AXEL SCHWARZFELD

  • Periodista argentino graduado de la Escuela de Comunicación ETER y licenciado en Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA).

  • Actualmente se desempeña como redactor en el diario Página/12.

  • Director de Detrás de la Máscara, medio especializado en noticias de lucha libre argentina.

2026

La inteligencia artificial suele presentarse en el debate público como una fuerza casi moral, capaz de ser catalogada como “buena” o “mala” en sí misma. Sin embargo, esa forma de pensar resulta limitada y, en cierto punto, engañosa. La IA no tiene intenciones, valores ni conciencia: es, en esencia, una herramienta creada por seres humanos. Por eso, ubicarla en el lugar de héroe o villano distrae de lo verdaderamente importante, que es analizar cómo se la utiliza y con qué fines.

Una forma clara de entenderlo es pensar la inteligencia artificial como una caja de herramientas. Dentro de esa caja hay instrumentos poderosos, versátiles y, en muchos casos, novedosos. Pero el sentido de esas herramientas no está en ellas mismas, sino en la acción de quien las usa. Un martillo puede servir para construir una casa o para causar daño; la diferencia no está en el objeto, sino en la decisión humana que lo guía. Con la IA ocurre exactamente lo mismo.

Desde esta perspectiva, el eje del debate debería correrse: no se trata de preguntarnos si la inteligencia artificial es buena o mala, sino de qué tipo de sociedad queremos construir con ella. Esto implica discutir responsabilidades, marcos éticos y regulaciones, pero también hábitos cotidianos de uso. La IA puede potenciar la creatividad, mejorar procesos productivos o facilitar el acceso al conocimiento, pero también puede amplificar la desinformación, la dependencia o incluso prácticas peligrosas si se la emplea sin criterio.

En este sentido, aparece un desafío central: la educación. No alcanza con que la tecnología exista; es necesario que las personas desarrollen habilidades para usarla de manera crítica y consciente. Aprender a interactuar con inteligencia artificial no debería significar delegar todo en ella, sino saber cuándo utilizarla, cómo interpretar sus respuestas y cuáles son sus límites. De lo contrario, corremos el riesgo de convertirla en un “mayordomo” que resuelve todo por nosotros, debilitando nuestra autonomía y nuestra capacidad de pensamiento propio.

Ese riesgo no es abstracto, sino que ya se manifiesta en situaciones concretas. En Argentina, por ejemplo, se conoció el caso de una joven menor de edad que ocultó su embarazo y recurrió a una inteligencia artificial para que la guiara durante el parto. Más allá de los detalles del caso, lo que evidencia es el problema de fondo: cuando una herramienta se utiliza sin acompañamiento, sin contexto y sin criterio, puede derivar en decisiones extremadamente riesgosas. La IA no reemplaza el conocimiento profesional ni la contención humana, y asumir que puede hacerlo es parte del problema.

Por eso, el uso responsable de la inteligencia artificial no depende solo de quienes la desarrollan, sino también de quienes la utilizan. Se trata de construir una cultura digital donde el criterio, la reflexión y la responsabilidad estén en el centro. Esto implica entender que no todo lo que la IA produce es correcto, adecuado o seguro, y que siempre debe haber una instancia de evaluación humana. Usarla bien no es solo una cuestión técnica, sino también ética.

La inteligencia artificial no es ni salvación ni amenaza por sí misma. Es una herramienta poderosa cuyo impacto dependerá de las decisiones humanas que la orienten. Por eso, el verdadero desafío no es juzgar a la IA, sino formarnos como usuarios capaces de aprovecharla sin perder nuestra autonomía. Y en ese camino, la educación cumple un rol clave: hay que aprender para usarla, pero también educar para que otros puedan hacerlo con responsabilidad y sentido crítico.

Hay un meme de Winnie Pooh que circula ampliamente en internet y que muestra al personaje atravesando una transformación progresiva a medida que las frases que lo acompañan se vuelven cada vez más complejas. En su primera aparición, Pooh se presenta en su versión más simple y reconocible, asociado a una expresión directa y cotidiana. En las imágenes siguientes, el personaje comienza a vestirse de manera más formal, adopta una postura seria y termina encarnando una figura casi académica, mientras las oraciones pasan de lo coloquial a lo técnico y, finalmente, a formulaciones extensas y altamente especializadas. La gracia del meme reside en que, aunque el lenguaje se vuelve cada vez más sofisticado, la idea que se expresa es siempre la misma.

Este tipo de memes pone en evidencia algo tan elemental como maravilloso: la extraordinaria riqueza del lenguaje. Una experiencia simple y cotidiana puede ser expresada de manera directa y concreta, pero también ampliada, detallada y revestida de un tono técnico o académico sin que el sentido original se modifique. Lo que cambia no es lo que se dice, sino cómo se lo dice, y en esa variación se despliega un abanico de matices que revelan al lenguaje no solo como una herramienta de comunicación, sino también como un espacio de juego, creatividad y exploración simbólica.

El fenómeno resulta especialmente interesante porque exhibe de forma clara la capacidad del lenguaje para reformular indefinidamente una misma idea. En lugar de buscar eficiencia comunicativa, estos memes celebran el exceso, la redundancia y la complejidad. Llevan al extremo registros que suelen asociarse con la formalidad, el saber experto o el discurso académico, generando un contraste humorístico: decir lo mismo, pero hacerlo cada vez “mejor”, más elaborado y más culto, aun cuando esa sofisticación resulte innecesaria para la comprensión del mensaje.

Un ejemplo ilustrativo de este procedimiento puede observarse en la siguiente progresión, donde una acción cotidiana se reformula sin alterar su sentido esencial:

  1. Me voy a dormir.

  2. Voy a descansar.

  3. Me dispongo a iniciar el período de descanso nocturno.

  4. Procedo a retirarme con el propósito de conciliar el sueño y permitir la recuperación física y mental tras las actividades desarrolladas durante la jornada.

  5. Me encamino voluntariamente hacia el espacio destinado al descanso con la intención de abandonar la vigilia e ingresar en el estado de sueño, un proceso biológico y psicológico fundamental que posibilita la recuperación del cuerpo y la mente, la reorganización de la experiencia cotidiana y la restitución de energías, cerrando así un ciclo diario marcado por la actividad, la conciencia y la interacción constante con el entorno.

Aquí se evidencia con claridad cómo el lenguaje puede expandirse sin cambiar el contenido, transformando una afirmación simple en una exposición casi ensayística.

A partir del éxito del meme de Winnie Pooh, esta lógica ha sido retomada y reformulada en otros formatos y con otros personajes. En años recientes han aparecido versiones realizadas con inteligencia artificial, en las que figuras como Calamardo, de la serie Bob Esponja, o Jake, de la serie Hora de Aventura, “hablan cada vez más culto”, en ocasiones en portugués y mediante una voz en off. En estos videos, la imagen del personaje se va refinando a la par del discurso, reforzando visualmente la asociación entre complejidad lingüística, intelectualidad y prestigio cultural.

Este fenómeno puede pensarse productivamente a la luz de las reflexiones del semiólogo y teórico literario Roland Barthes, desarrolladas en el libro El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y de la escritura, sobre la lectura y la escritura como prácticas creativas y generadoras de nuevos sentidos. Barthes propone una distinción clave entre “obra” y “texto”: mientras la obra aparece como un objeto cerrado, con un sentido relativamente clausurado, el texto se concibe como un campo abierto de posibilidades, una red de significaciones en constante movimiento. Estos memes funcionan claramente como textos en este sentido, ya que no se agotan en una formulación única, sino que invitan a la reescritura, la variación y la expansión infinita del sentido.

Así, lejos de ser simples chistes, estos memes mantienen el lenguaje vivo. Al exagerar sus posibilidades expresivas, ponen en evidencia que el sentido nunca está completamente fijo y que cada reformulación abre una nueva forma de mirar lo mismo. En esa celebración lúdica del decir, el lenguaje deja de ser una herramienta meramente funcional y se convierte en un espacio de experimentación, disfrute y creación de mundos posibles, tal como Barthes mencionaba.

2025

En un bosque donde los árboles altos daban sombra todo el año, vivía un zorro conocido por su astucia. Siempre encontraba la manera de sacar ventaja, ya fuera quedándose con la mejor comida o engañando a otros animales para evitar esfuerzos. Para él, ser más listo que los demás era la única forma de salir ganando.

En ese mismo bosque habitaba un koala viejo y tranquilo, que pasaba las horas observando desde su árbol. No corría ni competía, pero todos lo respetaban por su sabiduría. A diferencia del zorro, el koala creía que cada acción, por pequeña que fuera, dejaba una huella en los demás.

Un día, el zorro quedó atrapado en una red que unos cazadores habían dejado olvidada. Intentó liberarse con fuerza y engaños, pero nadie se acercaba a ayudarlo: muchos recordaban cómo él los había tratado antes. Desde lo alto, el koala observó la escena en silencio. En lugar de reprocharle la conducta que siempre tenía, con paciencia logró liberar al zorro.

Meses después, el koala enfermó, por lo que no podía bajar de su árbol para buscar alimento. El zorro, recordando aquel gesto, decidió ayudarlo. Recorrió el bosque, consiguió hojas frescas y las dejó a sus pies, sin esperar nada a cambio.

Con el tiempo, el zorro empezó a cambiar su manera de actuar. Descubrió que la ayuda llegaba de los lugares más inesperados cuando uno era amable, incluso en los gestos más pequeños.

La astucia puede abrir caminos rápidos, pero la amabilidad construye puentes. Ser bueno con los demás, aunque parezca insignificante, siempre vuelve en forma de ayuda cuando más se la necesita.

De manera similar a como hacía el escritor Julio Cortázar con sus instrucciones para las cosas más simples de la vida, intentaré explicar cómo se come un alfajor, porque aunque parezca un acto mecánico, tomar conciencia de cada paso hace que se disfrute mucho más.

Nadie habrá dejado de notar que el envoltorio de este comestible dulce se resiste con una elegancia casi ritual. Suele estar hecho de un papel brillante o de una lámina plástica que refleja la luz como si ocultara un secreto. Para abrirlo, se recomienda sostenerlo con firmeza pero sin violencia: un tirón brusco puede provocar que el contenido se quiebre antes de tiempo, arruinando la ceremonia. Se busca un punto débil, una esquina que ceda, y con los dedos índice y pulgar se desgarra el envoltorio lentamente, permitiendo que el primer aroma a dulce de leche y chocolate escape como un aviso de lo que vendrá.

El alfajor debe observarse antes de ser mordido. Es una muestra de respeto hacia el objeto amado. Se puede girar entre los dedos, medir su diámetro, evaluar el grosor de la capa de baño o la suavidad de las tapas. Luego, el olfato entra en escena: basta acercarlo unos centímetros a la nariz y aspirar con cuidado, sin ansiedad, para reconocer el perfume inconfundible del cacao y la promesa del azúcar. No se trata aún de comer, sino de anticipar. Esa pausa es necesaria, ya que un alfajor devorado sin ceremonia se reduce a una mera golosina; en cambio, degustado con paciencia, se convierte en una pequeña forma de felicidad.

Finalmente, llega el momento del primer mordisco. Conviene hacerlo con decisión, procurando que la mordida atraviese todas las capas, para que el dulce de leche cumpla su destino de unir lo que la harina y el chocolate mantienen separado. El truco consiste en calcular de antemano cuál será la mejor parte: ese bocado central, equilibrado y perfecto, que debe reservarse para el final. Hasta entonces, cada masticación ha de ser lenta, dejando que el chocolate se funda y el dulce se pegue un poco al paladar. Solo cuando se ha alcanzado la última porción, se cierran los ojos y se deja que el alfajor desaparezca, no sin antes prometerle al cuerpo que habrá otro, más adelante, pero nunca igual a ese.

El amor de un padre es capaz de cualquier cosa cuando se trata de encontrar a su hija.

Esta es la premisa que impulsa la trama de la primera temporada de El Jardín de Bronce, una serie de suspenso y drama que sigue la intensa búsqueda de Fabián Danubio, un arquitecto cuya hija desaparece sin dejar rastro. La serie, producida por HBO Latinoamérica en conjunto con la productora argentina Pol-Ka, se estrenó en 2017 y está basada en la novela homónima de Gustavo Malajovich.

Joaquín Furriel logra que el espectador conecte con la desesperación y el dolor de un padre que no sabe dónde está ni cómo está su hija. Conocido por sus actuaciones previas en Señores Papis (2014) y Entre Caníbales (2015), el actor transmite en cada capítulo el peso de la angustia de su personaje, al punto de querer consolarlo, apoyarlo y decirle que no se rinda. A lo largo de la historia, Fabián Danubio atraviesa una evolución notable: su desesperación inicial se convierte en una obsesión que lo lleva a situaciones extremas, mostrando cómo un hombre común puede romper sus propios límites en esta búsqueda.

Por su parte, Luis Luque brilla en su papel de César Doberti, un detective privado astuto que también participó en Cartoneros para Canal 9 y en Un Gallo para Esculapio en Telefe, en el mismo año en que grababa El Jardín de Bronce. En su papel de Doberti, Luque encarna a un “zorro viejo” capaz de notar detalles que otros pasan por alto. Por ejemplo, en solo unos días de investigación descubrió que el juguete de la niña perdida estaba en manos de una vagabunda cerca de la estación de subte donde se la vio por última vez.

También destaca la presencia de la detective Blanco, interpretada por la actriz Julieta Zylberberg, nominada en los Premios Tato de 2017 como Mejor Actriz de Reparto por su participación en la serie. Blanco es una policía con un fuerte sentido de justicia y el deseo de hacer bien su trabajo, pero consciente de la ineficiencia del sistema. A medida que avanza la trama, se convierte en una gran aliada de Danubio en la búsqueda de su hija.

La narrativa mantiene el interés mientras el protagonista cree estar cada vez más cerca de la verdad, solo para descubrir que aún está lejos. Esto genera una mezcla de tensión y esperanza que invita a devorar cada capítulo. El efecto se logra gracias al trabajo de los guionistas Gustavo Malajovich —autor del libro en el que se basa la serie— y Marcos Osorio Vidal. Malajovich, además, trabajó previamente como guionista en la película policial Muerte en Buenos Aires (2014), protagonizada por el Chino Darín. Cabe destacar que el guion de El Jardín de Bronce fue reconocido con un premio Telly Awards, resaltando la calidad de la historia.

En suma, la primera temporada de esta serie es ideal para quienes disfrutan de los dramas de suspenso bien elaborados, con actuaciones poderosas y una trama atrapante. Es una propuesta que cautiva desde el primer capítulo y nos recuerda hasta dónde puede llegar un padre por amor a su hija.

Los actores de doblaje tienen como principal herramienta de trabajo, naturalmente, su voz. Es como un músculo que entrenan y cuidan con dedicación, ya que si se daña, no pueden desplegar su arte: traer al idioma de uno obras realizadas en otros países. Doblar requiere técnica, entrega y, sobre todo, pasión. Todo eso está presente en el doblaje latino de Dragon Quest: The Adventure of Dai, una serie de anime producida por Toei Animation en 2020. Es la segunda adaptación del manga escrito por Riku Sanjo e ilustrado por Koji Inada, basado en la franquicia de videojuegos Dragon Quest.

La historia se centra en Dai, un niño criado por monstruos en una isla remota que sueña con convertirse en un héroe. Cuando una nueva amenaza oscura pone en peligro al mundo, Dai descubre que tiene un poder oculto vinculado a un pasado desconocido. Así comienza su viaje de aventuras, batallas y aprendizajes junto a un grupo de aliados, enfrentando enemigos cada vez más poderosos mientras forja su destino como el salvador del mundo.

Aquí se hablará del doblaje del remake de 2020, centrándonos exclusivamente en este trabajo sin comparar con la primera adaptación de los años 90. Por un lado, porque las diferencias tecnológicas y temporales entre ambas versiones son notorias, y por otro —y sobre todo— porque tiene más sentido analizar esta obra en sus propios términos, valorando lo que logra por sí misma sin necesidad de contrastarla con su antecesora.

El doblaje fue realizado en México por Anime Onegai, una compañía latinoamericana especializada en distribuir contenido extranjero, especialmente anime. Esta versión presenta elementos que hace tiempo no se veían en traducciones al español latino. Por ejemplo, el primer tema de entrada (u opening) de la serie, “Ikiru wo Suru”, es interpretado por Mark Winslow —conocido por roles como Giyu Tomioka en Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba y DIO Brando en JoJo’s Bizarre Adventure— con una entrega que remite a los clásicos openings de Slam Dunk o Dragon Ball, canciones que muchos conservan en la memoria con nostalgia. Esta conexión emocional se logra en gran parte porque hoy ya no es común que haya animes con temas doblados. En años recientes, solo excepciones como Dragon Ball Super o Pokémonhan mantenido los openings en español, aunque sin el mismo cuidado y delicadeza que antaño. Winslow canta con una pasión que se nota, y eso convierte su trabajo en una de las piezas más importantes del doblaje: el tema de entrada es el primer contacto del espectador con la serie, y él logra enganchar con cariño y fuerza desde el primer segundo.

El primer tema de cierre (o ending), “Mother”, está a cargo de Maggie Vera, voz de múltiples openings como el de Los Caballeros del Zodiaco: La Saga de Hades, el tercer opening de Inuyasha y directora musical de varios temas de la serie de Pokémon. Su voz angelical transmite ese tono melancólico y afectuoso que suele tener todo buen ending. Su interpretación es tan prolija y sentida que logra algo poco frecuente en tiempos de streaming: que el espectador no salte la canción para pasar al siguiente episodio. Y eso se debe, en gran parte, al compromiso que muestra con su trabajo. Esta línea de calidad se mantiene en las canciones que aparecen en capítulos posteriores, lo que evidencia una decisión clara de ofrecer un producto cuidado para el público latino.

En cuanto a las voces de los personajes, Claudia Motta interpreta a Dai. Es conocida por ser la voz de Bart Simpson entre las temporadas 9 y 15 de Los Simpson, y de Orihime Inoue en Bleach, entre otros. Su trabajo en Dragon Quest destaca por saber reflejar tanto la inocencia inicial del protagonista como su evolución hacia un héroe más serio y determinado. Esa transición vocal refuerza el crecimiento del personaje y le da verosimilitud. El único detalle criticable es que en algunas escenas clave donde Dai grita con fuerza, la interpretación de Motta parece algo contenida, como si se pusiera un límite que no se anima a romper. Esa falta de desborde emocional puede desentonar con lo que ocurre en pantalla. ¿Tiene miedo de dañar su voz? ¿Es una decisión técnica? Solo ella podría responder. Aun así, hay una escena bisagra en la que Dai enfrenta una batalla decisiva, conectada con su pasado, y ahí Motta se entrega por completo, gritando con toda la fuerza que la escena requiere. Eso demuestra que, cuando se lo propone, puede lograr una actuación conmovedora y potente. En definitiva, representa con credibilidad el sentido de justicia del personaje.

Héctor Mena —voz de Yuri en Spy x Family e Izuku “Deku” Midoriya en las películas de My Hero Academia— interpreta a Popp, el compañero gritón, sensible y temeroso del protagonista. Aunque en un comienzo puede resultar un personaje molesto por su cobardía, es precisamente su sensibilidad sobre el mundo y la vida lo que le permite evolucionar. Mena capta ese recorrido con gran efectividad: desde los gritos de tristeza y enojo hasta momentos de humor y alegría, logra transmitir cada emoción. Popp es un personaje expresivo, y su doblajista le da vida de manera sobresaliente.

Azul Valadez —voz de Sarada Uchiha en Boruto, Tornado en One Punch Man y Sabrina en El mundo oculto de Sabrina— interpreta a Maam. Es un personaje noble, capaz de hablar con ternura pero también de mostrar carácter cuando la provocan (especialmente Popp). Valadez maneja muy bien estos cambios de registro. Además, su voz es particularmente agradable de escuchar por su calidez y timbre natural, que logran un equilibrio entre firmeza y dulzura.

Andrés García —voz de Humongosaurio en Ben 10, Asuma Sarutobi en Naruto y Padre en Los Chicos del Barrio— da vida a Hadler, uno de los principales villanos. Es un personaje que desprecia a los débiles y se lanza al combate con agresividad. García transmite muy bien tanto la sorpresa de Hadler cuando subestima a sus oponentes como su desesperación al actuar impulsivamente. A lo largo de la serie, Hadler también evoluciona, y su transformación en un rival más estratégico se nota en la entonación y matices de seriedad y calma que García introduce con el correr de los capítulos. Su actuación, igual que la de sus colegas, deja en claro que un buen actor de doblaje no solo transmite emociones, sino que también sabe representar el desarrollo interno del personaje.

Otro caso que merece mención especial es Flazzard, otro villano de la serie, interpretado por el actor venezolano Rubén León —reconocido por ser la voz de El Guasón en diversas producciones animadas de DC Comics entre los años 90 y 2017—. León se luce con su capacidad para transmitir la locura, la ambición y el desenfreno del personaje, de forma similar a lo que hacía con el archienemigo de Batman. Cada diálogo suyo destaca por la energía y entrega con la que encarna al desquiciado antagonista con poderes de fuego y hielo. Su trabajo es, simplemente, un deleite auditivo.

Esto es solo una pizca de lo que puede verse y oírse, ya que la serie presenta una amplia lista de personajes y, por lo tanto, una gran cantidad de actores y actrices de doblaje que prestaron su voz con calidad. Un rasgo común que atraviesa a todos los personajes es la pasión: son guerreros y villanos que luchan con el corazón. En una historia de acción, aventura y fantasía, el compromiso emocional al doblar es clave para que el espectador pueda sentir, junto a los protagonistas de la trama, alegría, tristeza, miedo o rabia. Por eso, el trabajo de doblaje en Dragon Quest: The Adventure of Dai no solo cumple, sino que emociona.

En la Sede Social del Club Deportivo Riestra, ubicada en el barrio porteño de Nueva Pompeya, a las 11 de la mañana se vivía una escena peculiar. A pesar del calor que superaba los 25 grados, el interior de las instalaciones permanecía en penumbras: era sábado y todavía no había comenzado el bullicio de otras actividades, excepto las clases de lucha libre impartidas por Francisco Rolon.

Para acceder al dojo, había que subir por unas escaleras escondidas en un pasillo. Al llegar a la cima, la luz irradiaba con intensidad. Al pisar el último escalón, lo primero que se veía era una decena de jóvenes ejercitando sus músculos en el centro del ring, rodeado de banderas de distintos países: Argentina, Estados Unidos, México, Japón, Reino Unido, Chile, Venezuela, Bolivia, entre otros. Algunas representaban los lugares adonde algunos integrantes del dojo habían ido a luchar, y otras, los países de origen de luchadores extranjeros que habían pasado por la escuela.

La mayoría de los chicos que entrenaban eran veinteañeros y vestían ropa cómoda. Estaban reunidos en ronda. Para calentar, Rolon comenzó la clase con elongaciones de cada parte del cuerpo: hombros, muñecas, rodillas y cuello, una zona que requiere especial cuidado y fortalecimiento. Hay antecedentes de grandes luchadores de Estados Unidos, como Bryan Danielson y Edge, cuyas carreras se vieron truncadas durante varios años debido a graves lesiones en esa área.

La acción empezó con los alumnos formando una fila y avanzando hacia una esquina del ring. Su tarea era realizar un roll hacia la otra esquina, lo que generaba un ruido sordo al impactar contra la lona. Luego debían repetir el movimiento con una variante: un segundo roll sobre el profesor, que se posicionaba en cuatro patas, como un animal. Al girar sobre él, los alumnos debían caer de pie. El profesor ilustró la técnica con un alumno como ejemplo, mostrando claramente cómo ejecutar el movimiento.

Tras algunas repeticiones, introdujo otra actividad. Se colocó con las piernas abiertas y el torso inclinado hacia adelante, en un ángulo de 45 grados. Los luchadores debían impulsarse apoyando ambos brazos en su espalda, saltar con las piernas abiertas, caer boca abajo, pasar por debajo de las piernas del profesor en reversa, y luego volver a saltar para regresar a la fila. El ritmo se intensificó rápidamente, aumentando el estruendo de los cuerpos contra la lona.

En este punto empezó a notarse, además del olor a sudor, el ambiente fraternal que generaban algunos de los jóvenes prospectos: se gritaban, se alentaban, se insultaban con buena onda, compartían frases célebres, referencias del mundo del wrestling y chistes internos con humor negro. Por el cuadrilátero corrían aires de camaradería.

A medida que avanzaba la clase, Rolon les hizo realizar ejercicios cada vez más complejos, hasta llegar al momento en que cada uno debía practicar una sucesión de combos a aplicar, a libre elección, sobre alguno de sus compañeros. En el ring, cada movimiento requiere técnica y precisión: nada se deja al azar. Todos los luchadores están en constante búsqueda de mejorar sus habilidades, y este es el aspecto deportivo (y real) de la lucha libre.

Rolon, con la mirada atenta de un león, observaba las ejecuciones de cada alumno. Interrumpía y corregía cuando era necesario. “Las rodillas más arriba”, “girá más”, eran algunas de las indicaciones que les daba. Ejemplificaba con su propio cuerpo, porque en este arte se enseña y se aprende más haciendo que hablando.

Para finalizar la clase, Rolon les propuso una dinámica que ponía en juego su creatividad: bookear una lucha. El bookeo en lucha libre es el proceso de planificación y organización de los combates y las historias que se desarrollan en un evento. Es fundamental para mantener la emoción y el entretenimiento de los espectadores: implica decidir qué luchadores se enfrentarán, cómo se desarrollarán las rivalidades y qué resultados tendrán los combates. Es ahí donde aparece la parte teatral, que muchas personas que desconocen el tema critican con prejuicio, calificando despectivamente a la lucha libre como “falsa”.

Rolon planteó una condición para el combate que debían armar sus pupilos: debía ser un “gauntlet match” de 15 minutos, en el que debía ganar Gint Giovanna, el poseedor del Campeonato Máximo de Legión Nueva Era, la marca de espectáculos que lidera Rolon. Un gauntlet match es un tipo de lucha donde un participante debe enfrentarse a varios oponentes uno tras otro, sin descanso entre peleas. El objetivo es derrotar a todos para ganar el combate. Es una prueba de resistencia y habilidad.

Los integrantes del dojo debatieron quién empezaba primero, el orden de aparición y cómo iba a ser cada entrada. “Yo hago esto”, “yo hago aquello”, “yo soy ‘face’ (bueno, técnico, héroe)”, “yo soy ‘heel’ (malo, rudo, villano)”, “esto debería ser así”, “deberíamos estar separados”… Fueron varias las ideas que discutieron entre sí. Piedra, papel o tijera y “ya pe yu” fueron algunos de los juegos de manos a los que recurrieron para decidir democráticamente qué hacer. Así determinaron el orden de entrada.

Ya no se trataba solo de aplicar técnicas, sino de usar la creatividad para armar la secuencia de una lucha, mezclando el aspecto teatral de contar una historia. Practicaban qué movimientos hacer y cómo ejecutarlos.

Los primeros en iniciar el combate fueron el luchador religioso Valentino y “la joya del dojo”, Matt del Mul. Gushand, el enmascarado apodado “La Mano Maldita”, actuó como árbitro. Del Mul fue dominante, pero Valentino lo sorprendió y lo eliminó. La joya no aceptó la derrota y lo atacó a traición. Así siguió el combate: cada vez que un luchador perdía, ingresaba otro. Los jóvenes Juan Pollachi y Percy, así como el grotesco y fetichista enmascarado Mutante Melvin, desfilaron por el ring aplicando varias de las técnicas y combos practicados a lo largo de la clase. Cada uno aportó, con sus ejecuciones artísticas, el impacto necesario para que finalmente el campeón Gint Giovanna se llevara la victoria.

La química que lograron para montar un buen combate en pocos minutos fue clave. Llaveos, patadas, vuelos por encima de la tercera cuerda y distintos tipos de combos abundaron en la lucha. Rolon, con cronómetro en mano, puso pausa apenas ganó Giovanna: la lucha había durado 15 minutos y 26 segundos, cumpliendo con el tiempo estipulado. Luego les dio su devolución uno por uno, ofreciendo consejos sobre qué hacer, qué evitar y qué había salido bien.

Todos estaban agotados, pero satisfechos con lo vivido aquel caluroso mediodía. Así terminó una clase más en el dojo de Legión Nueva Era, uno de los grandes semilleros de la lucha libre argentina.

Los domingos son días de descanso, ideales para disfrutar de un buen asado, que se vuelve aún más especial cuando se comparte en familia. La calidez y alegría de un momento así es comparable a lo que se ve en Papá es un ídolo, un clásico del cine argentino que este 2025 cumple 25 años desde su estreno. En esta película, Pablo, interpretado por Guillermo Francella, le regala a su hijo pequeño un viaje de vacaciones a Sierra Nevada, en España. Allí, además de conocer a una madre soltera española, se reencuentra con una parte de su pasado: la madre de su hijo, quien los había abandonado para irse a vivir a ese país con un esquiador profesional. Ante el temor de que su hijo decida irse a vivir con ella, Pablo hará todo lo posible para evitarlo.

Uno de los aspectos más interesantes del film es que muestra una faceta humorística de Francella con tintes distintos a los que, un año después, se verían en su reconocido programa de sketches Poné a Francella. Esto demuestra que no necesita recurrir al humor absurdo o a referencias sexuales para hacer reír a los espectadores.

Ahora bien, esta producción dirigida por Juan José Jusid, quien 16 años antes había estado al frente de Asesinato en el Senado de la Nación (1984) y luego Made in Argentina (1987), entre otras, no está exenta de drama. Uno de los detalles que más destaca en los momentos de tensión y emoción, junto a la actuación de Francella, es la musicalización a cargo de su hijo, Juan Federico Jusid, quien en 2009 también se destacó por la banda sonora de El secreto de sus ojos. El trabajo sinfónico que realizó para la película de su padre logra que el espectador se sienta como si estuviera viendo una producción de Hollywood, sumergiéndose por completo en el momento que se muestra en pantalla y empatizando con el drama que vive el personaje de Pablo.

En síntesis, Papá es un ídolo es una película ideal para disfrutar en familia, garantizando una montaña rusa de sentimientos que van desde la risa hasta la emoción al ver las aventuras de Pablo con su pequeño hijo.

2024

El año 2024 estuvo cargado de sucesos tanto positivos como negativos en diferentes partes del mundo. En el caso de la lucha libre argentina, su constante crecimiento, impulsado por diversas empresas y luchadores, no solo se sostuvo, sino que incluso se profundizó. Sin embargo, septiembre marcó un punto de quiebre: el cierre inesperado de Catch Argentino, uno de los proyectos más destacados del país. La noticia dejó a los jóvenes luchadores que la integraban en estado de shock y con un futuro incierto. Pero, rápidamente, transformaron la tristeza en acción y decidieron organizarse para seguir adelante.

Así nació RCW Latam, una nueva identidad que se gestó a partir de la alianza previa entre Catch Argentino y la empresa española RCW (Revolution Championship Wrestling). Desde el comienzo, el objetivo de esta nueva agrupación no fue limitarse a un público argentino, sino abarcar a toda Latinoamérica. Como expresó J-Master, campeón de la compañía, en el podcast Detrás de la máscara: “No queremos ser una agrupación de Argentina, sino que, como lo dice el nombre, la idea es que RCW Latam sea la plataforma para el talento internacional de toda Latinoamérica”.

Empezar de cero no fue fácil, pero el equipo de RCW Latam se propuso cerrar el año con al menos un show. En apenas dos meses, lograron organizar “Comeback” (que significa “regreso” en inglés), un evento cargado de emoción y calidad, realizado en un recinto a pocas cuadras del Obelisco, el corazón de la ciudad de Buenos Aires. Más de 200 personas asistieron, lo que desbordó la capacidad del lugar y creó un ambiente vibrante donde los aficionados no paraban de gritar y los luchadores entregaron el alma en cada combate.

El show contó con la participación de los campeones máximos de otras agrupaciones argentinas, como Chuck Dixon de Quilombo Wrestling y Gint Giovanna de Legión Nueva Era, lo que demostraba la camaradería entre las empresas frente a la adversidad. También estuvo presente el músico Electrochongo, quien, aunque no interpretó sus míticas canciones “Música de putos” y “Fiesta Negra”, fue clave en la promoción del espectáculo y se desempeñó como maestro de ceremonias junto al locutor Paul Midnite. Además, desde Costa Rica llegó la facción REVOLT, integrada por J.C Pain, Tony Noah y el enmascarado Dragon King, lo que consolidaba la visión internacional de RCW Latam.

A lo largo del espectáculo, hubo regresos que emocionaron al público y marcaron momentos memorables. El joven Matías “Striker” Toledo volvió al ring tras superar una lesión sufrida hace un año, mientras que Chris Kasai, conocido por su estilo desquiciado, reapareció después de haber estado ausente desde 2021. Estas sorpresas fueron planeadas en secreto y solo eran conocidas por Emma, el productor principal del evento, y dos o tres personas más. Ni siquiera el resto del equipo de producción ni los propios luchadores estaban al tanto.

Sin embargo, la mayor sorpresa llegó en la lucha principal, un reto abierto por el campeonato de J-Master. En este combate, hizo su inesperado regreso Cassidy, quien se había alejado de la lucha libre meses atrás para iniciar una nueva vida junto a su esposa en Mar del Plata. Su aparición desató una ovación estruendosa; el público enloqueció al verlo nuevamente en el ring. No era solo el regreso del “amo del aire” lo que cautivó, sino también el simbolismo de su aparición: fue el broche de oro que coronó un evento que representaba un verdadero “comeback”, el renacer de RCW Latam tras el cierre de Catch Argentino y la incertidumbre que dejó en sus luchadores.

J-Master enfrentó una lucha intensa contra Cassidy, pero logró retener su título. Al final, se dirigió al público con palabras que resumían el espíritu del evento. “Así es la lucha libre: a veces tenemos lo que queremos, a veces no. Hace unos meses nosotros no tuvimos lo que queríamos cuando perdimos nuestra casa, nuestro nombre y nuestro lugar de entrenamiento. Pero aquí estamos, vivos, porque vivimos por la lucha libre”, expresó, aún agitado tras la lucha. El público lo escuchó atentamente en completo silencio y, al terminar, lo despidió con fuertes aplausos que resonaron en todo el recinto.

Cuando los espectadores comenzaron a retirarse y el equipo de producción desarmaba el ring, ocurrió un momento que pasó desapercibido para la mayoría. El productor Emma caminaba por los alrededores mientras amigos y conocidos lo saludaban. En medio del tumulto de gente que abandonaba el lugar, se encontró con Rafael Daloi, el periodista de lucha libre argentino con más trayectoria del país y redactor de la revista Box y Lucha, siempre presente en todos los eventos para cubrirlos. Emma no dijo ni una palabra; apenas lo vio, lo abrazó con fuerza, y las lágrimas empezaron a recorrer su rostro. El esfuerzo que él y todos los luchadores habían hecho había rendido frutos: el primer show de RCW Latam fue un verdadero resurgir de las cenizas, como un ave fénix.

Las luchas del evento “Comeback” están disponibles en el canal de Youtube de RCW Latam.

Hoy en día, cualquiera con un celular o acceso a Internet puede compartir información como si fuera un experto. Antes, la autoridad de la información estaba en manos de quienes tenían un micrófono o una cámara, ya sea en la televisión o la radio. Estas figuras eran las encargadas de decir qué pasaba en el mundo y, de algún modo, se confiaba en ellas por el lugar que ocupaban.

Sin embargo, con el auge de las redes sociales, esa distinción entre “los que saben” y “los que no” se ha ido difuminando. Como explica el filósofo Daniel Innerarity en su libro Un mundo de todos y de nadie. Piratas, riesgos y redes en el nuevo desorden global (2013), gracias a las nuevas tecnologías vivimos una especie de democratización: ahora, cualquier persona puede opinar, vigilar y controlar, algo que antes estaba reservado para unos pocos. Este acceso masivo a la información es positivo en muchos sentidos, pero también trae consigo riesgos. Entre ellos, la desinformación.

Un ejemplo de ello ocurrió en 2017, cuando el conductor argentino Mario Pergolini propuso a los oyentes de su programa radial utilizar en Twitter el hashtag #MessiEnVorterix (el cual rápidamente se volvió tendencia mundial) para inventar frases que supuestamente había dicho el jugador en una entrevista con él. El experimento culminó con un noticiero televisivo pidiendo disculpas por replicar al aire los tweets publicados como si fueran información verídica.

Tal como afirma Lev Manovich en su libro El software toma el mando (2013), el desarrollo de software ha transformado la forma en que la gente común utiliza los medios. En este sentido, las redes sociales son herramientas de comunicación social que ofrecen grandes ventajas, como su alcance masivo para difundir información al instante desde y hacia cualquier parte del mundo, sin depender de que un diario, programa de televisión o radio quiera (o no) anunciar algo.

No obstante, si las redes se utilizan con malas intenciones, como para divulgar a propósito noticias falsas, puede convertirse en un problema. Dicho esto, ¿qué lugar ocupa o debe ocupar el comunicador ante el borramiento de las fronteras entre los que saben y los que no?

Como plantean Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier en su libro La revolución de los datos masivos (2013), estamos en la era de los datos masivos, lo que pone en cuestión la forma en que vivimos e interactuamos con el mundo. Estos autores también mencionan que, a menudo, los datos masivos resultan confusos, de calidad variable y están distribuidos entre innumerables servidores por todo el mundo. Esto lleva a que muchas veces nos conformemos con tener una idea general de las tendencias, en lugar de comprender un fenómeno hasta el último detalle.

Eso fue lo que ocurrió con los integrantes del noticiero televisivo, quienes no se tomaron el tiempo de verificar los supuestos dichos de Lionel Messi. En ese caso, los internautas los pusieron a prueba utilizando a su favor el algoritmo de Twitter, que mide la cantidad de veces que un hashtag es publicado en un lapso de tiempo. Esto se vincula con los planteos de Nicholas Carr en su artículo “Nuestros algoritmos, nosotros mismos” (2015), donde indica que los algoritmos nos imponen los intereses y prejuicios de los demás. Al ver que #MessiEnVorterix era tendencia mundial, el noticiero cayó en la trampa y compartió esa información sin antes verificarla, creyendo que los datos eran creíbles solo por los miles de comentarios sobre el tema y porque el hashtag incluía el nombre de una reconocida estación de radio.

Aunque eso fue un experimento, y pese a que el ciberespacio presenta ventajas al disolver las fronteras entre los expertos y los inexpertos en materia de comunicación, las personas comunes pueden, sin querer o a propósito, difundir información que no sea cierta. En vez de contribuir, pueden terminar desinformando. Por eso, es fundamental que el comunicador, sobre todo quien trabaja en periodismo, preste especial atención a los algoritmos, a las imágenes, videos o datos que se publican en Internet y, sobre todo, a las fuentes. Como señala Carr, el comunicador tiene el derecho y la obligación de examinarlos cuidadosamente y, cuando sea necesario, regularlos con criterio.

En resumen, que las personas tengan la posibilidad de comunicar información al instante gracias a las redes sociales no supone la extinción de los comunicadores. Simplemente, ya no ocupan una posición privilegiada como antes, lo que implica nuevos desafíos. Uno de ellos debe ser el chequeo de todo aquello que circula por la red. Esa rigurosidad es lo que seguirá distinguiendo al buen periodista.

Existen distintos tipos de narices. Pueden ser pequeñas, largas o gordas pero también peludas, granosas, grasosas, verrugosas y/o llenas de puntos negros. Durante la pandemia de Covid-19, se prestó mayor atención a esa parte del rostro humano en el transporte público debido al (mal) uso del barbijo por parte de muchas personas.

A algunos se les caía sin querer y otros solo se tapaban la boca a propósito porque “no podían respirar bien”. Ni hablar de aquellos que se mostraban desafiantes y directamente no cubrían sus caras, como si no existiese el Coronavirus.

Estaba aquel que hacía una danza con sus dedos para sacarse sus duros y largos mocos, y que luego se limpiaba las uñas al refregarlas por el asiento de otro usuario sin ningún disimulo. Asimismo, estaba aquel que te respiraba a dos centímetros del rostro en el tren o en un colectivo lleno y que te hacía llegar la leve brisa de sus gérmenes que desembocan en tu piel. En fin, había diferentes maneras de lucir, no sólo la nariz, sino lo que se hacía con ella.

Durante la pandemia, muchos de nosotros comenzamos a ver al prójimo no como personas, sino como potenciales vectores de contagio. Las obsesiones con el alcohol en gel, la desinfección compulsiva y el distanciamiento social nos llevaron a prestar una atención inédita a cada gesto de los demás, mientras ellos también observaban nuestras acciones con desconfianza.

Más allá del miedo razonable al contagio, caímos en la trampa de la paranoia. Nos obsesionamos con rituales de higiene que, aunque tenían su lógica, en muchos casos se volvieron desmesurados. ¿Cuántas veces desinfectamos las compras del supermercado o nos cambiamos de ropa al regresar a casa por temor a traer el virus en las telas?

Lo cierto es que la pandemia nos obligó a repensar nuestra relación con la higiene. Sin embargo, si prestamos atención a las acciones de las personas hoy en día, por ejemplo, en el transporte público, es evidente que esa conciencia y los hábitos que habíamos adquirido se esfumaron. Está el que tose y estornuda sin taparse la boca, el vendedor y el cliente en el tren que manipulan los panchos sin lavarse las manos… La lista es larga.

Sin llegar a un estado de paranoia, la conciencia sobre la higiene es algo importante y no debería ser dejada de lado. ¿Acaso hemos aprendido algo de la pandemia o estamos condenados a repetir los mismos descuidos?

Cada año, la revista estadounidense de lucha libre Pro Wrestling Illustrated (PWI) publica un top con los que considera los mejores luchadores del mundo. Los criterios para establecer este ranking incluyen los logros en el ring, como el récord de victorias y derrotas, los campeonatos y torneos ganados, así como la influencia del luchador, es decir, su visibilidad y prestigio tanto en la industria como en la empresa para la que compite, todo basado en el período comprendido entre el 1 de agosto de 2023 y el 31 de julio de 2024.

Muchas veces, los nombres y el orden que establece la revista para cada puesto son objeto de críticas y debate por parte de los fanáticos de este deporte-espectáculo. Más allá de eso, a continuación describiremos cómo fue el año de los cinco luchadores considerados como los mejores del mundo.

5. Tetsuya Naito

Es un luchador japonés de New Japan Pro Wrestling (NJPW) que, al momento de la publicación de esta nota, es el campeón máximo de la empresa. Para alcanzar ese logro, en agosto de 2023 ganó el torneo anual G1 Climax, el más importante de NJPW, al derrotar a Kazuchika Okada. Esta competición otorga como premio una oportunidad para ser el retador número uno al Campeonato Mundial IWGP, la cual se canjea en el evento Wrestle Kingdom a principios de enero.

Antes de llegar a esa cita, el líder de la facción Los Ingobernables de Japón defendió su oportunidad titular con éxito ante el luchador estadounidense Jeff Cobb en el evento Destruction in Kobe.

En enero, finalmente, Naito consiguió el Campeonato Mundial al derrotar a su excompañero de Los Ingobernables, SANADA, y logró retener el cinturón al mes siguiente en una revancha. En abril, perdió el título ante el luchador estadounidense Jon Moxley, pero lo recuperó en junio durante una revancha en el evento anual conjunto Forbidden Door, realizado entre NJPW y la empresa estadounidense All Elite Wrestling (AEW), que este año tuvo lugar en Nueva York.

4. Seth Rollins

El año pasado, la empresa más importante de lucha libre a nivel mundial, World Wrestling Entertainment (WWE), relanzó el Campeonato Mundial de Peso Pesado, cuyo primer ganador fue el luchador estadounidense Seth Rollins, al derrotar en la final de un torneo a AJ Styles en mayo de 2023, durante un evento en Arabia Saudita.

Desde entonces, retuvo el cinturón 66 veces en 316 días, entre shows semanales, pay-per-views (PPV) y eventos no televisados, según el registro del sitio web Cagematch. Algunos de sus contendientes más importantes durante ese período fueron Shinsuke Nakamura, Damien Priest y el escocés Drew McIntyre, quien finalmente lo derrotó en el magno evento de la empresa, WrestleMania, en abril de este año.

3. Will Ospreay

Es el actual campeón internacional de AEW, título que ganó en su tierra natal, Reino Unido, durante el evento All In en agosto pasado. Su camino hacia este logro comenzó un año antes, en junio de 2023, cuando obtuvo por segunda vez el Campeonato de Peso Pesado de los Estados Unidos de NJPW, cinturón que mantuvo durante 134 días. En ese tiempo, defendió su título en tres ocasiones contra los japoneses Yota Tsuji y Shota Umino, y el inglés Zack Sabre Jr. Sin embargo, en noviembre, NJPW retiró ese campeonato.

Su última lucha en NJPW fue en febrero, y al mes siguiente debutó en AEW. Solo dos meses después, conquistó su primer título en la empresa estadounidense al derrotar a Roderick Strong por el Campeonato Internacional. En 52 días, defendió el título en cuatro oportunidades, enfrentando a Kyle O’Reilly, Rey Fénix, Brian Cage y Daniel García.

Entre esas defensas, ganó una oportunidad para luchar por el Campeonato Mundial de AEW en el evento Forbidden Door, donde desafió a Swerve Strickland, aunque no logró alzarse con la victoria. En julio, su panorama se complicó cuando perdió el Campeonato Internacional ante MJF. Sin embargo, Ospreay no bajó los brazos y, en agosto, obtuvo su revancha en All In, recuperando el título. Hoy, no solo ha consolidado su lugar en la escena de AEW, sino que también se ha posicionado como uno de los luchadores más dominantes del circuito internacional.

2. Swerve Strickland

Es uno de los luchadores que más creció en el último año. En 2023, ocupó el puesto 112 en el ranking de PWI. Durante su ascenso, primero estuvo en la órbita del Campeonato TNT de AEW: en octubre, luchó contra Bryan Danielson para convertirse en el retador número uno, pero fue derrotado. En diciembre, alcanzó las semifinales de un torneo para coronar al primer campeón continental, el nuevo título de la empresa.

Al comenzar 2024, Strickland fijó su objetivo en el Campeonato Mundial de AEW, el cual conquistó en abril tras derrotar al veterano Samoa Joe. Durante su reinado de 126 días, defendió el cinturón con autoridad frente a oponentes de renombre como Claudio Castagnoli, Christian Cage, Roderick Strong y Will Ospreay, dejando claro de lo que estaba hecho. Sin embargo, en agosto perdió el título ante Bryan Danielson en All In, en una lucha agónica que cerró el evento.

Otro aspecto destacado de su año fue la intensa rivalidad que desarrolló con Hangman Adam Page, con quien tuvo varios enfrentamientos a lo largo de los meses, aumentando el odio entre ambos en cada lucha. El final (al menos por ahora) de esta historia ocurrió recientemente en el evento All Out, el 7 de septiembre, donde se enfrentaron en una brutal lucha extrema dentro de una celda. Ambos desahogaron su furia de manera grotesca, utilizando una variedad de objetos como sillas, mesas, ladrillos, abrochadoras e incluso una aguja hipodérmica que terminó clavada en la boca de Strickland, quien finalmente perdió el combate.

1. Cody Rhodes

Actualmente es el Campeón Universal de WWE y la cara de la empresa, tras poner fin en abril al reinado de 1316 días de Roman Reigns en WrestleMania. Antes de esto, en octubre del año pasado, ganó los Campeonatos en Pareja de RAW junto a Jey Uso. Ambos defendieron los títulos en cinco ocasiones ante distintos rivales en un lapso de ocho días, entre shows semanales y eventos no televisados, hasta perderlos en su quinto combate ante la facción The Judgment Day.

Después de este fugaz reinado, Cody Rhodes inició su verdadero camino hacia la cima, ganando en enero, por segundo año consecutivo, el Royal Rumble, una lucha de 30 hombres que se disputan la oportunidad de retar a alguno de los campeones máximos de la empresa en WrestleMania. Sin embargo, la controversia surgió cuando se anunció que Dwayne “The Rock” Johnson sería el rival de Roman Reigns, dejando a Rhodes fuera de la contienda, a pesar de su deseo de tomar revancha tras haber sido derrotado en WrestleMania 2023. Gracias al apoyo masivo de los fanáticos, la situación se revirtió, permitiendo que Rhodes “terminara su historia” y se coronara campeón en abril.

Desde entonces, ya habiendo pasado más de 160 días, el luchador estadounidense defendió su título a capa y espada en 33 ocasiones —según el recuento de Cagematch— ante rivales de gran calibre como AJ Styles, Shinsuke Nakamura, Kevin Owens y Solo Sikoa.

Con 39 años, Rhodes alcanzó el lugar donde siempre quiso estar. Después de haber salido de WWE, conquistar otras empresas y fundar la suya propia, regresó más experimentado y enfocado que nunca para alcanzar la gloria máxima. Ese esfuerzo le ha valido el título de Luchador del Año, por encima de muchos otros alrededor del mundo.

Obelisco de Buenos Aires, Argentina. Miles de personas se reúnen alrededor de este monumento histórico para cantar las emblemáticas canciones “Cha-La Head-Cha-La”, “Ángeles fuimos” y “Mi corazón encantado” de Dragon Ball. Adultos, niños y familias completas disfrutan con alegría y emoción, muchos de ellos portando disfraces de los personajes de la serie. En una tarde nublada del 10 de marzo, rinden homenaje a su creador, Akira Toriyama, tras conocerse la noticia de su fallecimiento unos días antes.

Este es solo uno de los varios tributos que recibió el japonés en distintas partes del mundo. Han pasado seis meses desde aquel evento, que no estuvo exento de críticas por parte de personas que no conocen Dragon Ball. De hecho, desde antes de la muerte del autor y hasta el día de hoy, muchos consideran absurdo e infantil que jóvenes adultos realicen eventos de este tipo, vistiéndose como personajes de series animadas. El caso del Obelisco es solo un ejemplo de lo que es moneda corriente: el fanatismo por el manga y el animé visto como algo patológico.

“Hay que estar al pedo…”, “¿Por qué no se reúnen así para buscar laburo?”, “Más virgo no se consigue”, “Dios, lleno de virgos libertarios, que ganas de pelotudeces” son algunos de los comentarios que se pueden leer en un posteo sobre el encuentro en honor a Toriyama en la cuenta de Instagram del medio FiloNews, así como en otras publicaciones de medios importantes del país. Algunos veían el evento como algo irracional o lo asociaban de alguna manera con la política y los políticos del país, algo muy alejado de lo que realmente fue.

Aunque el panorama parecía negativo y funesto, también había quienes comprendían la esencia de la convocatoria. “Referenciar la niñez y la adolescencia es un acto de conciencia y un ejercicio que todos deberíamos hacer, tener un disparador como un homenaje para poder hacerlo genera más placer aún. Comulgar de corazón con otros seres humanos no es cosa de todos los días”, señaló un usuario en el posteo de FiloNews, entre otros.

Ante casos como estos, los académicos de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Libertad Borda y Federico Álvarez Gandolfi, plantean que el fandom (la comunidad de fans) y el cosplay (disfrazarse de personajes de ficción) tienen su propia lógica y valor cultural, refutando la idea de que son solo hobbies infantiles o irracionales. “Estas representaciones estigmatizantes que los medios ponen en escena están en concordancia con una mirada ‘adulta’ que (…) no pueden contemplar al fandom como un ambiente cultural que los jóvenes producen sobre la base de los objetos de la cultura de masas y cuyas prácticas tienen sus propias lógicas y juegan un rol en procesos sociales más amplios”, explican en un artículo publicado en la Revista Latinoamericana de Ciencias de la Comunicación, en 2014.

En una entrevista para el diario Página|12 en 2022, el doctor en Ciencias Sociales mexicano y estudioso de la cultura pop japonesa Mario Bogarín agrega detalles sobre aquellos que se muestran disfrazados en público, precisando que el cosplay no es solo un disfraz, sino una herramienta para expresar deseos auténticos, subrayando su valor social y emocional. “Esta relación honne/tatemae (los verdaderos sentimientos y deseos frente a la fachada pública que uno muestra) se vuelve un dispositivo de negociación bajo la práctica del cosplay por el poder que tiene de permitir canalizar los verdaderos deseos de sus usuarios, más allá de la identidad que la sociedad reconoce/exige de ellos en la vida cotidiana”, indica.

En suma, siguiendo estos enfoques, tanto el fandom como el cosplay son fenómenos culturales complejos que merecen una comprensión más profunda y libre de estigmas. Reconocer su valor y función en la vida de los participantes puede enriquecer nuestra apreciación por estas prácticas y su impacto en la cultura contemporánea.

Allstate Arena de Illinois, Estados Unidos, 5 de junio de 2022. Casi 13 mil personas están presentes para ver la contienda principal de uno de los shows de lucha libre que ofrece la World Wrestling Entertainment (WWE), la empresa más importante del rubro a nivel mundial. De un lado del esquinero está Seth Rollins y del otro Cody Rhodes, ambos preparados para terminar la rivalidad que tienen desde hace meses. No obstante, Rhodes tiene el pectoral derecho sumamente morado porque, dos días atrás, sufrió un desgarró durante un entrenamiento en el gimnasio. Pese a ello, se presenta igual para no defraudar al público y se lleva la victoria, aunque esto provoca que su lesión empeore, ya que en el transcurso del combate recibe latigazos y golpes con sillas y palos de kendo por parte de su rival. Este sacrificio por ofrecer un gran show demuestra que no todo en la lucha libre es falso.

La lucha libre es tanto un deporte como un espectáculo. Es un deporte porque se trata de peleas en las que los luchadores intentan someter a sus adversarios y para ello entrenan y aprenden técnicas, ya sean llaveos o vuelos por encima de la tercera cuerda. Ahí se encuentra lo real en esto. Por otra parte, es un espectáculo porque lo que se presenta al público está organizado de antemano para provocar emociones, como entusiasmo, risa o incluso lágrimas. Este aspecto guionado y actuado sería “lo falso”.

Es común que se juzgue a la lucha libre por “no ser tan real” como el boxeo o las MMA. Incluso, al menos en el caso de Argentina, se la tilda de “infantil”, pero eso se debe a que Titanes en el Ring, el espectáculo que dominó el mercado local durante más de 60 años, tenía un enfoque meramente familiar. Sin embargo, en Estados Unidos y México la situación es diferente: en el primero, la lucha libre es un negocio multimillonario, mientras que en el segundo, es una parte arraigada de la cultura popular, a la par del fútbol.

Entonces, ¿qué es lo que atrae a aquellos espectadores que se emocionan viendo “luchitas falsas”? El semiólogo francés Roland Barthes plantea en su libro Mitologías (1957) que al público de lucha libre no le interesa saber si el combate es real o no y tampoco importa lo que cree, sino lo que ve. Es decir, los aficionados no se enfocan en la “falsedad” de las luchas, sino que se dejan llevar por la historia que cuentan los luchadores dentro del ring. Es lo mismo que ir a ver una obra de teatro o una película, por eso el autor afirma: “Nadie le pide al catch más verdad que al teatro”.

En síntesis, se puede decir que la lucha libre tiene un aspecto deportivo y un aspecto teatral. Esto último es lo que engancha a los aficionados que consumen este deporte-espectáculo, que es tanto un negocio como algo cultural y no simplemente algo ridículo y falso. Los luchadores se esfuerzan en pulir día a día sus técnicas y ponen en riesgo sus cuerpos para ofrecer momentos de acción y emoción.

Ya han transcurrido casi todas las luchas de la cartelera del evento que reúne a las mejores empresas de lucha libre del mundo; solo falta la pelea principal. La monumental Arena México apaga sus luces. La afición presente enciende la pantalla de sus celulares. Suena un par de campanadas seguido de la mítica canción “Me Muero” de la 5A Estación. Desde detrás de unas cortinas blancas muy iluminadas aparece Místico, uno de los mejores luchadores del país. Saluda al público al compás de la música mientras camina hacia el ring, casi de forma angelical, con chispas y humo emergiendo a su alrededor. Al llegar, la melodía se corta y el público corea con mucho fervor el nombre del luchador.

Así comenzó el viernes 21 de junio una de las últimas etapas de la celebración por los 20 años de existencia de Místico como personaje. Fue una semana agitada pero llena de alegría para él, con luchas el lunes en la Arena Puebla y el martes en la Arena Coliseo de Guadalajara, y el jueves con una peregrinación hacia la Basílica de Guadalupe seguida de una misa. El homenaje a su trayectoria en la Arena México se realizó en el marco FantasticaManía 2024, un evento anual en el que participan luchadores de empresas hermanas del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), como NJPW de Japón, REVPRO de Gran Bretaña, y MLW y AEW de Estados Unidos.

Místico, conocido como el “Rey de Plata y Oro” por los colores de su máscara, es uno de los luchadores más destacados del CMLL. Desde su debut, ha cautivado al público con su estilo aéreo y carisma dentro y fuera del ring, convirtiéndose en un ícono de la lucha libre mexicana durante dos décadas y ha competido en las empresas más importantes del mundo en este rubro.

El luchador recibió en el evento el reconocimiento de la empresa por su vigésimo aniversario. Para ello, hicieron su ingreso al ring los directivos junto con el exfutbolista Gabriel Pereyra, apodado “Místico” por haberse puesto una máscara de él tras convertir un agónico gol contra Pumas en 2005 con la camiseta de Cruz Azul. También estuvieron presentes miembros de su familia luchística como Astroboy Jr, Dr. Karonte I y Dr. Karonte II.

—Es un honor y un privilegio poder celebrar ante la mejor y más entusiasta afición la carrera de Místico —indicó Salvador Lutteroth Lomelí, Director General de Promociones México, Coliseo y Revolución, dirigiéndose a Místico—. En estos 20 años has conquistado el corazón de tus seguidores, no solo por tus lances y tus vuelos sino por la calidad humana que te caracteriza. Muchas gracias de parte del CMLL y de la familia Lutteroth. Te deseamos muchos años más de éxitos.

—Mi gente, para mí es un honor… —dijo Místico de repente, con voz quebradiza, tras tomar el micrófono.

El luchador agachó la cabeza, lanzó un suspiro que pareció traspasar su máscara, y luego se tocó el entrecejo con los dedos.

—¡MIS – TI – CO! ¡MIS – TI – CO! ¡MIS – TI – CO! —coreaba el público.

—Para mí es un honor estar en esta casa que me ha visto crecer, no solo como ser humano, sino como un gran luchador para todos ustedes —remarcó el Rey de Plata y Oro, expresando a continuación su gratitud hacia Dios, la empresa, sus seres queridos que lo acompañan en el ring y los aficionados presentes.

El público comenzó a cantar “Me Muero”, haciendo vibrar todo el recinto. El luchador se arrodilló en el centro del ring, formó un corazón con las manos hacia la audiencia y luego hizo la señal de la cruz. Un aura de cariño hacia él inundó el lugar.

El festejo no terminó ahí. De repente, sonó la música del luchador de NJPW, Hiromu Takahashi, quien hizo su ingreso al ring para enfrentarse al también llamado “Seminarista de los Ojos Blancos” en una lucha mano a mano, a una caída y sin límite de tiempo.

Al sonar el pitido agudo que dio comienzo a la lucha, Místico extendió su mano para estrecharla con la de su rival en señal de respeto. El japonés tomó su mano, pero en vez de estrecharla, la besó. El mexicano se sorprendió ante tal acción, tomándoselo con humor, y arrancó la acción.

Tras un intercambio de golpes inicial, Takahashi terminó fuera del ring. Místico realizó un tope suicida, lanzándose entre la segunda y tercera cuerda para caer sobre su rival. Ambos resultaron afectados. Momentos después, en otro intercambio de golpes, el japonés estrelló dos veces a Místico contra el barandal de protección, diseñado para mantener una distancia segura entre los espectadores y el área de combate.

Takahashi tomó el dominio de la lucha e intensificó el castigo contra el oriundo de Tepito dentro del ring, mientras el público abucheaba al japonés. Este respondió mostrando con soberbia la palma de sus manos y les dijo: “Tranquilos”. Luego, aplicó más golpes hacia las piernas del enmascarado, torciéndolas finalmente en un intento de hacerlo rendir. Con mucho esfuerzo y a pesar del dolor que su anatomía soportaba, Místico logró alcanzar las cuerdas, obligando a Takahashi a suspender su ataque.

El público animaba a Místico mientras el luchador de NJPW lo llevaba hacia el esquinero e intentaba romperle la máscara. Los espectadores comenzaron a silbar. Takahashi levantó al mexicano sobre sus hombros y lo azotó contra el filo del ring. Los abucheos resonaron por toda la Arena México. Todo parecía ir de mal en peor para Místico, pero no se rindió en ningún momento.

El castigo continuó en el centro del ring. Takahashi empujó fuertemente a Místico hacia las cuerdas y el Rey de Plata y Oro aprovechó el impulso del rebote para lanzarse contra su rival. Místico pidió al público que aplaudiera, ya que la energía de la gente le daba fuerzas. Takahashi no se quedó de brazos cruzados y contratacó con una patada sobre la estrella del CMLL, seguida de una nueva palanca contra sus piernas. Místico volvió a agarrarse a las cuerdas con las manos, pero el nipón no lo soltaba hasta que el árbitro lo amenazó con descalificarlo.

Takahashi subió a la cima del esquinero para lanzar besos a los aficionados que le silbaban. Sin embargo, no se dio cuenta de que el Seminarista de los Ojos Blancos utilizó ese tiempo para reincorporarse. Recibió unas pinzas invertidas por parte del mexicano, dejándolo de rodillas con la cabeza y los brazos apoyados sobre la segunda cuerda. Místico aprovechó esta posición para conectarle un par de patadas estilo 619, movimiento característico del luchador de la WWE Rey Mysterio. Con su rival en el centro del ring, Místico subió a la tercera cuerda y se lanzó sobre él con más patadas, sacándolo del cuadrilátero.

Así continuaron durante varios minutos, manteniendo un ritmo muy parejo, ambos luciéndose con movimientos aéreos, patadas y suplexes. Ninguno cedía, y la tensión entre los aficionados aumentaba cada vez más.

En un momento, ambos fueron hacia el esquinero, se enfrentaron sobre la segunda cuerda y comenzaron a golpearse. Takahashi levantó con fuerza a Místico y lo lanzó al centro del ring con un superplex. Intentó seguir con más ataques, pero Místico se reincorporó rápidamente y aprovechó otra vez el impulso de las cuerdas para chocar contra el japonés, girando sobre él hasta hacerlo caer de cara contra el suelo mientras le aplicaba una palanca en el brazo. ¡TAKAHASHI SE RINDIÓ! No pudo soportar “La Mística”, el movimiento insignia del Rey de Plata y Oro.

Los espectadores no paraban de gritar de emoción; el recinto era un hervidero. De repente, aparecieron chispas, humo y serpentinas alrededor del ring, y comenzaron a cantar nuevamente “Me Muero”, esta vez a todo pulmón. Takahashi levantó el brazo de Místico en señal de reconocimiento, y los demás luchadores del CMLL ingresaron al cuadrilátero para felicitarlo por sus 20 años. El Seminarista de los Ojos Blancos agarró el micrófono para dirigirse al público:

—Gracias a ustedes hemos construido dos décadas de plata y oro —señaló—. ¡Mil gracias Consejo Mundial de Lucha Libre, mil gracias mi gente!

La leyenda está lejos de terminar. Hay Místico para rato.

Scooby-Doo tiene un extenso historial de encuentros con personajes famosos, como Batman, Johnny Bravo, los luchadores de la WWE e incluso los miembros de la reconocida banda de rock KISS, entre otros. Uno de sus últimos cruces fue con otro perro de la familia de Cartoon Network con el que comparte muchas similitudes: Coraje.

Todo comenzó cuando la “banda del misterio” terminaba de resolver un caso. El gran danés marrón empezó a escuchar un sonido extraño que lo ponía sumamente nervioso (que casualmente era la música de tensión perteneciente a la banda sonora de la serie del perro rosa). Entonces, decidió correr kilómetros y kilómetros hacia la fuente del sonido, mientras sus amigos, extrañados, lo seguían de lejos en la Máquina del Misterio.

Finalmente, Scooby llega al pueblo de Ningún Lugar, donde conoce a Coraje. Sin embargo, son atacados repentinamente por decenas de insectos gigantes. Los dos perros cobardes no saben qué hacer, pero justo en ese momento llegan Shaggy, Fred, Daphne y Vilma para salvarlos. Tras lograr mitigar el ataque, la pandilla decide unir fuerzas con el pequeño perro rosa para resolver el misterio del extraño sonido y la invasión de insectos.

La particularidad de esta historia es que el creador de Coraje, John Dilworth, no estuvo involucrado en el proyecto, según un mensaje que él mismo publicó en su cuenta de la red social X, antes conocida como Twitter. A pesar de esto, la directora Cecilia Aranovich y el guionista Michael Ryan realizaron un trabajo fiel y meticuloso para introducir a Scooby-Doo y su pandilla en el universo de Ningún Lugar. Lo hicieron con pequeñas y continuas referencias a todas las cosas y seres extraños con los que Coraje tuvo que lidiar a lo largo de las cinco temporadas que componen la serie.

Otra característica destacada de la película es el doblaje latinoamericano. Ricardo Mendoza y Hernán López volvieron a lucirse al dar vida, después de varios años, a Coraje y a su dueño Justo Bolsa, respectivamente. Este sería uno de los últimos trabajos en los que López demostró su calidad artística antes de fallecer el 19 de diciembre de 2021.

En cuanto a Muriel, hubo un cambio significativo: la reconocida actriz de doblaje Rocío Garcel, conocida por ser la voz de Bulma en Dragon Ball Z, fue quien encarnó al personaje, ya que su primera intérprete, la doblajista Ángeles Bravo, falleció en 2018. Aunque no sea la voz original, Garcel supo capturar el carácter dulce y cálido de la dueña de Coraje.

Ahora bien, en lo que respecta a las voces de la pandilla resuelve misterios, los personajes fueron interpretados por los actores de doblaje de las últimas series y películas que han tenido. Aunque muchos fanáticos piden el regreso de las icónicas voces de hace 20 años, el elenco actual realizó un trabajo prolijo.

Como se mencionó al principio, la película De la nada: Scooby-Doo conoce a Coraje, el perro cobarde no es el primer crossover del perro marrón; sin embargo, tiene un condimento especial: es un viaje nostálgico para los espectadores que crecieron viendo ambas series en la televisión hace dos décadas. Al mismo tiempo, representa un primer acercamiento a estos personajes para las nuevas generaciones de niños.

“Blue Phanter es mi luchador favorito. Para mí es uno de los mejores luchadores técnicos de todos los tiempos. Él hace cosas que están a un nivel completamente diferente a cualquiera en toda la historia de la lucha libre”, expresó el luchador estadounidense Bryan Danielson, en una entrevista con el portal Mediotiempo en 2017. “Me encanta la idea de intercambiar conocimientos, pienso que es genial para todos, no solo en la lucha libre sino por ejemplo en Jiu jitsu, kickboxing o cualquier cosa, y cuando puedes aprender de alguien que es un maestro en lo que hace como Blue Phanter, pienso que es increíble”, agregó.

Después de siete años, lo que era una mera fantasía terminó haciéndose realidad: “The American Dragon” contra el maestro lagunero en la monumental Arena México. Es posible que la lucha haya sido, en algunos momentos, un poco lenta, especialmente teniendo en cuenta la edad de Phanter. Sin embargo, desde el principio nunca se trató de un combate basado en la velocidad o en impresionantes saltos por encima de la tercera cuerda.

El llaveo y el contra-llaveo reinaron en el centro del ring durante los 25 minutos de lucha. La estipulación de la contienda resultó ser idónea para ambos luchadores, ya que la única forma de ganar era por rendición. Por lo tanto, fue un encuentro de resistencia, donde ambos compartieron sus diferentes técnicas para someter al rival.

Fue una exposición incesante de movidas, pero la magia estuvo en el fervor de los aficionados presentes en el evento. Estaban completamente entregados a Danielson: cada uno alzaba sus brazos y dedos índices hacia arriba al grito de “yes yes yes”. Aun así, los aficionados también gritaron en varias ocasiones el nombre de Blue Phanter para demostrarle todo su apoyo y cariño.

El maestro lagunero fue quien recibió más castigo en la contienda. Después de más de 20 minutos de lucha, estaba exhausto, casi derrotado. Sin embargo, de repente logró aplicarle una palanca contra el suelo a Danielson, quien se rindió, emocionando a toda la afición. A pesar de este momento de triunfo, no se llevó la victoria debido a que, mientras el dragón americano golpeaba la lona con su mano, sus piernas estaban fuera del límite de las cuerdas. Blue Phanter no podía creerlo y reclamaba al árbitro, pero Danielson aprovechó el momento para atacarlo por la espalda y tirarlo boca abajo contra el suelo, ejerciendo presión sobre su rostro y llevándose así la victoria.

Blue Phanter, con 45 años de carrera luchística a sus espaldas, no sólo peleó con el azul característico de su máscara, sino también con los colores de la bandera de su país que corrían por sus venas: verde, blanco y rojo. Esta confrontación entre dos naciones, dos culturas y dos estilos de lucha distintos, no solo parecía determinar quién era el mejor, sino que también demostró que, a pesar de la intensidad de la competencia, lo que predominó en esa monumental arena fue el respeto mutuo entre dos grandes exponentes.

“Bryan Danielson la gente sabe reconocer cuando eres un triunfador. Reconozco que esta noche fuiste mejor que yo”, señaló Blue Phanter al terminar la lucha. “Aquí en la Arena México me ganaste; próximamente nos veremos en Estados Unidos”, anunció el veterano mientras el público gritaba de emoción.

Danielson respondió en español: “¿Uno más en Estados Unidos? Sí”. Y añadió: “Eres mi ídolo” y se arrodilló para hacer una reverencia al estilo japonés, cerrando así la velada en la catedral de la lucha libre, donde los verdaderos ganadores fueron los amantes de este deporte-espectáculo.

La magia y la ciencia son elementos diferentes, pero no por ello opuestos. Ambas pueden combinarse como huevos y harina para elaborar una masa exquisita. Tal es caso de la serie animada Unicorn: Warriors Eternal, que se centra en los “unicorn”, héroes milenarios que reencarnan en cada época importante de la historia de la humanidad para combatir las fuerzas del mal. En esta ocasión, resurgen en una Inglaterra que vive el apogeo de la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XIX, a través de la posesión del cuerpo de tres jóvenes. Sin embargo, su reencarnación es incompleta, debido a que no recuperan todo su poder y deberán averiguar qué salió mal para poder vencer a sus enemigos.

Fiel a su estilo, su creador Genndy Tartakovsky presenta un dibujo animado que tiene determinados ingredientes que son recurrentes en muchas de sus otras creaciones: la lucha entre el bien y el mal, ciencia/tecnología y diferentes épocas de la humanidad. Por ejemplo, en El laboratorio de Dexter (1996) predomina la ciencia con Dexter, el niño genio; en Samurái Jack (2001), la rivalidad entre el samurái del oriente medieval, Jack, y el malvado Aku, quien lo transporta a una época futurista para continuar su batalla muchos siglos después; en Titan Simbionico (2010), la princesa Ilana, Lance y Octus forman un robot con el que luchan contra los villanos que atacaron su planeta natal; y en Primal (2019), un hombre de las cavernas y una tiranosaurio al borde de la extinción se unen para sobrevivir en su mundo prehistórico.

El diseño de los personajes no solo tiene el trazo de líneas rectas característico de su autor, sino que se mezcla con el estilo de dibujo de personajes como Popeye el marino y Betty Boop, lo que podría considerarse un homenaje a los estudios Fleischer. El guion, que combina magia y ciencia, sirve como plataforma para sumergir al espectador en las problemáticas profundas que enfrenta cada personaje. Este es el caso de Emma, quien experimenta una crisis de identidad después de adquirir los poderes de la heroína unicorn Merlina. En este contexto, la banda sonora juega un papel fundamental al acompañar el drama que vive la joven tras este cambio repentino en su vida. Este elemento hace que el espectador pueda sentir en carne propia y de manera intensa la angustia, la duda, la desesperación y el enojo que Emma experimenta.

Es importante mencionar que esta obra demoró 20 años en salir a la luz verde porque ningún estudio quería apostar al proyecto. De ahí que Tartakovsky le pusiera todo el amor del mundo para callar bocas. El potencial de la serie es tal que tranquilamente puede (y debe) haber una segunda temporada, pero por lo pronto la primera puede disfrutarse a través de la plataforma de Streaming HBO Max.