está tomando mi vida?
· ¿Estoy cómodo con esta situación o ya me está excediendo?
· ¿Me suma esta persona? ¿Qué estoy dando? ¿Qué estoy recibiendo?
· ¿Qué puedo hacer para mantener lo que está bien y cambiar lo que está mal? ¿Qué hábitos debo abandonar y cuáles incorporar?
· ¿Qué cosas dependen de mí y cuáles no?
Hacernos estas preguntas nos permite tomar conciencia para avanzar hacia una transformación de cara al nuevo año que comienza, ya que es a partir de ellas donde empezamos a hacer limpieza. Esta limpieza puede ser grande o pequeña; eso también depende de lo que cada uno quiera y necesite cambiar. Es importante destacar que la limpieza espiritual/emocional y la limpieza física de nuestro hogar (que también se suele hacer antes de las fiestas) están fuertemente conectadas. La forma en la que se muestra nuestro entorno puede decir mucho de cómo se encuentran nuestras emociones en un determinado momento. Por ejemplo, un escritorio repleto de papeles nos habla de una persona que tiene mucho trabajo o está preparando un examen, y que probablemente se encuentra muy ocupada, estresada o sin dormir.
Por otro lado, en la limpieza física nos deshacemos de objetos que ya no tienen ninguna utilidad o significado para nosotros para hacer espacio a nuevos objetos. Además, removemos el polvo acumulado para que algo vuelva a lucir brillante. Lo mismo pasa en nuestros corazones. Cuando elegimos alejarnos de ciertos lugares, situaciones o personas que ya no nos aportan, también estamos haciendo una limpieza y creando espacio para nuevos lugares, nuevas experiencias, nuevas personas y nuevas posibilidades de crecimiento y expansión.
Darle paso a lo nuevo nos sana y nos aporta inspiración. La inspiración abre las puertas de la curiosidad, nos motiva, nos hace movernos, animarnos a explorar, a buscar. Dice el popular refrán que “el que busca, encuentra”, y cuando encontramos, aparecen la creatividad, la imaginación, el juego y las ideas. Esto nos anima a emprender nuevos viajes en lugares quizás impensados e inesperados, pero donde, sin dudas, podremos reconectar con nosotros mismos, reencontrarnos, redescubrirnos. Eso nos permitirá a su vez conectar de una mejor forma con los demás, y quizás también ayudarlos en algunos de sus procesos.
Claro está que el cierre del año también nos hace pensar con más fuerza en quienes ya no están con nosotros, sentir nostalgia por las viejas fiestas con mesas grandes y todos nuestros familiares reunidos, añorar la infancia. La nostalgia y la añoranza por lo perdido también son parte del proceso, y está muy bien que así lo sean: son necesarias para encontrarse con nuestras raíces y nuestra esencia, aquello que fuimos alguna vez.
Se trata nada más y nada menos que de nuestro niño interior, aquel que, cuando uno se lo encuentra en los más profundos recuerdos, nos dice quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes queremos llegar a ser. Nos recuerda cuáles son nuestros sueños y el camino para alcanzar lo que todavía no se pudo, nuestras fallas y nuestros aciertos. Pero, principalmente, nos recuerda que todo es posible si uno se lo propone, por más difíciles que se pongan las circunstancias en la vida adulta.
La magia y el mensaje de las fiestas también es ese: reencontrarnos con nuestro niño interior, con nosotros mismos y con los demás. Cerrar ciclos —más o menos dolorosos— y abrir nuevas puertas a nuevas oportunidades y experiencias de crecimiento junto a las personas correctas. Un conocido refrán dice: “Año nuevo, vida nueva”. Mucha gente espera que el año que llega sea mejor que el que se va, pero para que eso ocurra, lo primero que debemos entender es que nada cambiará si no ponemos de nuestra parte. Para que un nuevo año, y cualquier etapa que comience, sea mejor, debemos proponernos ser mejores nosotros.
“Dime con quién andas y te diré quién eres” es una frase que puede servir para sintetizar la reflexión de este artículo. Recientemente estuve leyendo algunos libros de autoayuda y crecimiento personal que, entre otras cosas, hablan sobre las energías y cómo nosotros podemos conectarnos con el universo y co-crear con él.
En el capítulo 2 de El libro de los secretos, el reconocido autor Deepak Chopra invita a reflexionar sobre nuestra conexión con los demás mediante un ejercicio muy simple: responder un par de preguntas cuando estamos con otra persona:
¿Escucho felicidad?
¿La presencia de esta persona me hace sentir vivo y animado?
¿Percibo un trasfondo de cansancio?
¿Se trata de un encuentro rutinario o hay una verdadera interacción entre las personas?
Sin dudas, son preguntas que invitan a pensar y replantearnos con quiénes nos rodeamos y qué pasa con esas personas, también con quiénes queremos compartir nuestra energía. Estas respuestas dicen mucho sobre nosotros, sobre cómo nos vemos y cómo afrontamos la vida y los problemas.
Hay personas que, sin decir o hacer nada en particular y sin mala intención, pueden perjudicarnos simplemente con su actitud negativa, su constante queja o su tendencia a hablar solo de sus problemas. Sin darnos cuenta, llega un momento en que nos cargamos de esa negatividad y esta empieza a afectar nuestra propia vida.
El cuerpo y la mente suelen dar señales cuando nos encontramos con este tipo de personas: tensión e incomodidad, sensación de estar a la defensiva, irritabilidad o tristeza sin causa aparente. Las personas que absorben nuestra energía suelen tener una mentalidad negativa, quejarse constantemente, victimizarse y emitir comentarios o acciones contradictorios.
La experiencia me enseñó que este tipo de personas están presentes en todo momento y lugar, y también las hay de todas las edades. Una característica que he notado es que suelen camuflarse bajo una falsa positividad: aconsejan o dan opiniones supuestamente amables, pero transmiten una energía completamente diferente.
A veces, escapar de esas personas no es fácil, ya sea porque forman parte de nuestro día a día o porque frecuentan los mismos espacios. La buena noticia es que no es imposible. Lo principal, después de identificarlas, es saber guardar distancia y no dejarnos absorber por su negatividad.
La clave está en enfocarnos y trabajar en nosotros mismos: saber en qué lugares nos sentimos cómodos, dónde podemos ser nosotros sin presiones, y rodearnos de personas que nos hagan sentir tranquilos y auténticos. Esas personas con las que la conexión surge sin forzar nada, con quienes podemos compartir sanamente, que están en las buenas y en las malas, que nos guían, nos hacen reír y se preocupan genuinamente por nosotros.
Otra forma de alejar la negatividad es dedicar tiempo al autocuidado físico y mental. Pasar tiempo a solas también sirve para descubrir a quién y qué queremos en nuestra vida. El ejercicio físico, por ejemplo, mejora la autoestima y la seguridad, y eso influye en nuestras relaciones. Si lo acompañamos con actividades espirituales o de relajación, como la meditación o escuchar sonidos de la naturaleza, los efectos son aún mayores.
Actividades creativas como el teatro, la pintura, el dibujo o la escritura también son herramientas poderosas para despejar la mente y canalizar emociones. Además, nos permiten conectar con personas afines, que nos suman y nos inspiran. En mi caso, el teatro me ha enseñado mucho y me ha regalado compañeros que, con respeto y cariño, me impulsan a seguir creciendo.
En definitiva, lo esencial es encontrarnos a nosotros mismos y entender que somos parte del mundo y cocreadores de nuestra realidad. No podemos controlar las acciones ni las actitudes de los demás, pero sí podemos elegir cómo reaccionar ante ellas.
De ahí la importancia de reflexionar sobre nuestras relaciones y el aporte real que las personas hacen a nuestra vida. Preguntarnos: ¿nos apoyan en nuestras decisiones? ¿Nos animan a crecer y cumplir nuestras metas? ¿Nos hacen sentir felices, tranquilos, inspirados?
Replantear cada cierto tiempo qué damos, qué recibimos y qué queremos en nuestros vínculos nos permitirá construir relaciones más sanas, valiosas y duraderas. Relaciones donde haya reciprocidad, crecimiento y, sobre todo, personas que sumen luz a nuestra vida.
El pasado 3 de octubre, la cantante estadounidense Taylor Swift dio a conocer su nuevo trabajo discográfico, titulado The Life of a Showgirl (en español: La vida de una corista), producido junto a los suecos Max Martin y Shellback. Se trata de su duodécimo álbum de estudio, grabado durante su último tour, en su paso por Suecia.
El lanzamiento del álbum fue acompañado por el estreno de una película titulada The Official Release Party of a Showgirl, con un estreno limitado del 3 al 5 de octubre en más de 100 países.
Desde el primer momento, The Life of a Showgirl prometió un concepto y una energía distintos a su predecesor, The Tortured Poets Department, caracterizado por sus letras profundas y reflexivas. Las melancólicas tonalidades grises y sepia dieron paso a una paleta naranja y verde agua, vibrante y energética. Cabe destacar que el color naranja se asocia con la independencia y la confianza en uno mismo, temas a los que Swift hace referencia en más de una canción.
Por esto —y por el propio significado de la palabra showgirl, muy bien expresado en las fotografías promocionales del disco— había mucha expectativa entre fans y críticos, que esperaban un concepto más alegre y enérgico.
Sin embargo, una vez disponible el disco, las opiniones se dividieron.
El diario inglés The Guardian calificó el álbum como “deslumbrante pero aburrido”, otorgándole 2 de 5 estrellas. “Visualmente impactante, pero con sensación de agotamiento. Fans defienden a Taylor; otros coinciden: la polémica está servida”, agregaba la crítica. Y, sin lugar a dudas, fue así.
Mientras muchos se enamoraron del álbum desde la primera escucha, otros no se sintieron del todo atraídos ni por el concepto ni por algunas de las letras. Los debates en redes sociales como X (antes Twitter) no tardaron en aparecer, generando una nueva conversación en torno a la música de Swift. Algunos usuarios destacaron que, musicalmente, es un buen trabajo, aunque sin demasiada profundidad lírica.
En cuanto al sonido, el disco se enmarca en los géneros pop y soft pop. La artista declaró que su intención era crear melodías “contagiosas”. También señaló que buscaba hacer un álbum centrado en la calidad, en la cohesión temática y donde todo encajara “como un rompecabezas perfecto”.
La primera pista, The Fate of Ophelia, hace referencia a la muerte de Ofelia, la heroína de Hamlet de William Shakespeare. En esta canción, Swift se pone en la piel del personaje y promete lealtad a un honorable príncipe Hamlet (a diferencia del original, al que califica de cobarde). La canción incorpora percusión, guitarras de acero y tonos de omnichord. Es la pista principal del álbum y cuenta con un video musical donde Swift se presenta como una auténtica showgirl, en un escenario de teatro de revista con el color naranja como protagonista visual.
Otra de las canciones más destacadas por el público es Opalite, una pieza llena de metáforas, fiel al estilo de Swift. La opalita es una piedra conocida por sus propiedades calmantes y su capacidad para mejorar la comunicación. Aquí, aparece como símbolo de renovación, transformación y esperanza. Además, su color cambia según la luz, lo que Swift utiliza como metáfora de las relaciones y sus matices emocionales.
El uso del color como lenguaje emocional es un recurso recurrente en la obra de la artista. Ya lo había explorado en Red, donde los tonos simbolizan pasiones y rupturas. En esta nueva era, los colores también adquieren peso simbólico propio.
Entre las demás canciones, Father Figure destaca por su letra oscura y poderosa: retrata una relación donde una persona asume el papel protector de otra mucho más joven, resaltando la lealtad como eje del vínculo (“I protect the family”). Por su parte, Eldest Daughter, la pista número 5 —posición siempre significativa para los fans— habla sobre las presiones que sufren las hijas mayores, “enviadas al matadero”, según dice la letra. Sin embargo, algunos oyentes señalaron que esta pista carece de la intensidad emocional característica de otras “track five” históricas.
Sin duda, la canción que más debate generó fue Actually Romantic, que muchos interpretaron como una respuesta a “Sympathy is a Knife” de Charli XCX.
Para entender la controversia, hay que repasar el contexto: Charli es pareja de George Daniel, integrante de la banda The 1975, cuyo líder Matty Healy fue pareja de Taylor Swift. En la canción de Charli, se expresa la inseguridad que siente ante la presencia de cierta mujer cercana:
“No quiero compartir el espacio. No quiero fingir una sonrisa. Esta chica aviva mis inseguridades. Una voz dice que se ríen de mí”.
El coro añade:
“Porque ni siquiera podría ser ella, ni aunque lo intentara. Soy lo opuesto. Estoy del otro lado.”
Aunque Charli negó que la canción estuviera dirigida a alguien en particular, muchos fans interpretaron que esa “mujer” era Taylor. La relación artística entre ambas comenzó en 2018, cuando Swift invitó a Charli XCX a ser telonera en la gira Reputation Stadium Tour. Sin embargo, tras algunos comentarios percibidos como críticas hacia Swift, la relación pareció enfriarse. En 2024, durante un concierto, algunos fans de Charli gritaron cánticos ofensivos contra Taylor (“Taylor está muerta”), ante lo cual la propia Charli salió en su defensa.
La canción The Life of a Showgirl, que da título al álbum, cuenta con la colaboración de Sabrina Carpenter, quien fue telonera de Taylor durante el Eras Tour y la ha citado como una de sus mayores influencias. Esta colaboración fue de las más esperadas por el público.
La letra ofrece una mirada introspectiva sobre la vida de una showgirl —bella, carismática, pero incomprendida— que enfrenta las críticas y la soledad detrás del brillo del escenario.
Al igual que Cancelled, otra pista del disco que aborda la cultura de la cancelación y su impacto en las relaciones y en la percepción pública, la canción refleja con claridad la intención central del álbum: mostrar la vida de una artista fuera del escenario y reflexionar sobre las presiones, críticas y vulnerabilidad del mundo artístico.
Entre los comentarios de los fans, muchos coinciden en que se percibe a una Taylor más feliz, relajada y desenvuelta en comparación con trabajos anteriores como The Tortured Poets Department. Es, dicen, una Taylor que ha encontrado el amor y está dispuesta a vivirlo, segura de sí misma.
Aun así, hay quienes prefieren su faceta más introspectiva, como la de Folklore, Evermore o el propio The Tortured Poets Department. Esto generó intensos intercambios en redes sociales entre los que celebran a la Taylor luminosa y pop, y los que extrañan a la Taylor melancólica y poética.
Polémica aparte, lo cierto es que el álbum fue un éxito rotundo a menos de una semana de su lanzamiento, alcanzando récords en plataformas como Spotify y Apple Music.
Y, sin duda, la era de The Life of a Showgirl apenas comienza.
Esta reflexión surge a partir de un capítulo de Los Simpson que transmitieron en el habitual maratón de los sábados a la tarde del canal argentino Telefe. Se trata de “Código de chica”, décimo capítulo de la temporada 27.
La historia empieza cuando Marge va al trabajo de Homero para entregarle el almuerzo que olvidó y se toman algunas fotos. Al regresar a casa, Marge sube una de las fotos a la red social Facebook en la que se ve a Homero sosteniendo un cucurucho de helado con la descripción: “¡Fusión en la Planta Nuclear!”. Enojado por la broma, el señor Burns decide despedir a Homero. Mientras tanto, Lisa empieza sus clases de programación en la escuela, a cargo de la profesora Quinn, y al regresar a casa escucha a Marge lamentarse por las consecuencias de su publicación. Así, se le ocurre crear una aplicación que les alertara a las personas sobre las consecuencias de subir ciertos contenidos o comentarios a redes sociales. Entonces nace Conrad (abreviatura de Consequence Erradicator).
La aplicación es todo un éxito y Lisa es convocada para presentarse en el Centro de Convenciones de Springfield. Inesperadamente, Conrad cobra vida y antes de la exposición le pide a Lisa que no lo presente y lo libere, ya que está cansado de leer los comentarios de todo el mundo.
Después de mucha insistencia, Lisa accede a liberar a Conrad a pesar de que las programadoras le advirtieron que no lo haga. Así, Conrad aparece en las pantallas gigantes hablando con todos y les dice: “Tal vez su sociedad no deba depender de un programa de computadora para advertirles de las consecuencias de sus actos. La humanidad debe aprender por sí misma a pensar antes de comentar. Su especie está al borde de convertirse en los perfectos idiotas. La tecnología no necesita ser mejorada, sino ustedes.”
Sin dudas esta reflexión es más que interesante. Hoy en día, las aplicaciones nos están dando un sinfín de facilidades con tan solo un par de clics. Desde pedir comida o un coche hasta indicarnos cómo llegar a un lugar, las posibilidades son infinitas. Además, la aparición de la inteligencia artificial ha abierto exponencialmente el campo de acción, ya que a partir de ella se puede realizar cualquier tipo de escrito, componer una canción o dibujar una imagen, incluso completar tareas escolares.
La cuestión es hasta dónde el uso de las distintas aplicaciones puede ser beneficioso y hasta dónde perjudicial, y hasta dónde puede repercutir en nuestra capacidad de pensar y medir nuestras acciones y sus consecuencias. En el caso del honesto Conrad, tan honesto como la propia Lisa, él mismo advierte que hacer una distinción entre un comentario bueno y uno que puede ser perjudicial no debería depender de ningún programa, sino de la capacidad humana para medir el impacto de nuestras palabras. Constantemente, ya se trate de un comentario en Facebook o de un video en TikTok, se ven las consecuencias que ciertos contenidos tienen para personas e instituciones de la vida real fuera de la pantalla.
Al igual que en Los Simpson, un simple comentario puede dejar sin empleo a alguien o poner en entredicho, por así decirlo, a una institución, marca o persona. Muchos de estos casos, cuando se trata de personas o lugares famosos, salen a la luz en los medios. Así, el llamado “escrache” se ha convertido en una práctica más común de lo que parece, llegando a tener consecuencias en la salud física, emocional y psicológica de quien es víctima de tal acción.
Según comentó Federico Salazar (2019), licenciado en Psicología, en una entrevista para El Tribuno de Jujuy: “uno de los efectos del escrache es el crear una especie de estigma social, con el objeto de anular como persona al denunciado, sin importar de lo que se trate”. Por otra parte, el especialista advirtió que “el impacto que produce un escrache en una persona depende de muchos factores”.
Estos escraches se dan en el marco de estafas, deudas o simplemente por el mero interés de perjudicar a una persona o marca. Pero también se dan en el caso de los adolescentes, quienes muchas veces reciben comentarios o publicaciones en redes sociales de sus propios pares. Ya sea en broma o con deliberada mala intención, estos pueden llegar a tener un alto impacto en su persona.
Al advertir estos fenómenos, redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter comenzaron a tomar cartas en el asunto, ocultando o borrando cierto tipo de contenido a la par que envían advertencias a los autores del mismo. También son las mismas redes sociales las que advierten a los usuarios, antes de que lo vean, que un contenido puede ser ofensivo o violento, dándoles la posibilidad de decidir si quieren verlo o no. Este contenido considerado inapropiado por las mismas plataformas incluye imágenes o videos sensibles y comentarios que contienen insultos, agresiones o referencias a ciertos temas delicados como enfermedades.
Con el fin de evitar potenciales advertencias o suspensión de sus perfiles, muchos usuarios optaron por escribir ciertas palabras con signos o, inclusive, evitan nombrar ciertas personas o sucesos.
Entonces, es necesario tomar conciencia tanto del contenido que se sube como del que se ve, sea en el formato que sea o en la red social que sea, dado que también internet está sobrecargado de información, muchas veces poco precisa o confiable. Esto, paradójicamente, también conduce a la desinformación y a ignorar las consecuencias que ciertos fenómenos nacidos en internet pueden tener en la vida fuera de las pantallas.
Es el caso, por ejemplo, de los famosos desafíos de TikTok. Desde hace algunos años, muchos jóvenes comenzaron a copiar estos desafíos de otros usuarios, simplemente porque los ven divertidos o porque todo el mundo los hace (aparentemente sin ningún problema). Pero muchas veces no miden los peligros. Lamentablemente, en algunos casos las cosas se pueden salir de control y tener consecuencias graves, tanto para quienes realizan los desafíos como para terceros. Muchos casos de este estilo fueron noticia y sirvieron para poner en alerta a familias y escuelas sobre los peligros reales de estos desafíos.
No es la primera vez que en Los Simpson se reflexiona sobre las redes sociales y sus consecuencias. Por ejemplo, en Mi vida como Vlog se muestra cómo las redes sociales pueden crear confusión y malos entendidos tras la viralización de ciertos contenidos. También en Las fiestas del futuro se predice el metaverso y cómo será la vida con realidad virtual.
En el ámbito latinoamericano, series como la popular La Rosa de Guadalupe o Lo que callamos las mujeres también muestran en varios de sus capítulos el impacto que tienen las redes sociales, principalmente entre los jóvenes. Estas telenovelas abordan historias de adolescentes que son víctimas de ciberbullying, jóvenes que en su desesperación por verse más lindas siguen consejos de dietas compartidos por otros usuarios, y de grupos de amigos que quieren imitar los desafíos de TikTok, llegando inclusive a competir por seguidores o “likes”.
En este contexto tan complejo, la clave es reflexionar y hacer ver, más que nada entre los jóvenes, que muchas veces un simple comentario, video o imagen puede tener más impacto del que pensamos en la vida de una persona, convirtiéndose en algo más grande y con consecuencias reales y muy nocivas fuera de internet y de las redes sociales. Es decir, en nuestro día a día. Tal como propone Conrad, debemos ser responsables de nuestros propios actos y palabras sin ayuda de ninguna aplicación.
Referencias
Juárez, M. J. (16 de diciembre de 2019). El peligro de los escraches en redes sociales. El Tribuno de Jujuy. https://eltribunodejujuy.com/nota/2019-12-16-1-0-0-el-peligro-de-los-escraches-en-las-redes-sociales
Mi primer acercamiento a Jane Austen fue, al igual que el de muchos, por una de sus obras más conocidas: Orgullo y Prejuicio. Recuerdo que compré ese libro en la librería del barrio hace unos dos años, días después de rendir la última materia de la facultad.
Siempre que tengo en mis manos un nuevo libro, una de las primeras cosas que hago es investigar acerca de la vida de su autor. Y la vida de Jane Austen tiene pasajes cuanto menos interesantes; uno de ellos es que, a pesar de escribir historias de amores y desamores con un poco de humor y locura, jamás se casó, aunque sí hubo una propuesta. También en su biografía juega un papel importante la ciudad costera de Bath, donde se mudó siendo muy pequeña. Según se menciona, Austen no disfrutaba de este lugar; sin embargo, Bath aparece en varias de sus obras.
Una de las cuestiones que trabaja Austen y que me parece interesante es la psicología de sus personajes. En Orgullo y Prejuicio se ve la labor de la autora explorando precisamente la tensión entre estos dos polos, representados por la señorita Lizzy Bennet y el señor Darcy. A ellos se agregan otros personajes que hacen un gran aporte a la historia, como los padres de la joven, que aportan el toque de humor, y las hermanas de Lizzy, que también tendrán sus propias historias. Es de destacar la historia de Jane, la mayor de las hermanas, con el señor Bingley. La joven pasa la totalidad de la novela sin saber si es debidamente correspondida o no.
Tras la lectura de Orgullo y Prejuicio y por recomendación de una amiga, decidí darle una oportunidad a Emma. La protagonista que da nombre a la historia es una joven de 16 años a la que le encanta armar parejas entre sus amigos y conocidos, lo que la llevará a ella y a su círculo a atravesar enredos confusos, tristes y divertidos. Todo en un tono más cómico e irónico. Es importante entender que la ironía para criticar distintos aspectos de la vida en sociedad de ese tiempo será característica en la literatura de Austen. La personalidad de la heroína hizo que este libro se convirtiera en uno de mis favoritos de la autora.
Mi otro libro favorito es Sentido y Sensibilidad, la primera obra publicada oficialmente por Jane Austen. Al igual que Orgullo y Prejuicio, este libro cuenta las historias de amor de dos hermanas, Elinor y Marianne Dashwood, quienes tras la muerte de su padre deben dejar la comodidad de su finca y mudarse a una pequeña casa de campo. Como en Orgullo y Prejuicio, se muestra el contraste entre dos polos: el de la razón y el de los sentimientos, representado en las actitudes de las dos hermanas frente a los desafíos que enfrentan en sus respectivas relaciones. Así, las tensiones entre sus distintas formas de pensar serán recurrentes.
Como se menciona anteriormente, en sus obras Austen no solamente nos muestra la vida en sociedad de la Inglaterra de tiempos de la regencia, sino que también critica con humor e ironía varias de las costumbres de la época, cuestionando preceptos éticos y morales. Esto es clave en sus novelas, donde antes de que el amor finalmente triunfe, los personajes se ven obligados a desafiar los límites impuestos por sus diferencias de clase. Por ejemplo, el hecho de “casarse bien” juega un papel fundamental, al igual que el estatus social y el rol de la mujer.
En este sentido, las relaciones sociales y de clase son, en mi opinión, uno de los puntos importantes. La Abadía de Northanger es otra de sus famosas obras. Una curiosidad es que esta fue la primera novela escrita por la autora, pero no la primera en publicarse. Fue publicada recién en 1818 de manera póstuma, al igual que Persuasión (1818), Lady Susan(1871) y Sanditon (1818). Vale mencionar que Jane Austen tenía solamente 41 años cuando murió, en 1817, producto de una enfermedad de la que poco se sabe hasta la actualidad. Fue su hermano, Henry Austen, quien se encargó de publicar las obras póstumas.
La Abadía de Northanger cuenta la historia de Catherine Morland, quien deja su humilde vida en el campo para pasar un tiempo en Bath, donde transcurre gran parte de la historia. Allí la protagonista no solo conoce nuevos amigos, sino también el amor. Pero el camino no es fácil: este nuevo mundo está lleno de hipocresía, falsedad y secretos con los que tendrá que lidiar.
Mansfield Park (1814) va en la misma línea. Fanny, la protagonista de esta novela, es adoptada por sus tíos, que viven en la finca que le da nombre a la historia, y desde muy pequeña tiene que convivir con las diferencias de clase y la hipocresía de sus parientes. Una característica importante de esta historia es la tensión entre lo correcto y lo incorrecto en la que Fanny, de alguna u otra manera, se verá envuelta. Un ejemplo de esto es cuando los jóvenes de la familia deciden montar una obra de teatro sin que el padre esté en casa. Dentro de este círculo, en el que muchas veces Fanny parece invisible, la única persona en la que encuentra comprensión es su primo Edmund, de quien está enamorada.
Mientras que La Abadía de Northanger es considerada como una de las obras más ligeras y sencillas de Jane Austen para quien quiera empezar a acercarse a sus historias, Mansfield Park es considerada por muchos como la más compleja y densa, debido a la profunda exploración que hace Austen de la moral y de los valores familiares y sociales. Sin embargo, hay muchos puntos comunes, como las complejidades de la vida social que se exponen y las diferencias de época entre el campo y la ciudad.
Persuasión, también publicada tiempo después de la muerte de Austen, es una novela más corta que las anteriores, pero igual de interesante. El libro relata la historia de Anne, a quien el destino le da una nueva oportunidad con un viejo amor. El título de este libro se debe a que en su pasado la protagonista fue persuadida por los suyos para rechazar aquella relación.
Además de estos libros, Jane Austen publicó tres novelas cortas: Lady Susan (publicada póstumamente en 1871), Los Watson y Sanditon (estas dos últimas inconclusas).
Sin dudas, Jane Austen marcó y sigue marcando tendencia en la literatura moderna y en el público juvenil (y no tan juvenil) de nuestro tiempo. Sus novelas son parte de la colección Novelas Eternas, que fue lanzada en Argentina y en varios países del mundo, e incluye títulos clásicos de distintos autores donde la mujer es protagonista fundamental. Es de destacar que el tomo de Orgullo y Prejuicio fue de los más pedidos y de los más difíciles de conseguir.
Además, las historias de Austen fueron llevadas al cine, teatro y televisión, teniendo incluso más de una versión.
¿Pero a qué se debe la vigencia de estas obras? La clave está en las temáticas y problemáticas que la autora aborda con tanta inteligencia y profundidad. Con un humor e ironía que son cruciales para entender sus escritos, logra exponer de forma creativa y a la vez crítica la sociedad de su tiempo, las diferencias de los estatus de clase, de los roles familiares y particularmente del rol de la mujer.
Cada una de sus heroínas representa, a su manera, un cuestionamiento a los valores y principios de la época, así como a lo que se espera de ellas dentro de determinados círculos sociales y del matrimonio en particular. Estos personajes van contra la corriente, tratando de hacer valer su posición en un mundo en el cual parecen no encajar, pero en el que finalmente logran instalarse.
La actualidad de varios de estos cuestionamientos es lo que mantiene viva la obra de Jane Austen, así como la de otros autores clásicos que supieron escribir historias situadas en la sociedad de su tiempo.
Lanzó su primer álbum a los 16 años. Es la autora de éxitos como Fearless, Shake It Off y Lover, entre otros. Encabezó las listas musicales y su último tour, The Eras Tour, fue un fenómeno mundial. Lo cierto es que Taylor Swift parece ser más que una cantante. Pero ¿por qué? ¿Qué es lo que hace que sea un fenómeno musical y cultural?
Empecemos por las variadas temáticas de sus letras. Estas van desde los desafíos y sentimientos propios de las relaciones amorosas (traiciones, la desilusión del amor perdido o la esperanza de un nuevo amor), hasta cuestiones más personales y reflexivas como la superación personal, la relación con la familia y los amigos, y el mundo de la fama y sus peligros. Vale la pena recordar que Taylor Swift, más de una vez, estuvo en el ojo de los paparazzi por sus relaciones amorosas, sus polémicas con otros famosos como Kanye West y por cuestiones políticas. Es de destacar que su álbum Reputation (2017) marcó un cambio en su carrera e implicó su regreso a la música después de un periodo de controversias. El álbum es uno de los favoritos de los Swifties (como se denomina a su fandom) y representó un quiebre por su estilo más oscuro y confrontativo, en el que se exploran cuestiones de fama, relaciones y percepción pública. En este disco se encuentran éxitos como …Ready For It?, End Game y Don’t Blame Me. Musicalmente, la cantante se apartó del estilo country y pop con el que había trabajado hasta entonces. La popularidad de Reputation es tal que sus fans todavía esperan una regrabación del álbum.
El proyecto de regrabación de cuatro de sus seis primeros discos también merece un párrafo. La historia comienza en 2019, cuando la cantante dejó Big Machine Records (que fue adquirida por Scooter Braun) sin la posibilidad de comprar sus primeros seis álbumes (Taylor Swift, Fearless, Speak Now, Red, 1989 y Reputation), ya que la compañía había vendido los derechos a Braun. Con el objetivo de recuperar el control de su música, nació el proyecto Taylor’s Version (TV). Por otra parte, Swift acusó a Braun de acoso y manipulación, lo que hizo que el interés por recuperar su música aumentara, algo que, como artista y compositora, siempre tiene el derecho de hacer. El primer lanzamiento de sus regrabados fue Fearless (Taylor’s Version) en 2021.
Finalmente, después de años de disputa legal, Swift pudo recuperar su música en mayo de 2025. Como forma de apoyo, varios Swifties habían dejado de escuchar las versiones originales y respaldaron las Taylor’s Version. Al conocerse la noticia de que la artista había recuperado sus canciones, los fans celebraron poder escuchar de vuelta las versiones originales. Incluso hubo una parte del fandom que accedió a estas por primera vez. Las comparaciones entre las canciones originales y las versiones TV también fueron objeto de debate, ya que presentan diferencias tanto en la voz como en los efectos musicales.
Lo cierto también es que las letras de Taylor Swift resuenan con personas de todas las edades y de ambos sexos, interpelando tanto a adolescentes como a adultos en sus 20 o 30 años. Todos ellos, de alguna manera, se sienten identificados con la variedad de temáticas y estilos que abordan las canciones. Varias personas afirman que su música los ayudó a transitar momentos difíciles de su vida, como pérdidas, enfermedades o simplemente malas rachas. Hay muchas canciones que exploran temas con los que los oyentes pueden sentirse fácilmente identificados. Es el caso de la canción Anti-Hero, donde la cantante se presenta justamente como una antiheroína y cuenta parte de sus luchas e inseguridades internas, abordando cuestiones de autoestima, salud mental, el cuestionamiento a uno mismo y el miedo al rechazo. Todo con su particular tono de escritura: abierto, sincero y plagado de metáforas y comparaciones. Así, las letras son una de las características más fuertes y más valoradas por los fans, que constantemente se la pasan “jugando” con las canciones.
En este sentido, existen conversaciones y debates sobre a quién le dedicó cierta canción (siempre pensando en sus exparejas), cómo puede relacionarse cierta canción de un álbum con otra de un disco distinto, o sobre las pistas que la artista deja en redes sociales como Instagram o en su página web. Estas pistas suelen ser mensajes ocultos que rápidamente son encontrados por los fans en alguna fotografía o texto. Hay quienes también buscan señales, por ejemplo, en las letras o títulos de las canciones. Así surgen teorías sobre futuros anuncios por parte de Swift.
La cantante también se destaca por su gran capacidad para contar historias a través de su música. Una de las más populares es la del triángulo amoroso James-Betty-Augustine, una historia que Swift narra a través de tres canciones de su álbum Folklore (Cardigan, Betty y August, respectivamente), en la que un adolescente le es infiel a su novia. A lo largo de las tres canciones, se muestra la perspectiva de cada uno de los protagonistas.
Otra característica es el gran vínculo que supo crear con sus fans, con los cuales ha tenido muchas muestras de afecto y de acercamiento. A pesar de haber sido criticada, entre otras cosas, por no dejarse ver y cubrirse con un paraguas al trasladarse a ciertos lugares, durante varios conciertos del Eras Tour (por ejemplo, en la performance de su famosa canción 22), entregó el sombrero característico del videoclip a algún aficionado pequeño que estuviera en las primeras filas. Por otra parte, una de sus canciones más emotivas, llamada Ronan, está dedicada a un pequeño fan, Ronan Thompson, que falleció a sus 4 años producto de un cáncer. La canción forma parte de la regrabación de su disco Red.
El Eras Tour también popularizó otra práctica muy extendida dentro del fandom Swiftie: el intercambio de Friendship Bracelets (brazaletes de amistad), que tiene su origen en la canción You’re On Your Own, Kid, perteneciente a su álbum Midnights: “Haz pulseras de la amistad, toma el momento y saboréalo”, dice uno de sus versos. Estas pulseritas fueron hechas por los fans para ser intercambiadas o vendidas durante los conciertos o en distintos eventos (como la Feria Swiftie en Argentina), y llevan los títulos de las canciones o álbumes con colores distintivos. Algunos fans le dieron su toque personal, agregando nombres propios o frases relacionadas al fandom. Pero el sentido siempre es el mismo: intercambiar y demostrar la hermandad de los Swifties, quienes también organizaron actividades para homenajear a su cantante favorita, desde coreografías y carteles con mensajes de afecto hasta pequeños shows con linternas en determinadas canciones. Por su parte, Taylor destacó por sus segmentos de canciones sorpresa, mashups muy emotivos y sus icónicos vestuarios, como el característico vestido violeta de la canción Enchanted.
Todos estos detalles hacen que Taylor Swift sea un ícono para el ambiente musical y la cultura en general. Siempre da que hablar, arriba y abajo del escenario, ya sea por sus multitudinarios shows o por sus relaciones: siempre está presente. Atravesando fronteras culturales, étnicas, etarias y de género, rompiendo barreras. Porque en sus shows hay espacio para que todos puedan disfrutar de la energía de sus canciones por igual. Incluso se ha visto a madres y padres acompañando a los más jóvenes de la familia y disfrutando tanto como ellos. Sin mencionar que el fenómeno Swiftie ha dado lugar a un montón de manifestaciones culturales como ferias, exposiciones y orquestas dedicadas a Taylor Swift.
Es sabido que en los últimos años la inteligencia artificial (IA) se ha incorporado de forma significativa en distintas áreas de nuestras vidas, como la escuela o el trabajo, teniendo un gran impacto en ambas. En este contexto, los medios de comunicación no son la excepción.
Hace unas semanas, una nota del diario argentino La Nación se hizo viral por un extraño mensaje que apareció al final del artículo. El mensaje decía: “¿Quieres que prepare una versión reducida para newsletter o redes sociales con enfoque de servicio? También puedo generar una infografía con los ítems clave para complementar la nota en formato visual”. En pocas palabras, el texto evidenciaba el uso de ChatGPT para la redacción, revelando que parte del contenido había sido generado mediante esta herramienta.
Aunque el medio eliminó rápidamente la nota, ya era tarde: los usuarios en redes sociales, especialmente en Twitter, se encargaron de viralizar el descuido. Los comentarios iban desde burlas hasta críticas más serias. “La Nación hace las notas con ChatGPT”, escribió un usuario. “Fuente: La Nación (ChatGPT)”, publicó otro.
Más allá del escándalo momentáneo, el incidente abre un abanico de preguntas relevantes. ¿En qué aspectos puede beneficiar o perjudicar el uso de inteligencia artificial en el periodismo? Lo ocurrido con La Nación no es un caso aislado: cada vez es más común evidenciar el uso de IA en medios de comunicación. Estos descuidos editoriales pueden afectar la credibilidad del medio, y también la del periodista, sobre todo si se trata de alguien conocido o con autoridad en el ámbito.
También expone una falta de control y revisión por parte de redactores y editores, aun cuando existen herramientas —incluida la misma IA— que pueden facilitar estos procesos de corrección. Como en el ámbito educativo, usar ChatGPT no es negativo si se aprovecha como herramienta de consulta o apoyo, pero no debe convertirse en el sustituto del criterio humano.
La inteligencia artificial puede servir para generar ideas, estructuras de texto, hacer preguntas clave o explorar temas, pero carece de algo fundamental: la capacidad de interpretación, juicio crítico y contexto que solo una mente humana puede aportar.
Además, los sistemas de IA pueden brindar información desactualizada o imprecisa, por lo que es indispensable verificar datos y utilizar fuentes confiables. En el trabajo periodístico, el chequeo de datos y el manejo ético de la información siguen siendo imprescindibles.
Otro punto relevante es el de la autoría. ¿Cuánto del trabajo pertenece al periodista y cuánto a la inteligencia artificial? Este debate, lejos de estar resuelto, continúa creciendo. En muchos casos, no tenemos acceso al proceso creativo detrás de una nota, por lo que determinar la proporción del aporte humano y artificial se vuelve difícil. No obstante, este cuestionamiento es parte de discusiones más amplias sobre propiedad intelectual en el contexto del arte, la música y ahora también el periodismo.
Situaciones como la que vivió La Nación deberían invitar a una reflexión más profunda. ¿Estamos usando la IA como un apoyo o como un reemplazo? La automatización de tareas no es nueva, y la fantasía de que las máquinas pueden sustituir al ser humano ha estado presente en múltiples películas, libros y debates académicos.
En este panorama de constante avance tecnológico, es fundamental comprender el papel real de la inteligencia artificial en nuestras vidas. Incluso si no la utilizamos directamente, su impacto es innegable.
Por eso, más allá de la herramienta, debemos centrarnos en lo esencial: formar personas con pensamiento crítico, habilidades de investigación, criterio editorial y ética profesional. La IA puede ser útil, pero nunca sustituirá el valor insustituible de la inteligencia humana.
Hace unas semanas me encontraba escribiéndome con una amiga y una de las cosas en las que coincidimos es en nuestro interés por el anime. Si bien no es algo a lo que dedique mucho tiempo, suelo mirar anime con bastante frecuencia. Algunas veces los encuentro por mí misma y otras llego a ellos por recomendación de alguien.
Ese fue el caso de Violet Evergarden, del cual les voy a contar un poco a continuación. Mi amiga lo mencionó como su anime favorito y decidí darle una oportunidad. Quizás fue por mi interés en todo lo relacionado con la comunicación, incluyendo a la hora de elegir determinadas ficciones, o porque al leer la trama lo sentí diferente a otros animes, pero lo cierto es que al comenzar a verlo me encontré con más de lo que esperaba.
Violet Evergarden es una serie de novelas ligeras escritas por Kana Akatsuki e ilustradas por Akiko Takase, siendo la primera en obtener el premio en las categorías novela, escenario y manga en la quinta edición de los Kyoto Animation Awards de 2014. En diciembre de 2015, Kyoto Animation publicó el primer tomo de la novela en la imprenta KA Esuma Bunko. Tiene un total de 4 volúmenes, siendo el último de ellos publicado en marzo de 2018.
La versión anime se estrenó en enero de 2018, licenciada por Netflix, y finalizó en abril del mismo año. Cuenta con un total de 13 episodios más un OVA (para quienes no estén familiarizados con el término, se trata de una historia independiente del resto de los capítulos). Además, la serie cuenta con dos películas. La primera es Violet Evergarden: La eternidad y la muñeca de recuerdos automáticos, estrenada en septiembre de 2019. La segunda, titulada Violet Evergarden: The Movie, se estrenó un año después, en septiembre de 2020.
Hablando específicamente del anime, Violet Evergarden está catalogado dentro de los géneros de ciencia ficción fantástica, drama, recuerdos de vida (y vaya que los hay a lo largo de la serie), y steampunk (un subgénero literario surgido dentro de la ciencia ficción especulativa, de la mano de los trabajos cyberpunk).
La historia tiene como protagonista a Violet, una niña huérfana que fue criada por el ejército de la ficticia ciudad de Leiden como un instrumento de pelea, convirtiéndose en una máquina de combate que no conocía otro lenguaje más que el de recibir órdenes y atacar al enemigo. Sin embargo, el comandante Gilbert Bougainvillea, quien la tomó a cargo, es el único que ve, tras ese instrumento de pelea, a una persona capaz de sentir y vivir una vida diferente. En la última batalla, el mayor resulta gravemente herido y le pide a Violet que huya y viva; además, le dice: “te amo”. Esta última frase queda fuertemente grabada en la cabeza de Violet y se convierte en algo fundamental para su futuro.
De regreso de la guerra, Violet comienza a trabajar en la Compañía Postal CH, a cargo de Claudia Hodgins, antiguo compañero de Gilbert que tiene la misión de cuidarla. Allí conoce a las muñecas de recuerdos automáticos, unas muchachas encargadas de plasmar los sentimientos y pensamientos de las personas en las cartas que envían a otros. Entonces, se da cuenta de que ese empleo podría ayudarla a descubrir el verdadero significado de aquel “te amo” de su comandante. Al principio, convertirse en una muñeca de recuerdos automáticos resulta complicado para Violet, dado que su modo de vivir es más el de una máquina que el de una persona. Pero ni esto ni sus brazos de metal le impedirán avanzar en su camino.
Es así como, a lo largo del anime, Violet va conociendo a distintas personas (sus clientes), con objetivos, afectos y realidades muy diferentes. Estos personajes, que van desde una compañera de la Escuela para Muñecas de Recuerdos Automáticos hasta un soldado de guerra que quiere despedirse de sus padres y de su enamorada antes de morir, irán dejando su huella en la protagonista. El capítulo donde aparece este último es uno de mis favoritos, junto con el de una madre que escribe cartas para su pequeña hija antes de morir a causa de una enfermedad.
Gracias a sus clientes, Violet irá encontrándose poco a poco con su humanidad, descubriendo que es capaz de comprender tanto el corazón de quienes la rodean como el suyo propio. Entonces, vemos cómo aquella chica inexpresiva, educada para pelear y recibir órdenes, puede entender el dolor y conmoverse con la pequeña que pierde a su madre o con la triste realidad de la guerra, y lejos de ser una suerte de máquina de matar, es un ser humano capaz de tener empatía por los demás, de amar y de ser amada.
Es importante también mencionar que la tensión entre el daño que ella hizo en el pasado y el bien que está haciendo en su presente aparecerán con frecuencia en la serie, haciéndola replantearse más de una vez si el trabajo de muñeca de recuerdos automáticos es adecuado para ella, a pesar de ser una de las muñecas más solicitadas dentro de la compañía. Este pasado aparece como algo que siempre estará con ella, al igual que la ayuda que brinda como muñeca de recuerdos automáticos. Algo que comprenderá con ayuda de sus amigos, que siempre estarán presentes para guiarla. Violet dará una gran muestra de la humanidad conseguida casi al final de la serie, cuando deba evitar que las fuerzas opositoras de Gardarik interfieran con la firma del tratado de paz definitivo. Allí, pese a tener que pelear inevitablemente contra sus enemigos, se da cuenta de que ya no quiere matar a nadie.
La riqueza de los personajes es otra cosa para destacar en la historia. Se puede decir que, tanto los protagonistas de las distintas historias como los que forman parte del día a día de Violet, tienen sus objetivos y personalidades muy bien construidos, lo que permite entender cuál es su función en la trama. Ninguno se hace demasiado molesto o difícil de ver, y con más de uno es posible identificarse, aunque sea en algo pequeño. Muchas veces, estos sirven como apoyo o para dar un momento cómico al drama que predomina en la historia. Este es el caso de personajes como el de Iris, una de las compañeras de Violet en la oficina de correos.
Vale la pena mencionar también los aspectos más técnicos, como la animación y la música. Las imágenes hacen que uno pueda conectar rápidamente con la historia que se cuenta: desde los paisajes de la ciudad hasta aguas cristalinas o los verdes valles, todo hace sentir allí. Lo mismo sucede con la música, a cargo de Evan Call, que también ayuda a compenetrarse con la trama y los sentimientos de quienes protagonizan la escena.
Una historia que, aun siendo bastante breve en cantidad de volúmenes o de capítulos, tiene mucha profundidad. Sin decir más de lo que debe ni forzar nada, nos invita a explorar la complejidad de las relaciones humanas, de la comunicación, de los sentimientos (tanto los propios como los ajenos), y de la forma en que estos y nuestras palabras tienen impacto. Estas, dichas desde lo más profundo de nuestro corazón y en sincronía con nuestros sentimientos, pueden significar más de lo que queremos expresar con ellas, llegando a dejar una importante huella en nosotros mismos y en quienes nos rodean.
El pasado 5 de abril se realizó en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires una juntada de varios clubes de fans de distintos grupos de pop coreano (o K pop, como se lo abrevia habitualmente). La misma, convocada en el marco de la gira de la boyband Stray Kids, tuvo como objetivo visibilizar el pedido de más conciertos K pop en el país ya que, si bien Argentina en años anteriores ha contado con la visita de bandas como Super Junior o Monsta X, en la mayoría de los casos es dejado de lado en las giras o festivales de los grupos. El evento tuvo, entre otras cosas, un bloque de dance covers (covers de danza donde los fans recrean las coreografías de sus artistas favoritos), siendo la danza uno de los puntos fuertes y más llamativos de este género musical, debido a su precisión y sincronía.
La juntada dejó en claro que el K pop no es solamente un género musical, sino también un fenómeno cultural que trasciende frontera. Escuchar K pop no es solamente seguir a las distintas bandas o solistas (conocidos como “idols”). Implica distintas actividades de apoyo a estos, construcción de comunidad y entrar en una cultura cuyas costumbres y valores pueden distar mucho con respecto a los de las nuestras. En mi caso, ya van a hacer 11 años que entré en este mundo. Todo empezó después de ver la gala K pop del famoso programa “Bailando por un sueño”, y comenzar a preguntar por recomendaciones de bandas y artistas entre las pocas personas de mi circulo que sabía que escuchaban K pop. Porque por aquel entonces, a fines de 2014, todavía este género tan particular estaba en expansión. Un poco por las recomendaciones de amigos yotro poco por el algoritmo de YouTube, fui descubriendo a varios de los grupos que hoy me gustan y apoyo.
Sin embargo, debo decir que los descubrimientos dentro del K pop nunca terminan. Muchos grupos desaparecen,pero al mismo tiempo otros tantos debutan, por lo que las posibilidades son infinitas. Además, con el correr de los años y las generaciones de artistas (cada una con distintas características), el K pop fue incorporando nuevas influencias a nivel tanto de la producción musical como de los videos. Incluso, hay grupos K pop que presentaron canciones en español. Es el caso de la boyband Súper Junior que hizo su propia versión de “Ahora te puedes marchar” de Luis Miguel en el año 2019. Muchos grupos coreanos también empezaron a colaborar con artistas de otras nacionalidades, como Monsta X con Pitbull en la canción Beside U.
Más allá de la producción, otra cosa que en su momento me pareció interesante fue que la gran mayoría de las bandas cuentan con otro tipo de contenido. Se trata de reality shows propios de cada grupo en los que se puede ver, por ejemplo, a los miembros compartir un viaje mientras realizan distintas “misiones” a lo largo del mismo para ganar un premio al final de su aventura. También, hay muchos programas de variedades muy populares como Weekly Idol, donde se invita a los artistas para charlar y jugar. A través de estos programas se pueden conocer no solamente aspectos como las personalidades o vida de los integrantes de los grupos, sino también cuestiones vinculadas a la cultura coreana (como comidas, geografía, leyendas y juegos).
Algo similar sucede con los doramas, se trata nada más y nada menos que de las series coreanas, donde muchas veces actúan los mismos idols y en las cuales también se muestran distintos aspectos de aquella cultura. Todos estos productos audiovisuales son traducidos al inglés y al español y compartidos en plataformas como Youtube, Daylamotion, Viki o Doramas mp4 (las dos últimas son específicamente de doramas). De este trabajo se encargan los mismos fans, que ponen su tiempo y conocimientos al servicio de los demás. Algo común entre los que forman parte de la comunidad K pop es que muchos desean aprender el idioma coreano, para lo cual ya hay profesores virtuales, academias y recursos en línea. En ese sentido, se puede destacar al Centro Cultural Coreano de Argentina, el cual busca promover y difundir la cultura coreana en el país a través de actividades como ciclos de cine, charlas sobre distintos temas vinculados a la cultura coreana y talleres de idioma o de danza.
La traducción del contenido audiovisual así como de otro tipo de contenido (como las noticias o las publicaciones en redes de los propios artistas), es solo una de las tantas practicas y formas de compartir que existen dentro de la comunidad K pop. Comunidad que hoy en día no se reduce solamente a un publico adolescente o juvenil, también hay muchos padres, hermanos mayores, e incluso tíos o primos, que disfrutan de la cultura coreana y de otros productos de la industria asiática en general, ya que muchos de los fanáticos del K pop también consumen manga o animé. Esto da cuenta de un universo generacional más amplio en términos de consumos y edades. Es habitual encontrar en los clubes de fans adolescentes compartiendo espacios o charlas en redes conpersonas mayores de 25 e incluso de 30 años. Por otra parte, este publico ya tampoco se reduce a mujeres, en muchos fandoms también participan varones.
Con respecto a las actividades de los clubes de fans, estas incluyen desde el envió de cartas y regalos a los miembros de los grupos hasta juntadas en el Barrio Chino de la Ciudad de Buenos Aires para celebrar los cumpleaños de estos o el lanzamiento de nueva música. Por otra parte,también se organizan actividades de venta de artículos “fanmade” (es decir, hechos por los mismos fans), o compras masivas de los álbumes musicales, es de destacar que estos álbumes vienen en distintas versiones y acompañados de accesorios como fotos. Además de los eventos individuales de cada base de fans existen eventos que engloban a la comunidad K pop en general.
Es el caso de la K pop Revolution, uno de los eventos más populares en donde además de venderse merchandising de los artistas, se puede disfrutar de las salas con videos de diferentes grupos según la ocasión y de espectáculos de fandancers. Varias veces, estas reuniones tienen también fines solidarios para diversas causas. En ese sentido, se puede decir que los eventos y actividades de los fans implican también una gran inversión de tiempo y dinero para la confección de artículos, regalos, banners y pancartas.
Este y otros eventos como la K Style son puntos de encuentro para una gran cantidad de fans que además de las actividades presenciales, comparten actividades en línea a partir de las cuales muchas veces se crean lazos de apoyo y de amistad a través de grupos en redes sociales como Facebook, Twitter o Whatsapp. En Twitter, por ejemplo, se suelen utilizar los hashtags para brindar apoyo a los proyectos grupales e individuales de los artistas, saludarlos por sus cumpleaños o para pedir que Argentina sea tenido en cuenta para los conciertos.
Pese al gran crecimiento que el K pop experimentó en los últimos años, muchas veces el género y sus fans siguen siendo objeto de las burlas y de la ignorancia de otros. Pero afortunadamente estas situaciones son las menos y el K pop sigue dando que hablar gracias a sus fieles fans, que siempre están dispuestos a buscar la difusión de sus artistas a partir de diversas actividades como la juntada multifandom en el obelisco, en la que varios clubes de fans dijeron presente para pedir por más K pop en Argentina. A la gran reunión se le sumaron pasacalles enlas entradas de algunas productoras y juntadas de firmas. Estos fenómenos dan cuenta de la gran entrega y amor de parte de esta comunidad.
¿Qué es escribir? Sin dudas, una pregunta difícil de responder y que puede tener tantas interpretaciones como respuestas posibles, dependiendo del contexto, de quién la formule, para quién y para qué.
En mi caso, la primera vez que me enfrenté a esta pregunta tan compleja fue en un trabajo de presentación para una materia de la facultad. No voy a mentir, responder este interrogante fue todo un desafío, porque hay distintos tipos de escritura, todos ellos con reglas y objetivos distintos. En este sentido, me parece que la palabra “desafío” es importante para comenzar a reflexionar.
En primera instancia, escribir es un desafío porque implica pensar, crear y animarse a jugar. Por ejemplo, escribiendo una novela de ficción creamos un mundo y diversos personajes que lo habitan y atraviesan múltiples experiencias en las que, a su vez, van evolucionando y descubriendo nuevas facetas de ellos mismos. Un proceso muy complejo que, al mismo tiempo, puede estar atravesando el propio escritor. Lo mismo ocurre con una poesía, en la que muchas veces ponemos en palabras nuestros sentimientos (algo realmente difícil) a través de juegos de palabras y metáforas. Los sentimientos y experiencias propias también aparecen en el caso de los diarios; independientemente de por qué se empieza a escribir uno, allí siempre se puede ser uno mismo.
El punto es que, a la hora de escribir, siempre ponemos en juego algo que va más allá de usar determinadas palabras o tonos para comunicar nuestras ideas. Se trata de algo muy propio, que se encuentra en el plano de nuestra subjetividad. En todo aquello que escribimos —aunque muchas veces no seamos conscientes de ello— siempre hay algo nuestro: un sentimiento, una experiencia, una cualidad, un defecto, inclusive una canción de nuestro artista favorito que resuena con nosotros.
Y aquí hay otra cosa interesante: muchos escritos son inspirados por otros. Es muy común leer relatos inspirados en una canción, un poema o un cuento. Eso es porque escribir también se trata de dejar huella en otros, nuestros lectores.
¿Esto significa que cuando escribimos lo hacemos para los demás? Es obvio que, si escribimos algo y lo compartimos, tenemos el deseo de ser leídos, escuchados y aprobados. Hay una parte de nosotros que queremos compartir, un mensaje que deseamos transmitir a través de nuestras palabras. Sin embargo, escribir para otros puede tener sus riesgos: cuando no se logra el efecto deseado, puede generar frustración, e incluso llevarnos a abandonar nuestras ganas de seguir aprendiendo y creciendo en nuestra escritura.
Alguien, hace poco, me dijo: “Escribe para ti”. Algo clave para pensar en este punto. Escribir para uno mismo involucra profundizar en los géneros y temas que nos gustan, y ese profundizar implica jugar, investigar y descubrir. Pero no investigar en el sentido estricto del término, sino investigar para conocernos como escritores: descubrir nuestras ideas, nuestras motivaciones, aquello que nos moviliza como personas. También es aprender a plasmar todo eso de la mejor manera. Por eso se puede decir que escribir es, además, una búsqueda de nosotros mismos. Es entender que nuestras ideas, pensamientos, sentimientos y motivaciones no necesariamente deben coincidir con las de los demás, y eso está bien. Incluso si nosotros mismos volvemos, tiempo después, como lectores de nuestra propia producción, es posible que ciertas ideas y emociones hayan cambiado.
Entonces, detrás de ese “escribir para ti mismo” hay un gran trabajo de autoconocimiento, de puesta en juego de nuestra subjetividad, nuestros sentimientos e intereses. El sentido de la frase es que debemos siempre ser fieles a aquello que sentimos y experimentamos.
Ahora bien, ¿para qué escribimos? Las respuestas también son múltiples y pueden variar con el tiempo, las ocupaciones y los gustos de cada quien. Algunos escriben para cumplir con responsabilidades (tareas escolares o laborales), otros escriben por el placer de hacerlo, otros porque de repente tienen una idea, y otros porque necesitan exteriorizar alguna experiencia o emoción. El punto es que siempre hay una buena razón que nos lleva a esa tarea de autodescubrimiento y crecimiento que es la escritura. Un proceso que, con el tiempo, se vuelve visible.
El tiempo, la perseverancia y la paciencia son clave. Escribir es una tarea de reflexión y aprendizaje constante. Nosotros evolucionamos con nuestra escritura, y nuestra escritura evoluciona con nosotros. Son procesos que se retroalimentan. De aquí la importancia de entender que, antes que nada, escribimos para nosotros mismos, aunque también importe la huella que dejemos en nuestros lectores.
Escribimos porque sentimos que tenemos el talento para hacerlo. Escribimos porque necesitamos mostrarnos al mundo, porque tenemos la necesidad de expresarnos, de contar algo. En cada palabra, en cada mundo y personaje que creamos, hay una parte —aunque sea pequeña y no se note a simple vista— de nosotros mismos.
¿Somos lo que escribimos? Nuestra identidad no puede reducirse a nuestros escritos, claro está, pero la escritura es uno de los ámbitos donde pueden manifestarse muchos aspectos de nuestra existencia, incluso sin proponérnoslo. En la escritura se esconde lo que fuimos y somos, y también aquello que queremos llegar a ser. Detrás de nuestras palabras hay experiencias, personas que pasaron por nuestras vidas, anhelos, deseos y sueños. Detrás de nuestra escritura hay gran parte de nuestro mundo.
Entonces, ¿qué es escribir? Al ser tan compleja la pregunta, no hay respuestas acertadas o equivocadas. Hay respuestas tan subjetivas como el propio proceso de escritura. Es un constante desafío: atreverse a jugar, crear y experimentar. Es un ejercicio de perseverancia y de autodescubrimiento. También es entender que lo más importante no es solo dejar una huella duradera o imborrable en los demás, sino principalmente transformarnos a nosotros mismos sin dejar de ser quienes somos.
